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Algo se mueve en Pyongyang

 

Enrique Vazquez
21/01/2018

Cuando el Gobierno canadiense confirmó que celebraría en Vancouver el 16 y 17 de enero una «conferencia del recuerdo» de las potencias que combatieron en la guerra de Corea del lado del Sur ¿sabían que para entonces se habría creado un clima algo mejor entre los beligerantes de hoy, es decir, entre Corea del Norte y los Estados Unidos? Tal vez no, pero en Washington, el del imprevisible presidente Donald Trump, se está poniendo un énfasis en el asunto que permite especular con la posibilidad real de estimular definitivamente el anhelado proceso de reunificación.

Por entonces no quedó claro qué se pretendía con la rara iniciativa a la que, además, se invitó a grandes países que no tomaron parte, como Japón o la India, y que hoy están en el consenso internacionalmente aceptado de que la división de la península coreana en dos partes y la existencia de dos estados es incomprensible. Sobre todo si se tiene en cuenta que el gran socio soviético, que posibilitó el empate sobre el terreno y creó el régimen pro-estalinista, se ha convertido en una Rusia nacionalista que no reniega de su pasado y asume la conducta diplomática de la extinta URSS, pero es polivalente en su política internacional y pragmático en su práctica.

En este curioso marco, el presidente Trump parece gestionar casi personalmente el grave asunto de la relación (o, si se prefiere, la no relación) de los Estados Unidos con Corea del Norte. Tras su larga gira por Asia-Pacífico del mes pasado, los observadores anotan una aparente voluntad de las partes de revisar su largo contencioso, nacido con la guerra de 1950-53 terminada con el armisticio de Panmunjom.

Llegar a este acuerdo exigió nada menos que el aval del presidente de Corea del Sur, Mun Jae-in, a quien Trump prometió que en tanto haya diálogo político entre las partes no habría ninguna iniciativa militar. Es mucho prometer... salvo que se dé por seguro que el Norte se unirá al clima de normalización. En este ambiente se inscribe la anécdota del propio Trump: tuvo que matizar al ‘The Wall Street Journal’ que él no había dicho que tiene «una buena relación con Kim Jong-un», el presidente norcoreano, sino que «podría tenerla».