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TRIBUNA

San Marcelo, patrón de la ciudad

 

Máximo Cayón Diéguez. Crónista oficial de la ciudad de León
29/10/2012

San Marcelo es el patrón de la ciudad de León, que fue «Cabeza de su Reino». El P. Risco, eminente historiador de la Orden de San Agustín, en España Sagrada, tomo XXXIV, [pp. 336 y 337], acredita que el honor de tener como patrono al glorioso centurión «se funda en la tradición continuada por todos los siglos pasados, y creída no sólo por la Iglesia Legionense, sino por las otras de España, las cuales han celebrado siempre la fiesta de este Santo, rezando en ella las actas de su martirio, que testifican su profesión militar bajo el Presidente Anastasio Fortunato, que gobernaba a León, y refieren el juicio que en la misma ciudad se hizo del Santo, antes de ser remitido a la de Tingi (hoy Tánger) en la Mauritania».

Marcelo, centurión adscrito a un escuadrón de la Caballería Astera de la Legión VII, estaba casado con la virtuosa Nona o Nonia, que con ambos nombres se la conoce, y al igual que el bíblico patriarca Jacob engendró doce hijos: Claudio, Lupercio, Victorico, Facundo, Primitivo, Emeterio, Celedonio, Servando, Germán, Fausto, Januario y Marcial. De todos ellos, sin lugar a dudas, los más conocidos en la vida local son los tres primeros, Claudio, Lupercio y Victorico, martirizados y sepultados en el mismo paraje de su inmolación, junto a la primera iglesia de cristianos de nuestra ciudad, es decir, donde fue erigido más tarde el desaparecido monasterio benedictino de San Claudio.

La encendida defensa de la fe cristiana condujo a Marcelo al martirio. Durante las fiestas dedicadas en honor del emperador, ante las más altas magistraturas romanas, situadas en la tribuna principal, emplazada en el lugar donde hoy se alza la iglesia del Santo Centurión, éste hizo testimonio público de su adhesión al catolicismo. Era el 21 de julio de 298. Siete días después se iniciaba la vista pública del proceso derivado de dicha confesión. Juzgado y martirizado posteriormente en la subprefectura de Tánger, allí es ejecutado el 29 de octubre del referido 298. Según se relata, las últimas palabras del Santo Legionario, antes de ser decapitado, fueron éstas: «Gracias, Agricolao, —dijo Marcelo al presidente del tribunal—; Dios te pague el bien que me haces». La comunidad cristiana de aquel lugar le procuró honrosa sepultura.

Hasta aquí, la data histórica que fija los antecedentes. Con el apoyo de Fernando el Católico, el Cabildo Catedralicio y el Concejo leonés promovieron el proceso de recuperación y traslado a nuestra ciudad de los restos mortales del Santo Centurión. Todo empezó con la toma de Tánger, el 28 de agosto de 1471, por Alfonso V de Portugal, cuando se halló allí una tumba en cuya lápida podía leerse: «Marcellus, Mártir Legionensis». El descubrimiento propició que, después de laboriosas negociaciones, el 29 de marzo de 1493, Sábado Santo, llegaran a esta antigua Corte de Reyes las citadas reliquias.

Desde entonces, la iglesia de San Marcelo custodia los restos del Santo Legionario. El Marqués de Fuente Oyuelo en sus Políticas Ceremonias, fechadas en 1693, lo relata de este modo en el capítulo XXXIV: «El cuerpo del glorioso centurión, mártir, San Marcelo, natural de esta ciudad, insigne por su constancia en la fe, y su valor en el martirio, (...) se venera en esta ciudad, en la iglesia de su nombre, que está, como se ha referido, enfrente de las Casas Consistoriales; se venera colocado en lo alto del retablo, en arca rica de plata, cuyo nicho cierra una reja dorada, de quien tiene esta Ciudad la llave, y en su nombre la guarda el Caballero Primiciero; y siempre que se ofrece abrir para sacar esta preciosa reliquia en alguna Rogativa de necesidades públicas, va a abrir y vuelve a cerrar, sin que se pueda ejecutar nada sin su presencia». En el siglo XIX, el Ayuntamiento de León, por distintas vicisitudes perdió el privilegio que suponía la custodia de la llave del arca que contiene los restos del Santo Centurión, que en diversas ocasiones, bien, solo, o, bien, en compañía de otros cuerpos santos de la ciudad, fue llevado en rogativa a la Catedral para solicitar el beneficio de la lluvia, el bienestar del Reino de España, o la remisión de episodios epidémicos. Dicha arca de plata fue realizada en 1627 por el platero leonés Hernando de Argüello. La imagen de San Marcelo, que se venera en el templo parroquial, es de tamaño mayor que el natural, representa al santo en el momento de llevar a término su confesión, y fue un encargo del regidor leonés Ramiro Díaz a Gregorio Fernández mediante contrato suscrito el 19 de febrero de 1628. La talla llegaría a León tres años más tarde, en 1631.

«El día de San Marcelo, patrono de esta nobilísima Ciudad, —fija el señalado Marqués de Fuente Oyuelo en la citada obra [capítulo XXX]—, [el Corregimiento] se junta en la Catedral, y el Cabildo de ella sale en procesión, y va a la Iglesia parroquial de este glorioso Santo, que goza su inestimable cuerpo, y allí se dice la misa con toda solemnidad, y la Ciudad se sienta con el Cabildo en la misma forma que va dicho en los días de sermones y letanías: vuélvese a la Catedral, adonde se da fin a la función».

Cada 29 de octubre, pues, el Ayuntamiento de León y el Cabildo de la Catedral honran la memoria San Marcelo, una tradición cardinal, aunque poco conocida, en el calendario de las celebraciones de esta Capital del Viejo Reino. A mayor abundamiento, recordemos que en el pleno municipal celebrado el 25 de enero de 1983 se acordó nombrar a San Marcelo patrono de la Policía Municipal de León.

Octubre es el mes de San Froilán y de San Marcelo. Barroco y romántico, piadoso y emotivo, para nosotros, los leoneses, es un período de singulares resonancias patronales.

   
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