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EN BLANCO

Lo de Roswell

 

JAVIER TOMÉ
10/09/2017

No podemos obviar el aniversario de una historia que goza de gran predicamento entre los ufólogos de cualquier laya y pelaje, capaz en su día de hacer saltar todas las alarmas universales. Ocurrió en el verano de 1947, hace ahora 70 años recién cumpliditos, en la localidad de Roswell, cuando para sorpresa del respetable nada menos que el Ejército de los Estados Unidos anunció la captura de un platillo volante. Una suerte de experiencia mística surgida en plena fiebre de la «platillomanía», fenómeno que prendió en todo nuestro ecosistema hasta el punto de que aquí en León, alentado desde luego por el efecto tan tan, se corrió la voz en la década delos 50 de la presencia de un objeto alienígena paseando por la mismísima calle Ancha. La noticia parece guardar una relación más bien mínima con la verdad, pero su origen se encuentra sin duda en los extraños sucesos acontecidos en Roswell. A medio camino entre la épica y la farsa, la prensa informó del apresamiento de uno de aquellos platillos, en cuyo interior aparecieron varios seres con un aspecto cabezón que impresiona al más pintado.

El vulgacho se estremeció de morbo y expectación ante la llegada de semejantes intrusos con pinta de Quasimodo, pero en peor, y a partir de entonces empezaría la retahíla de supuestas abduciones, incursiones extraterrestres y todo tipo de contactos interestelares. Debido probablemente a un punto chungo que nunca se aclaró del todo, lo de Roswell fue quedando en el olvido y la memoria popular dio por bueno que se trataban de los restos de un globo meteorológico, evidente patraña en opinión de la obra El incidente Roswell, llegada a las librerías en 1980. Toda la pandilla que se maneja con soltura en el entorno ufólogo entraría en ebullición y, consagrándola en el repertorio clásico, incluyó la especie de los enanos cabezones del desierto como un hecho definitivo que sobrepasa los límites de la razón. Para los más sensatos, repito, se trata de una mentira más grande que el pobre Danny De Vito, pero por otro lado, ya saben, si dejas de soñar, dejas de existir. Así que ustedes eligen.

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