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MARINERO DE RÍO

Con ustedes, la Historia

 

EMILIO GANCEDO
09/10/2017

Sacando lo de Miguel Ángel Blanco y la triple corona de la Roja, en las dos últimas décadas no hemos tenido apenas ocasión de protagonizar o al menos presenciar un momento de esos verdaderamente históricos, cuando los días en vez de discurrir parecen como suspenderse ingrávidos, una suerte de vibración sobre el calendario, y sumamente frágiles, siempre en un tris de estallar en mil pedazos. Son días en los que uno tiene la impresión de que políticos y representantes andan jugando malabares con cuchillos de carnicero y aparatos que hacen tic-tac, la función continua del más difícil todavía. Días raros de banderas, obispos, nacionalistas, mediadores, cargas policiales y bancos en huida. «Muy siglo XXI no parece», escribía Nacho Abad, uno de los tipos que mejor maneja el Facebook de este país.

Bien, pues ha llegado el momento. No sé si les interesa la cosa porque a lo mejor andan chateando con alguien de Indonesia, pero aquí y con todos ustedes, inesperada como siempre, la Historia.

Porque haya ocurrido como haya ocurrido, un par de millones de catalanes, manipulados o no, se han echado a las calles en días pasados, y esas son muchas personas como para ignorarlas, demonizarlas o declararlas ilegales. Porque el Gobierno ha respondido de la peor manera posible, a golpes contra su (en teoría) propio pueblo, y negándose a toda clase de diálogo. Porque el modelo de país nacido en 1978 toca a su fin al no lograr reunir en torno a un proyecto común, diverso e ilusionante, a amplias capas de ciudadanos, y porque nadie quiere que el choque de trenes sobre el puente institucional devenga en odios, ataques e incluso tiros en la acera cotidiana.

Y la solución no puede, no debería pasar sólo por quienes han encontrado en las banderas la mejor gamuza para ocultar el polvo de la corrupción campante, un biombo lucido que anteponer a la creciente precariedad laboral y al rebaje de derechos. Estará, quizá, en la creación de mayores y más generosos espacios de debate y acuerdo, y eso solo puede comenzar con la gente de a pie dando ejemplo. Y si no, si el poder continúa bunkerizado, como vemos en ambos frentes, y España no encara un sendero de, propongamos, federalismo leal y solidario, la Historia nos pasará por encima. Otra vez.

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