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FUERA DE JUEGO

Violentadas

 

CARLOS FRÁ
11/10/2018

Lo del Nobel de la Paz tiene en demasiados casos un cierto parecido a la canción del verano, porque parece que se decide según lo que se lleva ese año. Pero también ocurre en ocasiones que toca teclas con sones que pasan desapercibidos en los telediarios pero que siguen ahí chirriando en esta sociedad que creemos tan modélica. Este año atinaron sacando del silencio el uso de la violencia sexual como arma de guerra, un asunto que en España no nos es ajeno precisamente y sobre el que la bazofia va por barrios aunque nos insistan en vender unos y otros como nubes de angelitos esas patrullas falangistas o de milicianos que actuaron con tanta saña.

Parece el eterno retorno de lo igual, como el tocar a arrebato alarmista porque los de Vox juntaron a los de siempre en Vistalegre, cuando no dejan de ser los mismos, los que piden los pares y los impares que se saquen los tanques a la calle cada vez que algo no les termina de gustar. Pero afortunadamente en España sí existe una mayoría silenciosa, que se cabrea con corrupciones, eres, másters y demás asuntos, que exige que se hagan las cosas mejor, pero que no sueña con paraísos perdidos porque ni lo fueron ni lo serán nunca.

Y rechazan toda violencia. Toda y con los dientes más apretados si la víctima es una mujer. Sería interesante analizar cuánto daño ha hecho a la causa tanto sesgo envenenado que impide una única respuesta incondicionada de defensa de todas las mujeres, sin caer en sectarismos. Sin ese estruendoso chirrido que generan determinados silencios.

Dicen los expertos que al final todo es cuestión de educación. La solución entonces parece lejana. Decía hace unos días el siempre contracorriente Rubalcaba que en España hay un pacto educativo en vigor —apoyado por todos—, el de la Constitución del 78 que establece el actual marco. Pero la realidad del día a día es bastante cuestionable. En ésta nuestra Comunidad se ultima el cierre de un mandato para olvidar. A los incontables conflictos y recortes se une la ausencia de pasos para solventar problemas como las oposiciones frustradas, la selectividad injusta, los colegios gueto, las tasas que impiden a las universidades ser competitivas, las financiaciones asimétricas, la FP que no cuaja... y la eterna polémica de las vacaciones de Semana Santa. Ahora, el consejero que quiere irse —pero no termina de hacerlo— intenta fijar un calendario escolar a 4 años. Qué sospechoso tras su afán desoyendo incluso a las propias Cortes autonómicas...






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