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RÍO ARRIBA

Que lo traigan al Musac

 

MIGUEL PAZ CABANAS
28/02/2018

Puestos a colocar en el mapa a León, y ya que no tenemos por aquí ningún grupo que le ponga letra al himno de España, se me ocurre que traer la exposición censurada en Arco sería el puntazo del siglo. Pocas cosas más transgresoras que reclamar una foto de Junk (por darle un nombre más artístico al presidente de Esquerra Republicana) y ubicarla en una de esas paredes abisales del Musac, que tanto hacen pensar en canteras de basalto y fábricas de lejía. Para multiplicar el efecto y la repercusión mediática, se podría hacer una lectura de esa obra secuestrada en Galicia, Fariña, y de fondo, en el paroxismo de la perfomance, recitar estrofas de un rapero iconoclasta, o unos versículos de la Biblia y el Corán. ¿Qué tal si añadimos alguno de esos cuadros con desnudos femeninos que han retirado de un museo famoso? Ya veo que están poniendo ustedes mala cara: menudo lío se iba a montar, pensarán. Tampoco es cuestión de convertir León en una ciudad de forajidos, aunque más de uno hay por ahí con chaqueta y corbata. En fin, uno, en su candor trasnochado, o en su infinita estupidez, siempre ha considerado la libertad de expresión como un remedio contra el puritanismo y como un derecho intocable: un poco como esas criaturas luminosas que no paran de hablar y que disculpamos porque tienen algo mal la cabeza. Pero, por lo que se ve, me había equivocado de país…y de siglo. Creía vivir en una sociedad indulgente y audaz, y aparenta ser todo lo contrario: clerical, asustadiza, intransigente, casposa. Resulta que los censores no eran cosa de un pasado remoto, sino que ocupaban, muy solemnes ellos, puestos de responsabilidad pública. Resulta que no eran solo figuras de naciones oscuras y atrasadas, de dictaduras soviéticas o tropicales, sino que los teníamos durmiendo entre nosotros. Con el olfato muy fino y la mirada de garduña, para que no se les escape nada: ni una teta, ni una canción, ni una foto. Qué pena que no empleen la misma saña para perseguir a los chorizos y a los impostores, para purgar un poco tanto cutrerío y tanta mendacidad. A fin de facilitar su tarea, y a la espera de que cuelguen de alguna galería un retrato pixelado de Puigdemont como Carlos V, propongo la creación de una brigada que asuma la erradicación de la insolencia y la falta de decoro a edad bien temprana: esos niños que, desde tiempo inmemorial, vienen diciendo en los recreos caca, culo y pis, son el germen de una estirpe ingobernable, de futuros raperos, fotógrafos y escritores llamados a convertir el mundo en un lugar demoníaco. Mejor vivir entre pellizcos, minués y príncipes valientes, que la gente empieza haciendo pintadas en un muro y, a poco que se les deje, piden montar la guillotina.

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