+
Accede a tu cuenta

 

O accede con tus datos de Usuario de Diario de León:

Recordarme

Puedes recuperar tu contraseña o registrarte

 
 

TRIBUNA

La soledad de los mayores

 

La soledad de los mayores -

Prisciliano Cordero del Castillo sociólogo y sacerdote
05/03/2018

Hace unos días, desde esta misma Tribuna, presenté una radiografía de la juventud española de nuestros días. Hoy voy a abordar uno de los problemas más graves que tienen las personas mayores: la soledad. Cada vez se viven más años, pero los mayores cada vez están más solos. La soledad afecta a muchas personas, pero de forma especial a las personas de avanzada edad. La realidad demográfica española, más de 9 millones de personas con más de 65 años, ha hecho que las Instituciones presten una especial atención a este colectivo. En 1991 la ONU pedía a los gobiernos e instituciones introducir programas en favor de las personas de edad. Siguiendo estas indicaciones, la UE declaró el 2012 Año del Envejecimiento Activo y la Solidaridad Intergeneracional. A partir de esta fecha muchas Instituciones comenzaron a preocuparse por distintos temas de la población mayor, como el envejecimiento activo, el tiempo libre, las relaciones intergeneracionales, la formación, la soledad, etc. y a tratar de buscar soluciones para esta problemática.

La soledad de los mayores es considerada como uno de los principales males que hoy afectan a las personas de edad avanzada. Se la describe como el «convencimiento apesadumbrado de estar excluido de la sociedad». El ser humano es un ser social por naturaleza. Desde que nace hasta que muere necesita de los demás y cuando no puede establecer ese contacto humano, entonces aparece la soledad, un sentimiento que puede llegar a causar graves problemas de salud, familiares y sociales. En principio, la soledad llega con la jubilación, la viudez, las enfermedades y por otras circunstancias adversas de la vida.

Los ejes principales que estructuran y definen la existencia humana son el trabajo, la familia y la salud, por consiguiente, cualquier cambio sustancial que afecte a alguna de esas esferas, ya sea laboral, familiar o de salud, representa un grave riesgo para la aparición de una serie de problemas de diversa índole, entre los cuales se encuentra el sentimiento de soledad. Para una minoría significativa de personas la jubilación llega a ser un verdadero trauma. El proceso de ajuste y reorganización de la vida, fuera del ámbito laboral, se vuelve complicado. Las principales fuentes de riesgo para la soledad que origina la jubilación son: la falta de iniciativa para enfrentarse a la nueva realidad, la posibilidad de un proceso paralelo de desvinculación social, la reducción de ingresos, la pérdida de status y roles, la disminución de actividades y de relaciones sociales. Estas circunstancias son causantes de sentimientos de pasividad, tedio, inutilidad, tristeza y, con ellos, de soledad. Otra causa de soledad estaría en la familia. Entre los mayores, la familia acapara un protagonismo especial. Su apoyo juega un papel decisivo en la calidad de vida que disfrutan los ancianos, por lo que las circunstancias familiares adversas dificultan el proceso de adaptación social y organización de su vida. La pérdida de su pareja constituye un factor de riesgo elevado de aislamiento social. Si a la viudez se une la dispersión geográfica de los hijos o las malas relaciones con estos, los sentimientos de soledad se pueden ver agravados. La imagen del anciano abandonado por sus hijos en una residencia, es uno de los estereotipos más arraigados entre los mayores. Finalmente, la otra causa de soledad estaría en la pérdida de la salud y las consecuencias que una enfermedad puede originar.

Ante estas situaciones conflictivas, las personas mayores podrían contar con una serie de recursos de tipo personal, familiar y social. Entre los recursos personales estarían: el propio carácter de la persona, la organización y la distribución del tiempo libre dedicado a aquellas actividades que antes no pudo realizar, el mantenimiento de alguna ocupación de manera continuada que elimine la sensación de inutilidad. Salir a la calle, pasear, mantener algunas actividades, disfrutar del ocio, son buenas alternativas a la soledad. Como recursos familiares se suelen citar las buenas relaciones conyugales y con los hijos y nietos. Estas son el mejor recurso preventivo y paliativo de la soledad. Por otra parte, se suelen citar como principales recursos sociales la preparación para la jubilación, la continuidad con el entorno social laboral, la adquisición de nuevas amistades, la educación orientada a una mayor preparación para el desarrollo personal, como la que imparte la Universidad de la Experiencia, la participación social intergeneracional, como intenta conseguir el programa de Cáritas Caminando Juntos, y el disfrute del tiempo libre. La solidaridad intergeneracional y la implicación en la vida social rompen la soledad.

En una sociedad como la nuestra, altamente envejecida, donde dominan los mecanismos económicos, sociales y culturales que producen la marginación de los mayores, solamente con una cultura de solidaridad se podrá eliminar o al menos paliar la soledad de los mayores y de las personas más vulnerables. Este objetivo lo tendrían que buscar todas las Instituciones, tanto públicas como privadas, sirviendo a las personas, no a las ideas.

Buscar tiempo en otra localidad

   
Escribe tu comentario

Para escribir un comentario necesitas estar registrado.
Accede con tu cuenta o regístrate.

Recordarme

Si no tienes cuenta de Usuario registrado como Usuario de Diario de León

Si no recuerdas o has perdido tu contraseña pulsa aquí para solicitarla