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El turismo, un problema

 

PANORAMA antonio papell
08/08/2017

Las salvajadas de Arran, organización anarquizante de los ‘Países Catalanes’ (Cataluña, Islas Baleares y Comunidad Valenciana) de fondo anarquizante y vinculada a la CUP, no deberían impedir ver que, como era de temer al observar el crecimiento exorbitante del número anual de visitantes que llegan a nuestro país, el turismo, que es ante todo una fuente de riqueza, se ha convertido también en un problema. Barcelona es Venecia desde hace tiempo.

Barcelona es probablemente la ciudad de todo el Estado en que el cambio ha sido más notorio desde la apertura de la urbe al mar en 1992. Con todo, el fenómeno es más amplio, y las propias cifras explican la saturación: el 2016, España recibió casi 76 millones de turistas, cuando una década antes, en 2006, eran apenas 58 millones. España ya se ha consolidado como tercer destino turístico mundial, después de Francia y los Estados Unidos. En términos económicos, el INE afirma, con datos de 2015, que el turismo representa el 11% del PIB y el 13% de empleo total, y con tendencia creciente en ambos indicadores.

Las propias cifras expresan la necesidad de mimar un negocio del que vive tanta gente y que tiene tanta repercusión sobre la economía nacional de España.

La dificultad estriba, pues, en la conciliación del negocio turístico con la preservación de la calidad de vida de los ciudadanos, que ha de conseguirse mediante un urbanismo racional y una regulación inteligente. La ordenación del territorio, desde el punto de vista turístico, es esencial, ya que sólo la sustitución de la cantidad por la calidad puede lograr el objetivo deseado: en el turismo de sol y playa, por ejemplo, el esponjamiento de las concentraciones hoteleras (en Baleares se ha han realizado tímidos intentos), la renovación de estructuras e infraestructuras obsoletas y la dotación de servicios puede impulsar el negocio reduciendo la masificación. Y este es solo un ejemplo del efecto que puede lograrse mediante las políticas adecuadas.

Asimismo, la mejora cualitativa puede corregir la excesiva temporalidad —en agosto recibimos a 9 millones de turistas frente a solo tres millones en los meses de noviembre a febrero— de una actividad que habría que gestionar mejor. Las tres administraciones tienen obligación de entenderse en la gestión de un negocio delicado y muy sensible a los factores externos que debe seguir siendo uno de los pilares de nuestra economía.

Y la planificación es indispensable para graduar la densidad residencial y los flujos de visitantes, de forma que ni los anfitriones se vean perturbados ni los visitantes tengan la sensación de estar en un escenario simulado de cartón piedra.

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