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HOJAS DE CHOPO

Temores con fundamento

 

ALFONSO GARCÍA
14/05/2018

«Lecciones, ninguna”. Se lo oigo decir con frecuencia, y con una profunda carga de soberbia, a políticos de una y otra parte, si es que tienen alguna parte que no sea la suya. Ninguna lección, por supuesto, como si la política imprimiese carácter. Ninguna lección, faltaría más. Así nos van las cosas. Como confirmación, los números y los datos, aunque se pretendan tergiversar, son obstinados y concluyentes. Y los que hablan últimamente sobre el deterioro poblacional de León, además de concluyentes, son tan alarmantes que algunos conocedores del asunto ponen límite temporal a nuestra pervivencia. ¿Cuántos pueblos, por ejemplo, se cerrarán en el próximo quinquenio por falta de habitantes, con una población muy envejecida, y el desprecio sistemático real, que no de palabra, llena de florituras, si el silencio sigue amparándose en las culpas ajenas? El desarrollo rural se encuentra con permanentes palos en las ruedas. Urge un estudio a fondo, no comisiones tantas veces vacías, elaborado por expertos que ofrezcan el verdadero diagnóstico y soluciones cuando existan. La actual situación de la provincia es de total abandono por parte de las Administraciones, aunque quieran cubrirla con cantos de sirena y barnices para distraer. La lista no tendría fin. Los dineros, gastados a paladas en ocasiones, podrían tener otros destinos mejores.

Esta sangría poblacional, mitigada ligeramente por los inmigrantes, exige de forma evidente políticas de natalidad e industrialización, sin caer en el riesgo, en este último caso, de la concentración excluyente. Y por ahí parecen ir no pocos tiros. Al abandono se suma el olvido voluntario e intencionado. Es verdad, y es justo reconocerlo, que no todos los problemas tienen raíces políticas. Afirmarlo sería posiblemente un problema de mayor enjundia, habida cuenta del modelo sociopolítico establecido. La iniciativa privada ha de tomar también la palabra, con el cuidado de la Administración en cuanto a subvenciones, sobre todo si son finalistas. Entorpecer, nunca —y hay aquí ejemplos recientes—, tampoco amparo íntegro.

El asunto es grave, por qué negarlo, sobre todo si uno piensa, con un poco de corazón también, en la imagen de esta tierra que pueda deparar el futuro. Es un desgarro. Y es que sin políticas de industrialización e investigación, de reordenación y aprovechamiento del territorio, de inversión en nuevos modelos productivos el derrame poblacional es imparable, entre la juventud sobre todo.

   
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