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cuerpo a tierra

Siempre Asturias

 

antonio manilla
07/11/2018

La diversidad, como saben los antropólogos y los biólogos, es producida por el aislamiento. La incomunicación entre dos tribus cercanas hace que, partiendo de una necesidad común, como podría ser la caza, una de ellas termine practicándola mediante arco y flechas y la otra con dardos venenosos y cerbatana. Igual ocurre con la cultura. Desconectada, ha dado lugar a variantes que van de la sardana a la muñeira, pasando por el baile chano, que por fortuna sobreviven aún pese a ser periódicamente atropelladas por manifestaciones cosmopolitas de la cultura global, como el twist o la macarena. No hablemos ya de la gastronomía, donde una decena de kilómetros o una carretera comarcal son capaces de producir su propio ecosistema de primeros, segundos y postres con chupito. Fruto del aislamiento, los asturianos han terminado bebiendo sidra y nosotros prieto picudo, ellos comiendo cachopos y nosotros cecina de chivo y botillos, ellos buscando sol y mantecadas y nosotros, casadielles y playa.

Pero ni mil años ni medio siglo de habitaciones separadas —léase autonomía, poco más que administraciones distintas— han sido capaces de socavar una amistad y sentimiento de hermandad mutuas, una cultura común y, sobre todo, un continuo contacto que llega hasta el intercambio de material genético y parentela desde hace muchas generaciones. La teoría de la media naranja, el que diseñó las autonomías se la pasó por el arco del triunfo, pero más de cuarenta años después las mentalidades siguen erre que erre: si nos dan a elegir, siempre Asturias, que es familia. A diferencia de lo que ocurre con otros vecinos, además, nunca nos hemos mirado por encima del hombro, si acaso vigilado las espaldas.

En el mapa de la simpatía interterritorial, que se acaba de hacer público, Asturias ocupa el lugar más alto del escalafón en las preferencias de León. Tampoco nos hacían demasiada falta encuestas, porque es algo que se sabía: siempre se dijo que el mejor leonés es un asturiano y viceversa. Aunque en ese sondeo no se hayan tenido en cuenta a transmontanos y cismontanos, sino a comunidades autónomas, el simple hecho de que siga tan vivo como nunca el término «asturleonés» a ambos lados del puerto de Pajares expresa mucho más que unas gráficas. El cordel cantábrico es mucho cordel, incluso cuando no nieva, pero ni la cordillera ha sido capaz de separar los atávicos afectos que nos emparentan.