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HOJAS DE CHOPO

Síndromes y ciudades

 

ALFONSO GARCÍA
09/07/2018

Leo El síndrome de Estocolmo, de A. Pereira, viajero, tan cercano. Reflexiono, aunque fugazmente, sobre los síndromes asociados a las ciudades, con raíces históricas concretas después universalizadas. Recuerdo algunos, al entrar en época de viajes y recorridos, por si acaso el viajero sufriera síntomas parecidos. Otra cosa bien distinta será la administración de soluciones, que, por supuesto, supera la ingesta de aspirinas o similares. Se supone, creo, que los síndromes afectan, o son el resultado de la debilidad de la condición humana y sus múltiples variantes, que todos padecemos en alguna medida. El que refiere el título de Pereira, más frecuente de lo que se cree, aunque con otras intenciones en el caso del escritor, se remonta a agosto de 1973 en que se acuñó el término tras el intento de asalto al Banco de Crédito de la capital sueca por parte de Jan Erik Olsson. Las circunstancias que se produjeron como consecuencia llevaron a definir tal síndrome como «trastorno psicológico temporal que aparece en la persona que ha sido secuestrada y que consiste en mostrarse comprensivo y benevolente con sus secuestradores e identificarse con sus ideas».

«Cave canem», advertían los romanos. Cuidado con el perro. «Cave civitates», podría ser advertencia actual. Cuidado con las ciudades. El Síndrome de Jerusalén es otra posible enfermedad mental que se da sobre todo entre peregrinos que visitan por primera vez la Ciudad Santa o los lugares bíblicos Una y otros pueden hacer padecer alucinaciones y trastornos de personalidad creyéndose ser personajes de la Biblia. Las manifestaciones son tan variopintas, que, por ejemplo, algunos hospitales del país han tenido que asistir a más de una mujer que llegó asegurando que iba a dar a luz al Mesías.

Italia ha sido siempre un foco de fascinación. Y, quizá como consecuencia, de síndromes. El llamado de Stendhal o de Florencia, conocido también como estrés del viajero, fue descrito por primera vez por el escritor en aquella ciudad: elevado ritmo cardíaco al contemplar hermosas obras de arte —también espacios históricos excepcionales— o abundancia de ellas en un mismo espacio, que puede incluso llevar a alucinaciones durante su contemplación. El Síndrome de Venecia, por su parte, que no pocos asocian a la turismofobia, empuja, según cuentan, a quienes lo padecen a llegar a quitarse la vida en la hermosa ciudad italiana.

Disfrute de las vacaciones. Disfrute de las ciudades. Cada una tiene su propio afán.

a b

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