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LIGA DE CAMPEONES

El Real Madrid logra la decimotercera en Kiev, la tercera consecutiva y la cuarta en el último lustro

Bale se gana el cielo con una chilena que rivaliza en belleza con el voleón de Zidane en Glasgow

 

Celebración de los integrantes del equipo del Real Madrid tras su victoria en la Champions. - ARMANDO BABANI

ÓSCAR BELLOT | KIEV
26/05/2018

El Real Madrid es inquebrantable. Ni una temporada plagada de altibajos ni un adversario por cuyas venas también corre la sangre de los ganadores impidió que el cuadro de Chamartín engrandeciese su leyenda amarrando la decimotercera en Kiev. Tercera 'orejona' consecutiva y pleno de Zinedine Zidane, al que le han bastado menos de tres años como entrenador de primer nivel para situarse a la altura de Carlo Ancelotti y Bob Paisley, los únicos que hasta el advenimiento del marsellés podían presumir de un triplete desde el banquillo en la máxima competición continental. Todo le sale a la perfección al marsellés, que acertó metiendo de inicio a Benzema, autor del gol que abrió el marcador y el más entonado de su equipo todo el choque, y aún más cuando acudió a Bale, que se ganó el cielo facturando una chilena cuya belleza rivaliza con el voleón de su técnico que significó la 'novena' en Glasgow y que luego sentenció con un latigazo desde fuera del área que dobló la mano de Karius. Soberbia actuación del extremo, pese a que pecó de avaricia en otra acción en la que debió dar el pase de la muerte a Cristiano Ronaldo. Más que perdonable.

Tumbó el Real Madrid al Liverpool, que metió miedo durante los primeros minutos pero que acabó pereciendo ante el hambre inagotable del rey de Europa. Tercera Champions seguida para los blancos -algo que no ocurría desde los años setenta, cuando las consiguieron el Ajax y el Bayern de Múnich- y cuarta en el último lustro. Un dominio de otra época, equiparable prácticamente a la hegemonía de aquella escuadra mítica abanderada por Alfredo Di Stéfano.

Cinco Copas de Europa amasó la 'Saeta Rubia'. Los mismos títulos de la Liga de Campeones tiene ya Cristiano Ronaldo, emblema de una escuadra para la que se agotan los calificativos. El Madrid, una vez más conviene recordarlo, no juega las finales; las gana.

Ni un gris inicio de partido hizo temblar al campeón, que repitió con éxito el once de Cardiff, algo inédito en las finales de la Champions. Máxima confianza en un bloque que no sabe lo que es perder, pero que sí sufrió mucho en el primer tramo ante un Liverpool dispuesto a morir con todo. El partido parecía franco para los 'reds'... hasta que Salah se fue al suelo. Cayó mal el egipcio en un lance con Sergio Ramos y se golpeó en el hombro. Trató de volver el 'faraón', pero enseguida tuvo que rendirse a la evidencia. La final se había acabado para uno de los futbolistas de moda, que tuvo que dejar su puesto a Lallana.

Perdió a su gran figura el Liverpool, que se rearmó con un 4-4-2 en lo que restaba del primer tiempo y pasó sus peores minutos, por lo que a vuelta de vestuarios Kloop reactivó el tridente, ahora con Lallana en el sitio de Salah. Cinco minutos después, era Carvajal el que tenía que abandonar el rectángulo por una acción similar a la que protagonizó Dembélé ante el Getafe y que le costó varios meses de competición. Vistas sus lágrimas, el Mundial parece una quimera para el lateral, al que reemplazó Nacho, y que ya tuvo que perderse la última Eurocopa por un percance en la final de Milán.

Adelantó líneas el Madrid, que empezó a adueñarse del cuero y que incluso llegó a rebasar a Karius, aunque el árbitro invalidó el tanto de Benzema por fuera de juego de Cristiano. Amenazó también Nacho con un golpeo que se fue al lateral de la red tras un gran centro de Benzema. El '9' era el que mejor estaba entendiendo el partido, descargando a las bandas y desnortando a los centrales. Tras pasar el Real Madrid los primeros 20 minutos con la soga al cuello, fue el Liverpool el que respiró aliviado con la llegada del intermedio.

El tiempo permitirá saber qué les dijo Zidane en el descanso a sus pupilos, pero su salida nada tuvo que ver con el nefasto inicio de partido. Isco gozó de una ocasión clamorosa, pero su disparo se estrelló en el travesaño. El fútbol suele ser inclemente con quien perdona semejantes oportunidades, pero el halo del Madrid supera todo. Quizás operaron los "poderes especiales" de los que habló Kroos cuando Karius le cedió la pelota a Benzema para que el lionés sólo tuviese que empujarla. Una pifia aún más monumental que la de Ulreich en semifinales, también con el '9' como beneficiario.

No sucumbió al desaliento el Liverpool, que aprovechó un fallo de marcaje a la salida de un córner para empatar por mediación de Mané. Un tanto que hizo entrar en ebullición a la afición 'red', más numerosa que la hinchada merengue en el Olímpico. No tardaría en desinflarse. Decidió Zidane que ya era hora de alistar a Bale. Tardó dos minutos en destapar el tarro de las esencias. ¡Y de qué forma! Se elevó el galés para recoger un balón llovido del cielo, calcando la chilena de Cristiano Ronaldo ante la Juventus pero en una final. Otro gol para la historia, clave junto al zurriagazo que mató el choque para convertirle en el mejor jugador de la final. Venderle en verano sería un error monumental. Una época que se antoja complicada, teniendo en cuenta el mensaje que dejó Cristiano al término del choque apuntando a una posible marcha. Pero esa es ya historia para otro día.

Celebración de los madridistas en la capital leonesa. ÁNGEL FRAGUAS



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