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M. MIÑAMBRES | VILLAMAÑÁN

'Primavera' y otros grandes vinos

Tradición y modernidad marcan el guión de la intensa actividad en Marcos Miñambres, la prodigiosa bodega levantada por Pedro Marcos en el año 2002 como testimonio y orgullo de una forma de entender el vino en una de las zonas históricas de producción en el sur de León..

 

Aspecto de la fachada principal de la formidable bodega construida por Pedro Marcos. - R. Blanco fernández

Rafael Blanco. 15/07/2011

mapa de situación de la bodega Figura irrepetible del vino leonés, no podría entenderse un acercamiento histórico a la actividad vitivinícola en el sur de la provincia sin hacer una mención expresa y extensa a Pedro Marcos. Desaparecido físicamente hace tres años, Pedro el de la Alcoholera defendió a ultranza el prieto picudo, impulsó el reconocimiento de la variedad desde la actividad privada, por supuesto, pero también desde la creación de los órganos que habrían de tutelar su calidad y destacó el protagonismo de Villamañán como referencia vinícola de primer orden. Inevitable y siempre oportunamente recordado en tantas y tantas conversaciones sobre el vino, su presencia en la bodega trasciende las representaciones que cuelgan en las paredes y se intuye en lo intangible. Recogió el legado en la actividad de su padre, Manuel Marcos y reinterpretó un negocio que había ocupado a la familia desde 1876. No sólo se tiene constancia de la labor en la viña y en la bodega desde ese año, sino que ya entonces se apostaba por la máxima calidad del vino. Da fe de ello el hecho ciertamente insólito de que con esa referencia temporal ya se embotellaba con etiquetas laboriosamente escritas y decoradas a mano. Con esos antecedentes familiares en torno a la viticultura no es de extrañar que Pedro Marcos fuese también en otros sentidos un adelantado a su tiempo, como lo demuestra su inequívoca y firme apuesta por el albarín, un tesoro en la tierra del prieto picudo cuyo cultivo empieza ahora a generalizarse, veintitantos años después de que él plantase once hectáreas con ese varietal que ahora causa sensación por su rendimiento cualitativo y por su singularidad.

Un albarín, el célebre y celebrado primavera, que es como se pide en el entorno geográfico porque llega puntualmente con la estación, un rosado de corte tradicional (45.000 botellas; 2,00 euros en bodega) y un tinto de medida permanencia en barrica, en torno a seis meses (15.000; 3,00), estructuran la gama. De Los Silvares (4.000; 9,00) , elaborado con uva de viejas rastreras del paraje que se menciona, con catorce meses de permanencia en barrica y presentado con la certificación de la denominación de origen, llega al mercado el 2007. Con seguridad no habrá 2006, ni 2007 ni tampoco 2010, pero el 2009 será memorable. En honor de su mentor.

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