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FRONTERIZOS

Territorios ensimismados

 

MIGUEL A. VARELA
24/07/2015

Hemos llegado a la mitad del denominado Año Romántico, organizado en torno al segundo centenario del nacimiento de Gil y Carrasco. El Congreso Internacional reunió en la comarca a un selecto grupo de investigadores, con su punto de cosmopolitismo universitario, poco visto por estos lares.

Tiene uno el convencimiento de que algunas de las aportaciones más interesantes del encuentro surgieron de los congresistas “locales”, tal vez contagiados del entusiasmo por rescatar a Gil de las garras de esa nebulosa melancólica y conservadora en la que la pereza académica ha colocado al joven escritor.

Así, el profesor Suárez Roca aportó pistas sobre las conexiones del movimiento romántico en relación con las colonias americanas en un momento en el que el nacimiento de la nueva nación liberal tenía sus ecos en los levantiscos territorios de ultramanar. Héctor Silveiro compartió una detallada documentación sobre las relaciones de Gil con la sociedad liberal berciana de la época, con la que mantuvo una intensa conexión escasamente conocida hasta ahora, y Carlos Fidalgo contó la historia, entre detectivesca y periodística, del retrato de Gil y de su posterior evolución iconográfica.

El promotor y pieza clave de toda esta celebración, Valentín Carrera, aprovechó el congreso para enviar un mensaje educado pero muy crítico al presidente de la Junta de Castilla y León, reprochándole la escasa ayuda prestada y la injustificada ausencia de representación de la autoridad regional en las jornadas.

Fue un alegato valiente y apasionado, un memorial de agravios entre la pobre aportación de la Junta al centenario de Gil frente a la apuesta poderosa por la conmemoración de Teresa de Jesús.

Aún con razones para el agravio, faltó en ese discurso el también necesario tono autocrítico, tan escaso en los territorios ensimismados, consumidos en la búsqueda de un enemigo exterior, cómodos responsables de cualquier mal.

El Año Romántico, mejor o peor, va saliendo adelante por el empeño individual de un puñado de personas como Valentín. Pero todo se ha montado «a la berciana», con altas dosis de improvisión, sin un plan estratégico meditado y con una carencia total de objetivos con visión comarcal y ambición de trascender y superar mediocres localismos.

El Año Romántico pudo haber sido un proyecto común para el Bierzo en el que se debió empezar a trabajar cuatro años atrás. El cortoplacismo político, la debilidad del tejido cultural y la terrible atonía social de la comarca ni olió esa oportunidad, convirtiéndola en una sucesión de actos mejor o peor hilados a última hora. Y de eso, reconozcámoslo, no tiene culpa la Junta. La tenemos nosotros y nuestro ensimismamiento.




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