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CANTO RODADO

¡A por ellos!

A los policías que enviaron a Cataluña para el referéndum del 1-O, les jalearon en algunos lugares de la España profunda (no siempre son los pueblos) con el grito de guerra del fútbol: ‘A por ellos’

 

¡A por ellos! -

Ana Gaitero
27/05/2018

A por ellos!, fue el encargo que la patriotería oficial encarnada por el Gobierno hizo a los agentes que envió a parar el 1-O a Cataluña. El PP decidió que el problema catalán era una cuestión de orden y se lavó las manos. Hasta que en diciembre llamó a capítulo a la leal oposición para que respaldara su segunda idea: suspender la autonomía catalana. Ciudadanos y PSOE hicieron de comparsas.

El problema pasó de las porras a las puñetas. Y ahí sigue. Como una emisora a la que pretenden tener enganchada a la ciudadanía, pero de la que todo el mundo ha desconectado. El problema catalán se ha convertido en la gran excusa, la gran pantalla que todo lo tapa, para el PP, y la lanzadera electoral de Ciudadanos.

Que sí, que tenemos un problema, que Torras ya no es que sea un turras, que lo es, y mucho, que es un tipo con un historial peligroso de declaraciones antiespañolistas, aunque aún no lo han enviado a la cárcel de Estremera. Que la sociedad catalana está partida.

Pero al partido gobernante le da igual partida que echa trizas porque Cataluña era su salvoconducto para España. Para mantenerse en las encuestas, para no hablar de la corrupción. La política de la sordera, la era del plasma, el quinquenio y medio de pérdida de derechos y libertades parece que ha tocado fondo. Al PP le han aplicado su propia medicina. ¿No quería tribunales? Pues toma tres tazas.

La condena por corrupción de un partido político, y no un partido cualquiera, es otro de esos acontecimientos que en una democracia real deberían hacer temblar al sistema. Veremos que hace Ciudadanos, si apoya la moción de censura del PSOE. A Rajoy le queda poco margen: en el momento en el contador de la moción de censura se ponga en marcha ya no podrá convocar elecciones.

Al PP se le ha vuelto en contra el grito de guerra de los futboleros. Ahora van a por ellos. Y lo saben. La suerte está echada. Pero qué antiguo suena todo esto. Parece de la época de los césares y los cónsules romanos. Como si el mundo no hubiera evolucionado.

Y no es verdad. Las calles son la prueba palmaria de la gente demanda otras cosas, más que pan y circo, queremos pensiones, sanidad, educación, empleo y salarios dignos; queremos igualdad, que se acabe la violencia masculino-machista hacia las mujeres; queremos vivir en paz. Queremos la primavera y las flores. La utopía, dicen ellos.

Diferentes movimientos sociales y políticos, con el feminismo a la cabeza, están pidiendo otra política. Ante un escenario electoral, se plantea la incógnita de qué va a pasar con movimientos como el 8M ¿Qué van a hacer las mujeres? ¿Acabarán organizando un (otro) partido feminista? ¿Qué va a pasar con las movilizaciones de las mujeres precarias: ayuda a domicilio, kellys, etc.? ¿Y la gente deshauciada?

El sistema electoral está en manos de los partidos de siempre y los que han llegado nuevos se dedican a medrar y mirar para otro lado o a hacer votaciones sobre asuntos de la vida privada de sus líderes y lideresas. Pronto tocará votar a qué colegio enviar a las criaturas o si el menú familiar debe ser vegano, crudívoro u omnívoro. ¡Qué pesadez!

Lo personal es político porque hay unos derechos sexuales y reproductivos que se les han arrebatado o arrebatan a las mujeres, pero no porque interese la vida privada de Pablo Iglesias e Irene Montero. Hay cosas más importantes. Todavía están votando en Irlanda la despenalización del aborto y en Argentina se pelea por lo mismo.

Lo personal es político porque hay un montón de trabajos que realizan las mujeres en el ámbito privado y no cuentan para la sociedad

Eso es lo que no ve la política del a por ellos. Los mismos que hoy inaugurarán con drones el Palacio de Exposiciones (porque el Palacio de Congresos va para largo). Un proyecto que se hizo para recuperar el edificio fabril de una industria histórica en León se estrena sin restaurar la vieja fábrica y con un canto a la guerra.

En el barrio de La Vega-La Sal esperan que les caigan unas migajas. Porque, como dice el dueño del bar Beltrán, en otro tiempo santo y seña de la clase obrera y fin de trayecto del autobús, ya no hay fábricas ni talleres y negocio cada vez menos.

¡A por ellos!, gritarán hoy los de la Cultural y los del Oviedo. El viejo grito de guerra, que sólo deberíamos lanzar para desenmascarar y acabar con los violadores y los maltratadores.