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San Miguel celebra el viernes la tradicional feria de Santa Lucía

 

VILLABLINO. Víctor del Reguero
11/12/2002

La antigua localidad de San Miguel, absorbida por Villablino en 1958, celebra el próximo viernes la tradicional feria de Santa Lucía, un acontecimiento que en su día adquirió una notable importancia, pero que en la actualidad se ha reducido a una jornada donde los puestos ambulantes que se instalan en algunas calles del barrio son el único recuerdo de esta fiesta ganadera. En realidad muy pocos recuerdan hoy aquella feria que se celebraba cada año, el 13 de diciembre, en San Miguel de Laciana. A ella acudían las gentes de estas tierras a comprar los productos para las próximas navidades, pero no todo quedaba en la venta, porque los vecinos de San Miguel también hacían baile en el salón del pueblo. Más que compras y ventas Fue una de las ferias con más arraigo del valle, y a ella acudían vendedores con productos de zonas vecinas, como Palacios del Sil, el Bierzo, Somiedo o Villar de Vildas. Pero no todo se circunscribía a comprar a los feriantes. Por la mañana había misa y por la tarde se rezaba el rosario. En el Nicho de las Ánimas los creyentes daban limosna y rezaban, y pasadas las ocho de la tarde comenzaba un baile con cantadoras de pandero, castañuelas y acordeón, que se prolongaba hasta la medianoche. A los vecinos de San Miguel les llamaron los terrazos. Este pueblo, que perdió la identidad en 1958 al ser anexionado a Villablino, contaba en 1750 con 60 vecinos, frente a los 22 de Villablino, según el Catastro del Marqués de la Ensenada. San Miguel de Laciana todavía conserva hoy aroma de pueblo, y sus vecinos lo consideran más como tal que como barrio. La vieja casa de la escuela, sus molinos y lavaderos, sus hórreos, sus casas, sus calles y sus gentes rememoran los tiempos en los que el valle vivió sus mejores tiempos. El orgullo de sus vecinos es la iglesia y su campanona. Parece ser que, a principios de siglo, las campanas y la iglesia no se encontraban en buen estado. Constantino Gancedo Rodríguez, ilustre personaje nacido en este pueblo y benefactor del mismo, decidió hacer dos nuevas campanas y una de ellas, debido a su gran tamaño, quedó con este apodo. La casona permanece indeleble al paso del tiempo en lo más alto del pueblo. Desde que la Marquesa de Inicio decidiera construir este edificio, utilizando materiales de un palacio quemado en San Mamés de las Rozas, muchos personajes han pasado por esta singular casa. El ministro de Fomento Francisco Cambó se alojó en ella durante sus estancias en Laciana, en 1918 y 1919, para supervisar las obras del ferrocarril Ponferrada-Villablino. También fue utilizada en la II República como escuela y saqueada por los nacionales, que tuvieron en ella su reducto durante la guerra.





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