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EL CORRO

El torticero uso del Senado

 

PEDRO VICENTE
09/10/2018

Desde su restauración en 1977, el papel desempeñado por el Senado en la política española ha sido prácticamente irrelevante. Definido vagamente como Cámara de «representación territorial», la Constitución relegó su papel legislativo al ejercicio de una segunda lectura supeditada en última instancia a la decisión final del Congreso de los Diputados.

35 años después de promulgado el último los 17 estatutos de autonomía, que no fue otro que el de Castilla y León, el Senado sigue sin cumplir esa función territorial para la que fue concebido. Salvado el cupo minoritario de senadores designados directamente por las comunidades autónomas, su representatividad adolece de una composición que otorga igual número de escaños electos (4) a cada provincia, de forma que Soria o Teruel cuentan con los mismos representantes que Madrid o Barcelona. Una circunstancia que distorsiona la soberanía popular hasta el extremo de que un partido con un 33% de voto ciudadano dispone del 62% de los escaños, circunstancia que se da en beneficio del PP desde las últimas elecciones generales.

Al PP y al PSOE, que históricamente han acaparado entre el 80 y el 90% de los senadores, les ha importado siempre una higa la inutilidad del Senado, utilizado sin pudor por ambos partidos para sus componendas internas, entre ellas la de proporcionar un retiro dorado a ex presidentes autonómicos y otras viejas glorias que permanecen apalancadas allí casi de forma vitalicia. Normal que Podemos propugne su reforma en profundidad, y hasta se comprende que Ciudadanos, si no ha cambiado de opinión, proponga sin miramientos suprimir la llamada Cámara Alta.

De ahí la enorme anomalía democrática que supone el hecho de que el Senado disponga de capacidad de veto nada menos que para tumbar los Presupuestos Generales del Estado, ello merced a la Ley de Estabilidad Presupuestaria aprobada en 2012 por el Congreso por la mayoría absoluta del PP. Mal está que desde La Moncloa se haya tratado de eliminar ese inconcebible veto mediante un filibustero atajo legislativo, pero lo que no es de recibo es que una Cámara con tan manifiesto déficit de representatividad tenga la potestad de bloquear el principal instrumento para la acción de gobierno.

El PP está en su derecho de ejercer la oposición más implacable al actual gobierno socialista, que por cierto no deja de proporcionar munición para ello. Pero privar al Estado de unos Presupuestos valiéndose torticeramente de una prerrogativa que distorsiona la soberanía popular es algo que bordea la aberración democrática. Vamos, lo que le faltaba al Senado para consolidar su bien ganado desprestigio ciudadano.

   
1 Comentario
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Por jesus.g.bernardo 18:21 - 09.10.2018

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¿donde van a meter ese montón de "ex" de uno y otro bando?, hay que buscarles un refugio, ya no son válidos para "trabajar" y les buscan un retiro bien remunerado, esperando que el día de mañana, pasen ellos a esa situación. Las actuaciones que han efectuado, durante mas de 40 años (oye, solo cuatro décadas), siempre han sido criticadas, ya que normalmente se ponen al lado del sol que mas calienta. Se les podía mandar al paro y nadie notaria nada. El Senado, da la sensación de inutilidad, ¿ o no ?. Es mi opinión, para ellos será imprescindible, ¿ a que si ?.

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