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María Aurora Flórez.
DIPUTADA NACIONAL DEL PSOE

Una bandera para todos

Análisis político ante el desafío catalán al Estado. Diario de León publica una serie de artículos de los diputados leoneses de los distintos partidos políticos. Hoy, el PSOE.


30/09/2017

 

Me piden que escriba un artículo en un plazo de cuarenta y ocho horas. Tres folios. De opinión. De la cuestión catalana.

Lo primero que me vino a la mente es ¿para qué? Opinión arriba, opinión abajo, cuarto y mitad de opinión…… más que aportar soluciones, éstas sirven, especialmente de un tiempo a esta parte, para calentar los ánimos y aumentar el distanciamiento entre posturas. Posturas que siendo aparentemente contrarias, cada vez más radicalmente contrarias, podrían y deberían llegar a converger.

En segundo lugar, abundan en exceso los artículos de opinión y las opiniones en todos los medios. Abundan las opiniones faltando, sin embargo, el diálogo.

Las subjetividades se revelan en ocasiones como una fina pátina que recubre la aparente objetividad de la noticia, otras como un tupido velo y algunas como una manta zamorana. Al fin y al cabo, explícita o implícitamente, todas opiniones.

Perdonen que me autocorrija. Entre tanta riqueza de opiniones, lo que en realidad rebosan son los opinantes, porque a estas alturas del mes ya solo quedan dos sentires: «conmigo» o «conmigo». Cada cual que se coloque del lado de la disyuntiva que le parezca más oportuno.

La audiencia se va acogiendo a la sombra de la voz que considera como propia, a la que cuadra con sus preconcepciones, sus cogniciones y sus expectativas. A ello habrá que añadir, que la validez de los argumentos y el valor de las opiniones también dependen, y cada vez más, de la geografía; bien entienda como geografía física, humana o político-tertuliana.

La opinión distinta, si leída u oída, es para criticarla y desvirtuarla. Escucharla, analizarla, reposarla, debatirla y discutirla…. eso parece ser de otros tiempos o, si no, de otros mundos. De este modo, también, expresando la opinión propia surgen argumentos para no tener que escuchar la ajena.

Las dos opciones, soluciones, resoluciones e intenciones que se nos presentan, cada vez más polarizadas y enfrentadas, buscan adeptos por doquier. Ambas nos exigen cada día que pasa un posicionamiento radical. En un hemisferio ideológico los que tenían que dialogar y no lo han hecho, y en el otro, quienes han decidido saltarse la legalidad.

Anteayer me pasaron un vídeo de una entrevista del presidente Puigdemont en TV-France. Éste expresó su opinión en un francés de nivel intermedio, bastante más alto que el nivel de sus argumentos. Digo su opinión, porque o es su opinión o es la verdad retorcida hasta desfigurarla. Solo así podría encajarla en las coordenadas mentales y sentimentales de aquellos que se han abonado a su bando.

Se le ve incomodo, más que incomodo se reconoce marioneta de la extraña coalición que ha secuestrado sus movimientos y taquigrafiado sus discursos.

Sabe que la convocatoria del 1 de octubre es un disparate. Sabe perfectamente que no habrá referéndum, podrá haber movilización, un amago de consulta, pero nunca un referéndum. Sabe que está ocultando la verdad a todos los que de buena fe quieren ser consultados sobre el futuro de Cataluña y también de quienes quieren su independencia. Sabe que miente a las locutoras sobre las bondades de la secesión o sobre la intervención del Estado. ¿Acaso esperaba que infringir la ley no llevase consecuencias?

Esta propuesta de independencia está dividiendo a los catalanes y catalanas en dos partes y por ende al resto de España. Esto no va de Cataluña, no es una cuestión catalana, va de toda España.

Hasta que no han empezado a caer las hojas del calendario y ya son las de seis otoños, para muchos esto era solamente un problema concernientes a los catalanes. Un «asunto» que desde el inmovilismo del gobierno se esperaba que quedase en agua de borrajas, como si no hubieran aprendido ya que desde el inmovilismo nunca llegan las soluciones.

No sé lo que puede pasar el día uno de octubre. En veintidós meses he visto lo suficiente, tan suficiente como anormal en la historia de esta cámara, para suponer que cualquier cosa es posible. Todo excepto que no suceda nada.

Será lo que alguna de las partes quiera que sea, es cuestión de perseverancia. De una de las partes, no de las dos y esto no acabará de resolver la crisis territorial, ni de solucionar el conflicto.

Concluyente también será el dos, dicen que puede que el tres, incluso el seis de octubre. No me parece difícil de entender que determinantes son todos y que ninguno es un día cualquiera. No es que quiera ponerme en modo Carpe Diem, pero si se trata de seguir esperando, o de trasladar la solución a los tribunales, y la ejecución a los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, vamos de mal en peor.

Lamentarnos por todo lo que debería haber ocurrido en estos últimos seis años solamente es útil si nos sirve para aprender de las oportunidades perdidas y de los errores cometidos.

Debemos pensar en el presente para poder escribir el futuro. El presente pasa por hacer propuestas que sumen voluntades, por proponer soluciones que ayuden a la cohesión social y por mantener un diálogo honesto, sincero y desinteresado. Desinteresado, repito. He visto buscar la rentabilidad política en varios movimientos, hoy mismo, hace dos horas, y la semana pasada en una venenosa moción. Esto no es opinión, yo lo vi, yo lo viví.

Hoy por hoy, la única propuesta sobre la mesa es la creación de una Comisión en la cámara baja por parte del grupo parlamentario Socialista para dar una solución al problema de las relaciones entre las distintas comunidades autónomas, entre Cataluña y el resto de España. Es imprescindible encontrar soluciones políticas, crear espacios de diálogo y esta comisión puede ser uno de ellos. Cuando toda una sociedad está dividida no hay que focalizar los esfuerzos en desplazar las voluntades hacia una de las partes, sino dialogar para forjar consensos. No hay otra salida. De lo que se trata, no es de quién iza más alta su bandera, sino de que bajo la misma quepamos todos.

 

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