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Revisión de ideas

 

cuerpo a tierra antonio manilla
11/01/2017

No somos capaces de celebrar las glorias nacionales, como se ha visto en el paupérrimo año Cervantes, ni de ponernos de acuerdo en lo que hay que ponerse de acuerdo, como demuestran los sectores de la enseñanza y la sanidad, ni casi de discrepar sobre qué discrepamos, como han comprobado Iglesias y Errejón. Visto lo visto y oído lo oído, todo cuanto deparó el pasado año, cuya puerta ya se ha cerrado, desde el umbral del nuevo parece haber perdido importancia por el simple hecho de haber traspuesto esa frontera invisible que supone un cambio de dígito y estrenar almanaque. Es la magia detergente de los nuevos principios, que, igual que los amores a estrenar, son todo promesa de aventura, aunque con el tiempo puede que se transformen en repetición y tedio, en monotonía y días laborables.

Más allá de los asuntos corrientes, a los que siempre cabe aplicar los tópicos habituales, no esperemos demasiada originalidad del nuevo curso: el anterior tuvo de todo y en cantidades industriales. No será fácil que los meses próximos superen en emoción política a los que acaban de pasar. El año 17 —aventuramos en su inauguración— traerá al anuario, como todos, el dolor de guerras lejanas y avances científicos, peces abisales recién descubiertos y egregios obituarios, alarmas y prodigios varios. Explotará la primavera en las cunetas y llegará, como dice el verso de Miguel d´Ors, «octubre y su horizonte de disparos». De pronto nos sorprenderemos poniendo unos euros en la ilusión de la lotería y comiendo de nuevo los turrones, casi sin darnos cuenta de cómo hemos llegado hasta allí y el tiempo ha huido, otra vez más, de nuestros brazos.

Para empezar este año que será volandero y raudo de la mejor manera, uno le propondría al lector el mismo ejercicio que se aplica a sí mismo. Nada de quema de calorías ni gimnasio ni largos paseos, que los excesos festivos los hemos pagado y en el cuerpo se quedan, ya vendrá el médico con la rebaja si todavía conserva usted la costumbre de acudir al consejo del chamán de la tribu. No, nuestra propuesta es la misma que hacía el maestro de columnistas Julio Camba y mucho más difícil, aunque no lo parezca. Puesto que las ideas se gastan con vertiginosa rapidez, decía el gallego, al empezar el año, «revise usted sus ideas».

   
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