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FRANCAMENTE

Sabor a carbonilla

 

JUAN CARLOS FRANCO
10/03/2017

Puede que sea tarde ya de salvar el sector del carbón, pero todavía estamos a tiempo de evitar llenar el hueco que dejará —y no sólo en nuestra economía, sino físicamente en nuestros montes—con ese ímpetu que parece hacer prendido en según quién en este sector que parece como tocado por la magia del Señor que es la viticultura, de intentar volver productivos terrenos yermos por la carbonilla arrebatada a las entrañas de nuestras montañas.

Generalizar el recurso. Hacerlo extensible a toda nuestra geografía no es colectivizar una singularidad para hacernos a todos, a lo ancho y largo de la comarca, más felices; sino un ‘café para todos’ en perjuicio de los de siempre.

Abrir la puerta a ‘reindustrializar’ con viñedo zonas que, ni a día de hoy, ni cuando se constituyó la DO tienen o tenían —y de aquella se había abierto la mano para dejar pasar hasta a quien tuviera plantados en el patio trasero sus parras para coger uva ‘para guardar’— ya vinculación con este sector productivo (como se apunta por más de un agente del sector para referirse al nuevo reglamento del vino), no es compartir la felicidad, sino universalizar nuestra miseria.

Puede que, producto de ese punto importante de postureo que tiene este mundo, hasta se lleguen a poner de moda esos caldos. No me cuesta mucho imaginarme unas exitosas catas de los gurús del sector en las que en vez de tirar del típico recurso de sabores y fragancias a frutos rojos o vainilla, se llegue a hablar de matices a metales, a carbón, a esencia de nuestro pasado minero. Tampoco me es difícil imaginar las consecuencias, y mucho menos los perdedores.

Estos no diferirán mucho de los que en los últimos meses han enarbolado la bandera blanca, en señal de rendición y han entregado las viñas regadas con su sudor de años, a ese ‘orfanato bienintencionado’ al que van a parar las tierras del Bierzo cuando la carrera de la edad de sus propietarios dice basta y los herederos ni pueden o ni quieren tomar el relevo.

El terreno sigue estando donde estaba. Nadie lo ha arrebatado, sólo que los zarzales y los matojos no dejan ver el lugar antes ocupado por vides. Poulos ya que son tales por la mezquindad del sector, pero que no han dejado de ser productivos. No hace falta ir muy lejos en busca de carbonilla para darse de bruces con ellos y su realidad.

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