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NUBES Y CLAROS

Vacas y trenes

 

MARÍA J. MUÑIZ
18/03/2017

Más de 300 cargos de todo pelo de las cajas de ahorro están enredados en procesos judiciales que muestran sólo la punta del iceberg de los desmanes cometidos. Enredados unos por acción y muchos por omisión, pero las responsabilidades tienen que ser esclarecidas. No vale haber paseado con garbo por las salas de consejos, y ahora decir que estaban allí puestos por el ayuntamiento. O por la Diputación. O por el amigo de mi amigo, que se convirtió en mi amigo. No es respuesta que la consejería rampante de aquellas flamantes fotos de la bonanza asumiera el cargo de control para decir ahora que como allí se votaba bajo guión, es hora de sacudir las sandalias de las consecuencias y defiender que las cuentas, al maestro armero.

También en el caso de Caja España, después España Duero y hoy lo que queda en Ceiss, el flamante plantel de consejeros enfrenta de nuevo el trago de hacer el paseíllo en el juzgado. De momento, sólo por la rocambolesca historia del encadenamiento de créditos al presidente constructor, Santos Llamas, a sabiendas de que la situación de sus empresas en pleno estallido de la burbuja inmobiliaria era insostenible. Él retrasó su derrumbe, la caja se libró de hacer provisiones. Luego pagó (pagamos) con creces. Las irregularidades van saliendo a cuentagotas en lo que a casos punibles se refiere, y a borbotones en lo que a pérdidas en consecuencia se derivan.

En el caso de Caja España y Caja Duero, en sus aventuras separadas y conjunta, las exigencias de explicaciones apenas empiezan a aflorar. Ni siquiera el Banco de España hizo caso a sus propias advertencias, aunque desde 2006 señaló que se daban créditos (los millonarios, no el suyo ni el mío) con niveles de riesgo tan inasumibles como ilegales. Y, más sonrojante aunque era evidente, que las rencillas políticas (muchas meras vendettas personales) ponían en grave riesgo a la caja. Que quienes ostentaron responsabilidades y lucieron oropeles digan ahora que en realidad eran vacas mirando al tren no es justificación ni consuelo. Si de verdad no entendían nada de lo que en los consejos se pergeñaba, o lo entendían y les repugnaba, el tiempo de la retirada digna se les ha pasado. No eran pelillos a la mar. Era una forma de hacer que no sé si se ha acabado, pero que debe al menos ser explicada y asumida.