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LA LIEBRE

La teta de Sabrina

 

ÁLVARO CABALLERO
31/12/2017

No queríamos dormir en Nochevieja porque nos habían dicho que era lo que hacían los mayores. Por eso mi primo David y yo forzábamos para quedarnos en casa de mi abuela después de las uvas, acampábamos en la alfombra del salón con dos mantas gordas con dibujos de animales y nos tragábamos el especial de la tele hasta donde nos alcanzaba el sueño. A veces escapábamos de él en mitad de la actuación, conectábamos de nuevo como si sólo hubiera sido una cabezada y volvían a cerrarse los ojos en apenas un minuto en medio de un chiste de Arévalo o con el estribillo de Buenas noches señora de Bertín Osborne, que son dos momentos en los que uno puede dormirse en 1987 y despertarse en 2018 como si nada. Apuntalábamos los párpados con la punta del dedo mojada en saliva como último recurso, pero sin remedio nos perdíamos siempre el final. En una de esas, cuando nos sorprendió el zumbido de la carta de ajuste, que era la versión antigua de los anuncios de alargadores de pene que entran en bucle ahora de madrugada para llenar programación, nos dimos cuenta de que nos habíamos perdido uno de los acontecimientos históricos de la televisión española. No vimos cómo la teta derecha de Sabrina se convertía en la reinterpretación del cuadro de la La libertad guiando al pueblo para desenmascarar a un país mojigato de blanco y negro al que le quedaba por delante un camino muy largo.

Treinta años después, sin que pase uno en el que a coro se recuerde en cada casa antes de la gala del 31 de diciembre el escape de la teta durante los 3 segundos más repetidos de la televisión en España, los gurús de las tendencias aventuran que 2018 será el año de las mujeres. Viene con retraso de varias décadas, pero no se me ocurre un momento mejor, ni una estrategia más eficiente para el desarrollo social y económico que la apuesta por la consecución de políticas de igualdad. El quicio de 2017, en el que se han celebrado 54 Lunes sin sol por la violencia machista, deja la deuda que recogerá este año como ya lo hicieron los anteriores, entre buenos propósitos y poca memoria. Pero mientras se vea la conquista de espacios como una cuota, no como un derecho, no saldremos de la Nochevieja de 1987, ni esquivaremos la pregunta trampa: ¿Se le salió o lo provocó ella?