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EN BLANCO

Tontocracia

 

JAVIER TOMÉ
14/01/2018

A Dios pongo por testigo de que, en demasiadas ocasiones, me pregunto si tiene dañados los cabales la clase política que nos gobierna, bien macerada en una filosofía del desprecio y del «sálvese quien pueda». La vulgarísima mediocridad ambiental propicia que el buenazo de Rajoy, acendrado lector de la prensa deportiva, eligiera a Inglaterra como cuna del parlamentarismo en detrimento de nuestro León, visión poco ilustrada y sensata de la realidad. O que el Parlament de ya saben dónde insista en que Cataluña, así solita, decidió el inicio de las Naciones Unidas y de las reglas del juego democrático, una demasía que atribuyen al mítico Kubala. Tamaña banalidad estúpida pone de manifiesto una vez más que la historia no precisa de sentimentalismos, ni tampoco de versiones añadidas al calor del fanatismo. Pecados de tanto bulto no pueden quedar siempre ocultos, así que somos muchos los que sospechamos que la pérdida de mordida en el sistema educativo de Humanidades, otro misionero al que se ha ido comiendo el caníbal, tiene que ver con semejantes barbarismos públicos.

Puesto que estamos rodeados de personas que piensan por nosotros, y dado que el poder nunca es inocente, un proceder tan ruin en materia de cultura está condenando a infinidad de jóvenes a una prematura muerte civil. Hay quien considera la política actual como una mezcla de intereses fraudulentos, llevada a cabo por determinados elementos que se preocupan del país con el mismo cariño que Hitler sentía hacia la raza judía. Naturalmente, rezo a Santa Rita, abogada de los imposibles, para ver si es capaz de solventar tan disparatada conjura de los necios. Aunque en líneas generales el tema de la tontocracia me restriega los bajos, por decirlo finamente, el secreto último de la vida radica en no darse jamás por vencido, resistiendo hasta las últimas consecuencias a tan tremendos dramas sociales. Por ello animo a los estudiantes de Humanidades, acostumbrados a soportar raciones bien cumplidas de burla y vilipendio debido a la pertinaz lógica del mercado, a que sigan en su bendita locura. Dicho queda.

   
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