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Abelló, el compañero de aventuras empresariales

 

28/03/2010

El despegue empresarial de Mario Conde estuvo íntimamente ligado a uno de los nombres con más raigambre en la historia de la industria química leonesa: Juan Abelló. Doctor en Farmacia, hijo del fundador de la Fábrica de Productos Químicos y Farmacéuticos Abelló, dirigió la empresa con factoría en la capital leonesa desde 1965. Ahí inició una larga e intensa trayectoria empresarial que desde el sector químico pasó después a controlar ámbitos como el inmobiliario, la distribución alimentaria o la telefonía.

Abelló fue nombrado director general de Antibióticos a finales de los año 70, y fue presidente desde 1985 hasta la venta de la empresa en 1987. Su relación con Mario Conde se inició en 1976, cuando el joven y brillante abogado trabajó con él dos años en la reorganización del laboratorio familiar. En 1982 el empresario le llamó de nuevo, esta vez para diseñar el «asalto» a Antibióticos, en un momento convulso para la industria química. Diseñaron entonces una arriesgada estrategia: vendieron Abelló por 2.700 millones de pesetas a una multinacional norteamericana, y con el dinero compraron el 14% de Antibióticos. La venta a Merck Sharp and Dohma fue la primera operación de «chapa y pintura» empresarial del joven tiburón de los negocios.

En 1985 llegaron al consejo de administración de Antibióticos, con no pocas suspicacias por parte de los otros miembros. Decidieron entonces comprar Ibys, otro de los accionistas de Antibióticos, endeudándose en 4.000 millones de pesetas de la época. Una operación que les dio la mayoría del accionariado.

En tres años la facturación de Antibióticos pasó de 11.000 (en 1983) a 28.000 (en 1986) millones de pesetas: había llegado el momento de dar el golpe y vender la compañía con sede en León. Fue el inicio de una aventura empresarial conjunta mucho más ambiciosa.

En una entrevista concedida a Diario de León hace algún tiempo, Abelló consideraba que su relación con Conde en León «se ha contado muy mal». Señaló entonces que fue a petición del consejo que pidió a Conde que trabajara en Antibióticos, para sustituir a su padre, que tenía entonces 85 años, y a su cuñado, enfermo del corazón. «Fueron los socios los que le reclamaron como consejero delegado». Y fue Abelló quien permitió al abogado entrar en el capital de la sociedad.

«A partir de ahí fuimos socios y nuestro planteamiento industrial nos llevó a vender, en un momento en el que lo aconsejaba la situación del sector para garantizar el futuro de la compañía. Y pese a que el Gobierno nos instó a liderar una multinacional farmacéutica española», explica el empresario.

Según Abelló, las discrepancias con Mario Conde llegaron poco después, en 1989: «Fueron discrepancias puramente empresariales, referidas al planteamiento de la gestión de Conde en aspectos puramente bancarios y del entorno en el que se estaba desarrollando Banesto». La otra historia, la no oficial, apunta más bien a presiones familiares para apearse a tiempo de la peligrosa escalada en la que vivía Conde.

La conclusión, pasado el tiempo, era clara: «Yo me fui y estoy aquí. Y él, está donde está. No puedo juzgarle. Fue mi amigo y me hubiera gustado verle en otra situación».

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