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Ya se casaron

 

javier tomé
15/04/2018

Dicen que el amor es un truco inventado por los hombres para no tener que lavar ni plancharse la ropa. Y me lo creo, aunque en determinadas ocasiones la mujer saca a relucir sus mejores artes de seducción para domeñar y atar al incauto a la asfixiante cadena matrimonial, un lazo eterno y vinculante ante el Señor. Sea como fuere, el gran invento civilizador que es el matrimonio ha llegado para la pareja formada por Ana Villanueva, significada por una impresionante hoja de servicios, y su media naranja Luis, cuyo rol y papel protagonista consintió básicamente en decir “¡Sí, quiero!”. Lo leerán próximamente en el ¡Hola!, que se hizo con la exclusiva a cambio de una millonada, pero aquí en el Diario no consentimos que nos pisen las exclusivas de casa y por ello les adelanto los pormenores que se pueden contar acerca de un enlace que cuenta con mi más entusiasta aplauso. Por cierto, aunque ayer se estaba casando, Ana debería haber estado en el Museo del Prado impartiendo la conferencia que le solicitaron sobre las mujeres en la vida de Felipe II, desde María de Sajonia a Isabel de Valois.

Una charla pensada para que los profesores de Historia puedan enfocar el aprendizaje de su asignatura a través de los cuadros y obras del citado museo. La cita ha quedado aplazada, pero es algo que me ratifica en el convencimiento de que Ana tiene estatus de futura estrella. En fin…, hasta donde yo alcanzo el enredo sentimental entre uno y otra, llevado a su culminación legal con brillantez y decoro, ha transcurrido por los cauces habituales: rendida admiración, posterior enamoramiento y, casi sin darte cuenta, te encuentras con los anillos y ante la autoridad civil para que proceda con el protocolo. Y con acierto, según mi humilde opinión, ya que no es aplicable en este caso el refrán que vaticina los problemas futuros y casi inevitables de la convivencia: “Quien mala cama hace, en ella yace”. Porque no hablamos de dos bandos enfrentados, el Madrid y el Barcelona, sino de dos seres que han decido vivir juntos. La felicidad es para las vacas, de acuerdo, pero eso mismo les deseo.