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Tabarnia no es una broma

 

PANORAMA Cayetano González
06/03/2018

La plataforma anti-independentista en clave de humor llamada «Tabarnia» ha cosechado, como se decía antaño, un éxito de crítica y público al haber reunido este domingo en las calles de Barcelona a varios miles de personas que mostraron su oposición al denominado proceso secesionista que en los últimos meses lo ha ocupado todo en la vida política catalana y española. Tabarnia ha descolocado a los independentistas. Emplear el humor y la ficción para desmontar las mentiras de los secesionistas es algo que estos no esperaban; de hecho se han quedado como paralizados.

Una de las primeras acciones de esta plataforma ha sido reivindicar la figura de Rafael Casanova como un patriota español, que es lo que realmente era, y no un símbolo del separatismo. Esto es algo que a nadie se le había ocurrido hasta ahora y, sin embargo, ha bastado sacar a la luz los escritos del citado Casanova o escuchar los testimonios de algunos de sus familiares, para que el nacionalismo independentista se haya quedado literalmente con la boca abierta y sin saber qué decir.

Y es que el nacionalismo, que está basado fundamentalmente en los sentimientos y en muchos casos en la falsificación de la historia, hay que combatirlo desde diversos frentes. Tabarnia ha sabido dar con la tecla del humor, del desenmascaramientos de los mitos y de las mentiras, de los topicazos.

Todo hecho con humor, con ingenio, lo que seguramente consigue que llegue a mucha más gente que un sesudo discurso de un líder de un partido político aunque este sea favorable a la defensa de la Constitución.

Probablemente Tabarnia ha encontrado también el necesario caldo de cultivo para triunfar, en el clima de esperpento total que vive Cataluña desde hace tiempo. Porque cuando un expresidente de la Generalitat que ha huido de la justicia, se empeña en ser proclamado en Bruselas Presidente de no se sabe bien que estructuras paralelas de gobierno en el «exilio», al mismo tiempo que se apuesta para que el candidato a la investidura que se tiene que llevar a cabo en el Parlamento de Cataluña sea un señor que está preso en la cárcel de Estremera, entonces el terreno para la chance, el humor y la parodia está servido. Lo único de malo que tiene todo esto, es que la sociedad catalana es la primera que está pagando este aquelarre, aunque algo de culpa tiene al haber vuelto a votar en una proporción nada desdeñable a quienes están llevando a esa tierra a una quiebra social y económica de la que tardarán bastante tiempo en recuperarse. Mientras tanto iniciativas como Tabarnia ponen de manifiesto que no todos en Cataluña han perdido dos importantes sentidos: el común y el del humor.

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