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Trump contra Europa

 

panorama Antonio Papell
23/01/2017

El más atávico republicanismo norteamericano tuvo siempre inquina a la integración europea porque consideraba que una fortaleza al otro lado de Atlántico rivalizaría con el poderío de los Estados Unidos. El Reino Unido ha reforzado sus lazos históricos con los Estado Unidos a costa de alejarse de Europa, que tiene dificultades para sostener un proyecto integrado que no ha sido capaz de resistir la gran crisis económica 2008-2014 ni de mitigar las consecuencias negativas de una globalización que tiene que ser domeñada para impedir sus efectos más destructivos.

Lo cierto es que Trump ha tenido la habilidad de ofrecer una respuesta demagógica a los ciudadanos atenazados por la inseguridad generada por esa globalización mal planteada que no ha tenido empacho en deslocalizar grandes sectores industriales, devastar regiones enteras, destruir actividades profesionales arrasadas por la automatización, etcétera. Trump ha descubierto —a estas alturas— el nacionalismo de campanario, ha cedido la tentación de la autarquía y ha respondido a los temores primarios del americano medio con la invocación de lo cercano, con el folclore, con la introspección.

Su éxito ha sido clamoroso, y habría que frenarle aquí, en Europa, donde ha desembarcado con su mensaje más letal: seguirán yéndose más países de la UE «porque las personas, los países, quieren tener su propia identidad». A este paso, el enfriamiento entre ambas orillas del Atlántico se volverá hielo puro, y puede acabar peligrando la propia Otan, aunque en las últimas salidas de tono Trump no ha vuelto a amenazar a Europa con incumplir la cláusula de socorro mutuo si los países europeos no incrementan sus presupuestos de Defensa y contribuyen en mayor medida al sostenimiento de las estructuras militares.

Se ha señalado, y con razón, que las negociaciones del brexit que están a punto de empezar y que serán a cara de perro probablemente darán ocasión a Trump de introducir nuevas cuñas en el tejido europeo. Y ya están planteadas diferencias de fondo entre Washington Bruselas que tienen difícil arreglo: las sanciones a Rusia, la relaciones con Israel, la actitud ante el cambio climático y el futuro del pacto antinuclear con Teherán. Ante estos previsibles disensos, la alta representante de la Política Exterior Europea, Federica Mogherini, ya ha recomendado que la respuesta sea fortalecer Europa. Una solución fácil de enunciar pero no tan fácil de llevar a cabo.