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MARINERO DE RÍO

Vestias

 

EMILIO GANCEDO
08/10/2018

El desfile de caras largas y lágrimas de cocodrilo ha sido digno de un cuadro de Grosz o similar. Estrechaban la mano a los trabajadores como quien da el pésame a una viuda pero luego reían en corrillos apartados, runruneando sus propias teorías y cálculos, esos que jamás expondrán a la vista pública, material de consumo propio, tertulia de fuerzas vivas ante el brasero del casino. Muchas de las muestras de ‘apoyo’ y de ‘solidaridad’ de ciertos políticos locales y autonómicos a los currantes de Vestas me han parecido de verdadero asco y también de verdadera lástima.

En primer lugar, siempre hay que desconfiar del político que te da la mano y ladea la cabeza y esboza un rictus extraño porque generalmente quiere algo de ti o al menos busca que tengas de él una opinión mejor que la que merece. Con sólo fijarnos un poco podremos leer en el blanco acuoso de sus ojos cosas como «qué se le va a hacer, la vida son cuatro días, no somos nadie, pelillos a la mar, y aire, que la lleva el viento».

En segundo, porque parecían sencillos transeúntes que pasaban por allí, sorprendidos de la crueldad del mundo, y no lo que realmente son, engranajes de un sistema político que promueve precisamente eso: que las empresas estén sujetas a escasas reglas y normas, que la rentabilidad y la cuenta de resultados manden por encima de todas las cosas y que las personas y los territorios pasen a ser sólo números, datos, polvillo digital metido en un disco duro. O sea, justo lo que han venido defendiendo durante años en mil discursos y canutazos: que hay que buscar la competitividad y que todo tiene que ser más flexible. Vestas es muy flexible. Tanto, que le basta con muy poco para agarrar los bártulos (y las subvenciones millonarias) y largarse a otro país a seguir apañando. Es la ley de la jungla, nada más que eso.

Ahora se anuncia un posible inversor con trompetas de heraldo y un rayo de luz cae sobre Villadangos. Yo preferiría que no se jugase con el pan de la gente y que no se dijese nada hasta que no esté la cosa bien amarrada porque el tufo electoralista llega hasta Primajas. La millonada metida en Vestas bastaría para solucionar la falta de médicos de toda una comarca leonesa. Ahora, si no aparece ese tío Gilito, volará la planta, volarán los dineros y volarán las 362 familias en pos de otro sitio más propicio. Eso sí, también en ese lugar encontrarán vestias.