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HOJAS DE CHOPO

Vivimos de estadísticas

 

ALFONSO GARCÍA
09/10/2017

La complejidad de los métodos estadísticos, que arrojan mucha luz sobre aspectos de la realidad, pierden parte de su consistencia cuando llegan a ciertas manos, casi siempre las mismas, que simplifican en exceso sus conclusiones. La ironía popular sabe mucho del asunto, de manera especial si ejemplifica datos estadísticos que, aun no faltando a cierta verdad, conducen al absurdo: ya conocerá la estadística-trampa, o el mal chiste, de la posesión de diez millones entre cinco. El asunto depende, claro, de la proporcionalidad de la participación en la cantidad poseída entre todos. Caso de chiste reiterativo, los porcentajes electorales, que parecen contentar a todos. Pocas veces los veo tan satisfechos, aunque la procesión vaya por dentro. Tienen una capacidad tan grande de engañarse, que empiezo a pensar que se lo creen, aunque me cueste. Dicen algunos que las estadísticas están para mentir.

El asunto adquiere mayor relieve cuando las estadísticas se trasladan al campo educativo, sobre todo teniendo en cuenta que es competencia trasladada a las comunidades autónomas, decisión que a servidor le parece al menos discutible: a la hora de analizar las estadísticas que abordan diversos campos de la educación, y a las hemerotecas me remito, las teóricamente malparadas comunidades se escudan en la permisividad, más bajo nivel o programas de menos contenidos en otras. Si las estadísticas han de entenderse como indicadores, alejados de triunfalismos y derrotas, el análisis debería servir, sobre todo, para proponer métodos y actitudes de mejora. «Los malos resultados —se justifica una presidenta de comunidad autónoma— se deben a la aplicación de la Lomce», mientras, ante el mismo hecho, el ministro del ramo habla, refiriéndose a la misma ley, de que «no es tan malo el sistema educativo como dicen». Hablan, además, una y otro, de determinadas materias curriculares en comparación con otros países europeos que a uno le produce cierto sonrojo. Las estadísticas no han de conducir a engaño por tergiversación e intereses. En todo caso, y con fundamento, se puede cuestionar el método.

La última estadística que manejo en este campo tiene que ver con el abandono escolar. Esta Comunidad afirma —y es verdad— que estamos por debajo de la media nacional. Satisfechos. Uno deduce que no importa mejorar, sino no ser el último o estar por debajo de. Parece que algunas estadísticas sirven para tranquilizar conciencias. Y es que vivimos con ellas. De ellas.

   
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