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EL CORRO

Turbulencias en el PP

 

PEDRO VICENTE
06/03/2018

Después del meneo que el efecto Arrimadas le ha pegado al tablero político en el resto de España, no hacía falta ser adivino para aventurar que la bicefalia existente desde la pasada primavera en el PP de Castilla y León iba a entrar en zona de turbulencias. Hasta las pasadas elecciones catalanas, Juan Vicente Herrera y Alfonso Fernández Mañueco habían compartido trayecto sin mayores tensiones. El primero, ejerciendo con plena autonomía su responsabilidad institucional como presidente de la Junta, cargo al que en ningún momento ha pensado renunciar antes de que concluya la actual Legislatura (julio de 2019). El segundo, a la vez presidente del grupo parlamentario popular, impulsando la actividad del partido en el horizonte de esas próximas elecciones autonómicas en las que encabezará el cartel electoral del PP.

Hasta que el declive electoral del PP augurado por todos los sondeos publicados tras los comicios catalanes ha alterado súbitamente el panorama. Fernández Mañueco no puede mantenerse ya en su actual segundo plano mientras el último gobierno Herrera languidece en fase terminal. Necesita, y con premura, encaramarse a la presidencia de la Junta para hacer frente desde esa plataforma a la escalada electoral de Ciudadanos, que amenaza con poner fin a la hegemonía política de que ha goza el PP de Castilla y León durante los últimos 30 años.

Pero para eso el actual presidente de la Junta tendría que echarse a un lado antes de tiempo, algo que no parece que tenga ninguna intención de hacer. Y es en este punto en el que comienzan a aflorar tensiones hasta ahora contenidas. El detonante ha sido determinada medida del Sacyl que ha levantado ampollas en Salamanca, donde la Diputación Provincial, con mayoría del PP, se ha puesto a la cabeza de la manifestación de protesta contra la consejería de Sanidad. El encontronazo ha permitido visualizar la brecha abierta entre la cúpula del partido en Castilla y León —con Mañueco, a la sazón alcalde de Salamanca, a la cabeza— y el consejero de Sanidad, Antonio Sáez, hombre de absoluta confianza del vicepresidente de la Junta, José Antonio de Santiago Juárez, y del propio presidente Herrera.

El episodio no es ni causal ni anecdótico; presagia nuevas turbulencias en un ambiente interno de partido ya muy enrarecido por los sucesivos casos de presunta corrupción (Perla Negra/polígono de Portillo/antigua sede de la Junta en Bruselas, amén de la Trama Eólica) investigados por sendos Juzgados vallisoletanos. Y todo ello, no se olvide, mientras el PP carece de mayoría absoluta en las Cortes de Castilla y León, donde sigue dependiendo de Ciudadanos —o, en su defecto, del procurador de la UPL— para poder sacar adelante cualquier iniciativa.

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