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león en verso

El tío del tiempo

 

luis urdiales
07/03/2018

Mariano Medina se hizo trending topic en León cuando casi todo lo que se llevaba a la boca la gente de este territorio dependía del anticiclón de las Azores; niño caprichoso y mal criado, terco, adobe, cazurro, que acostumbra a dormir sin reloj en ese pasillo del Atlántico que trae agua al noroeste, y con el agua, trigo; y con el trigo, pan; y con el pan, salud. Fascinó en esta tierra, condenada a mirar al cielo, que alguien pudiera anticipar en el parte con uno o dos días de antelación lo que desde los poblados celtas y astures había que leer en los atardeceres rojizos, en el retraso de la golondrinas por los aires de marzo, en la luna con cerco en las medianoches de aullidos de lobos timoratos, o en el silencio hueco de la naturaleza, que preludia las grandes nevadas. Dios salve a los meteorólogos, que supieron transmitir sus conocimientos a través los rizos y cabrioletas de isobaras, nada que ver con estos guateques de las sobremesas de hoy en día, que en vez de bajas presiones tienen por guía el precepto ideológico del estatuto que no votó nadie; tal que si las borrascas tuvieran que calzar desde los montes de León a la vera de los picos de Urbión no más que por satisfacer el ego del mapa del 78. Medina abrió un cauce de encuentro que celebró toda una generación de leoneses, fascinados por el milagro de los rayos catódicos apegados al puntero que hacía tenaza con su sombra, por el efecto óptico del destello de la iluminación sobre el panel de la península ibérica, acometida por bajas o altas presiones. Con ese recurso, que ahora parece rudimentario, medio León supo que había un plus ultra en el Atlántico, fuente de riqueza para una tierra que sin agua del cielo no es paraíso. La escuela tuvo continuidad con Manuel Toharia; o con José Antonio Maldonado, que se manifestó de sobra como uno de los mejores comunicadores que ha dado el mundo contemporáneo, ahora que el humano tuitea y no escucha. O Paco Montesdeoca, convincente hasta el extremo al anunciar las tormentas de julio en la montaña leonesa con esa voz cautivadora, de registro voluble, de doblaje de galán de cine o canto de un gol en Carrusel desde el Insular canario. Pioneros de la información meteorológica, seria, veraz, con una dosis de credibilidad que concierne a quien se echa al hombro la responsabilidad de dar pie a la mayor parte de las conversaciones de nuestra vida: el tiempo.

   
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