+
Accede a tu cuenta

 

O accede con tus datos de Usuario de Diario de León:

Recordarme

Puedes recuperar tu contraseña o registrarte

 
 

AGRICULTURA

El campo necesita frío y agua para librarse del topillo

La plaga del roedor ha causado más daños en las explotaciones de siembra directa

 

Jorge Álvarez busca huras en una de sus parcelas. JESÚS F. SALVADORES -

16/01/2017

A. Domingo | Redacción

Los mismos cultivos que se ven afectados por la falta de agua de este otoño-invierno hunden, además, sus raíces en las mismas tierras en las que se ha declarado la plaga de topillo campesino en la provincia: parcelas de Esla-Campos y Sahagún muestran multitud de huras, auténticos sumideros de la ganancia de los agricultores. «No ha llovido», señala Jorge Álvarez, presidente de los regantes de Payuelos, en Joarilla de las Motas, donde muestra el desastre que provocado por la falta de agua y el roedor en una finca de trigo duro.

Faltan precipitaciones y agua que anegue el entramado de galerías que construye el topillo y termine ahogándolo. Lo cierto es que la plaga ha regresado por las buenas condiciones climáticas que ha encontrado en un otoño sin frío ni lluvias, de ahí que el mejor remedio para acabar con el boom poblacional de la plaga sea el frío y el agua: un ambiente hostil que lleve al pequeño a meterse en su madriguera y termine con el exceso de población por el hambre y las enfermedades que contagia a sus congéneres y a otras especies, como la tularemia. Las bajas temperaturas y la humedad reducen la actividad del roedor y también su número.

Jorge Álvarez apunta que el daño es mayor en las fincas de siembra directa que en las que se han arado y, por tanto «se han destruido las madrigueras y los ratones». De ahí que resulten más verdes las fincas en las que las subsoladoras han hecho su trabajo.

«Hay más de lo que pensaba», apunta el productor, que rápidamente localiza la entrada a las madrigueras por las calvas que las rodean, donde la pequeña alimaña ha devorado el grano o el brote. Lo mismo sucede en otra finca de Álvarez, sembrada con alfalfa. «Acaban con el cereal, porque son roedores y se comen el grano, que les gusta más. Y causan daños en la alfalfa, aunque aquí son menos, porque luego puede volver a brotar».

Se lo comen todo

Los técnicos apuntan que los topillos «se lo comen todo», la simiente y los brotes, que cortan para comérselos ya a cubierto, una vez pasada la hura. Ciertamente, en la alfalfa existe la posibilidad de que recupere el brote perdido en primavera, siempre que no queden topillos que vuelvan a alimentarse de la planta. Semillas, brotes y corredores entre agujeros —perfectamente marcados en la vegetación a fuerza de pasar— son los daños que deja el topillo campesino en las explotaciones agrícolas.

Álvarez apunta a la Junta como solución a la plaga. Las medidas que la Consejería de Agricultura y Ganadería aprobó en diciembre para combatir el exceso de topillos contemplaban el uso de veneno rodenticida y la quema de vías de dispersión —cunetas, linderos y desagües—, pero el uso del primero no se ha autorizado en las comarcas leonesas afectadas y encuentra una fuerte oposición entre la comunidad científica, los conservacionistas e incluso entre los cazadores, al afectar a otras especies, como se vio cuando se autorizó la medida en tres de las siete comarcas agrarias en las que se autorizó esta controvertida medida Campos (Palencia), Tierras de Campos (Valladolid) y Campos-Pan (Zamora).

Sin veneno, el agricultor se encoge de hombros. «Lo que diga la Junta», señala Álvarez. Los especialistas apuntan a la prevención —roturación de terrenos abandonados en los que pueda cobijarse la especie, entre otras medidas— como única alternativa. Con el problema encima sólo queda esperar que el frío, ya instalado y una lluvia que no se anuncia terminen con la dañina plaga.



Club de prensa