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NUBES Y CLAROS

Solidarios. ¿O no?

 

MARÍA J. MUÑIZ
03/03/2018

Anda el minoritario mundo reivindicativo pensionista (minorías son las que avanzan en favor de todos) reverdeciendo pancartas, escupiéndole al Gobierno la hipérbole del cálculo de cómo sostener el incontenible incremento del gasto en pensiones. Y unos y otros idearios políticos pergeñando sinvergonzadas para no escocer a uno de sus grandes caladeros de votos. Salen a la calle unos cuantos de los que ya tienen la mayor parte del pescado vendido (lo que no les resta derecho a exigir otro presente y, sobre todo, otro futuro); y se enreda la pantomima de las insultantes propuestas del aquí y ahora en un asunto que sólo puede abordarse desde la marejada de fondo.

Ya es tarde para ponerse a ello, aunque ni siquiera están sentadas las bases para afrontarlo. Lamentables poderes y representantes públicos, cortoplacistas en la caroña actual e incapaces de una altura de miras que hace tanto tiempo que es urgente que toda iniciativa ya llega demasiado tarde. A más parálisis, más miseria dejada en herencia.

También es cierto que el cálculo no es fácil. Salarios tardíos de 800 euros cotizando para pagar pensiones de 2.500 euros con una única certeza en este momento: que así las cosas no hay futuro que cobrar. Y no hay presente que ahorrar. ¿Tiene sentido entonces que para abonar el caladero de votos siga sin afrontarse la evidencia de que no todas las pensiones pueden ser tratadas ni subidas por igual? ¿Tiene sentido que un pensionista que cobra el triple que un joven con hipoteca e hijos no pague autobuses y trenes y el apechugado sí? Es uno ejemplo. Podrían ponerse muchos.

Demasiados para este espacio, que no se resiste a entrar en otro charco. Se pergeña una nueva mesa del carbón con el único objetivo de salvar los muebles de los contados trabajadores aferrados a las últimas tablas del naufragio minero. Una debacle en la que no hay partido político que pueda tirar primera piedra. Todos y cada uno han cavado la fosa en la que nos encontramos.

Así las cosas, resulta patético que el secretario de Estado de Energía tenga que recibir por un lado a USO y poco después a UGT y CC OO para debatir lo mismo. Incluso desde el abismo, el sindicalismo se enreda en dudosos anclajes políticos para representar su pelea patética de clases y castas. Si ni siquiera la minería, ejemplo histórico de lucha trabajadora, es capaz de cerrar página con dignidad sindical, apaga y vámonos.