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TRIBUNA

Reyes Magos de Oriente

 

Reyes Magos de Oriente -

Luis Salvador López Herrero Médico y Psicoanalista
10/01/2018

Nuestra época no deja de asombrarme. Los ritos de Navidad y las costumbres familiares y sociales parecen ir perdiendo el encantamiento y la magia de otras épocas, del mismo modo que las estaciones se rebelan supuestamente contra el plan preestablecido en otra era. A veces nieva cuando debería de hacer sol, o llueve a cántaros cuando ni se necesita, ni tampoco corresponde. La sensación es extraña a poco que se medite, aunque todo el mundo haga el esfuerzo por acomodarse, de modo silencioso, a esta transformación sin precedentes ni retorno. La hipermodernidad se ha instalado definitivamente en nuestras mentes con toda esa profusión vertiginosa de ideas, de objetos tecnológicos y de promesas terrenales fugaces, que suplen cualquier otro hechizo ilusorio. En ocasiones he pensado que el paso de los años, dicho de otro modo, nuestro envejecimiento, dificulta la adaptación a lo nuevo, y ya sabemos, como cantaba hace años Bob Dylan, que los tiempos estaban cambiando, pero en una dirección, que, ni él, ni mi generación posterior, atisbamos a predecir en aquellos instantes de poesía. Y, aunque ahora lo reconozcamos en esa butaca que nos sirve de descanso y de observación, no por ello deja de seguir interrogándonos el modo en cómo lo novedoso se va infiltrando en los asuntos de antaño, haciendo de ellos una pura y simple mascarada.

Picasso amaba tanto a Velázquez, que, en un alarde de admiración como de crítica, no dudó en desvirtuar todos los rostros de Las Meninas, una y otra vez, sometiéndolos a esa drástica transformación, que supuso el cubismo, y así el mundo cambió la mirada aprovechando las figuras y las ideas del pasado. Con su nueva perspectiva transfiguró de tal modo ese cuadro mítico hasta hacer de él un perfecto simulacro de lo real. Pues algo así está ocurriendo con nuestros afamados Reyes magos, que ya no son de Oriente. El acontecimiento de su presencia tenía antes en Occidente, como eco de partida, un asunto trascendental, que ahora el discurso se empeña en silenciar, de múltiples maneras, puesto que hace tiempo que los reyes magos han dejado de venir del país de la fantasía ni de caminar hacia Belén, porque todo está demasiado agitado. Ahora están encerrados en los centros comerciales y sirven de comparsa para facilitar los rápidos, como efímeros modos de consumo. Luego la confusión que reina en la temática sobre las carrozas acerca de si los personajes tienen que ser reyes, drag-queen, reinas o negros con tiza, no es más que la consecuencia de la transformación e instrumentalización, de los ritos y costumbres del pasado, por las ideologías imperantes. Y, del mismo modo que Picasso instrumentalizó en beneficio propio, perdón, en nombre del Arte, la idea y la forma del pintor andaluz, porque los tiempos estaban cambiando, ahora también se busca normalizar, reconocer y dar garantía social a determinadas ideas y actitudes, utilizando los mensajes y las costumbres más carismáticas y tradicionales. El resultado, como se puede comprobar, es una cierta confusión, muy acorte con nuestra época de cambio, errancia e incertidumbre, que deja, en ocasiones, el aplauso entusiasta por el porvenir, la indiferencia resignada o la sonrisa, de tono irónico, o bien, el griterío rebelde despreciativo. Pero esto mismo lleva pasando con muchas otras cosas y hábitos, desde hace tiempo, sin detenerse para nada el reloj. Porque lo nuevo necesita de lo antiguo y nunca aparece ni puede instalarse sin el anclaje de lo existente. Y si no, ¡miren hacia atrás y podrán comprobar, cómo ese mundo que vivieron se encuentra tan mezclado con el actual, que apenas lo reconocen! Y, sin embargo, al final, acaban por transitar y lidiar, bajo la burbuja del olvido. ¿O no?

Luego no se intranquilicen. Les garantizo que, en el futuro, este problema dejará de existir, como muchos otros, puesto que hace tiempo que vengo observando cómo los objetos tecnológicos vienen sustituyendo a los seres humanos en muchas de las funciones de antes. Por eso, no se preocupen demasiado. Con el tiempo las carrozas serán de un material imperecedero, y los personajes, en este caso robots muy compenetrados con su función, serán neutros, bisexuales, o bien, masculinos o femeninos, en función de la perspectiva del que observa, como si se tratara de un cuadro picassiano. Así cada uno tratará de adecuar la imagen en función de su idea, como si estuviera creando la realidad para satisfacción y deleite propio, y sin ninguna otra intromisión. Sí, todo será mucho más aséptico, menos conflictivo, porque el mundo dejará de ser mundo para ser «nuestro mundo», un espacio lleno de objetos que resuelven los problemas y nos invita a actuar sin tener que pensar. Además, les aseguro, que ya no hará falta escribir cartas a los reyes, porque todo será instantáneo, en un abrir y cerrar de ojos. El único inconveniente es que se habrá perdido la ilusión y la magia.

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