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Ángel Pestaña: El anarquista de la triste figura

Pestaña es uno de los más destacados hijos de la España proletaria, cuya vida está signada permanentemente por la lucha y embellecida por el idealismo.

 

Ángel Pestaña: El anarquista de la triste figura -

TOMÁS ÁLVAREZTOMÁS ÁLVAREZ 25/04/2004

«Yo nací el día 14 de febrero de 1886 en Santo Tomás de las Ollas, pueblecito limítrofe a Ponferrada del Bierzo (provincia de León), a la que hoy está agregado Santo Tomás, por lo que ya no existe dicho pueblo. Mi padre era analfabeto en absoluto, pues no sabía leer ni escribir..» Escribe en su libro autobiográfico: Lo que aprendí en la vida. Así empieza su relato autobiográfico este berciano, donde muestra al lector las llagas del proletariado de finales del siglo XIX. El padre, minero y ferroviario, peregrinó en busca de trabajo por la España del norte, un peregrinaje en el que se desgajó la propia familia. Segovia, Béjar, Canfranc, Castro Urdiales, Achuri, Sopuerta, Las Barrietas¿ son nombres que se suceden en la retina de un rapaz sacado de su pueblo a los trece meses de edad, y a donde sólo retorna cuando andaba por los diez años. El padre, un «volteriano que no creía en los curas» concibió la idea de dejar a Ángel en casa de un tío que residía en Ponferrada. Se comprometió a enviar dinero para ropa y libros, con el objeto de preparar al muchacho para ser sacerdote. Sin embargo, el tío nunca envió a Ángel a la Escuela; lo puso de pastor. Jugador y mujeriego, retribuyó al pequeño pastor con comida escasa y abundantes golpes, hasta que el muchacho huyó, refugiándose a la vera de su padrino, Tirso, el tamborilero de Santo Tomás. Devuelto el niño a su progenitor, se sucedieron otros años de odisea y penuria. A los diez años ya era minero, en una explotación que tenía el segundo nivel inundado y donde, si alguien caía, encontraba la muerte. A los catorce años vio morir al padre a causa de una bronconeumonía, después de tres días de agonía en una habitación oscura. Quedó huérfano y con un capital de 27 pesetas de deuda. Nadie se acercó a ayudarle. «Nunca como entonces comprendí la ingratitud humana ni la dureza de sentimientos que crea la pobreza». Al día siguiente volvió a la mina. A partir de aquí, la existencia del muchacho berciano fue un peregrinaje aún más difícil. Trabajó en las trincheras de ferrocarril de La Robla, en la minería bilbaína, calderero en Fuenterrabía¿ Y pronto conoció la cárcel. Después de un mitin en Sestao, en el que defendió el horario de ocho horas, fue detenido, salvajemente golpeado y conducido a los calabozos. Alguien le hizo llegar una cesta con comida. Esta vida cargada de dureza y desolación forjó el carácter del berciano, serio y solidario. Sus amigos le llamarían a veces «caballero de la triste figura». Después de ser trasladado a la cárcel de Valmaseda, recobró la libertad. Nueva peregrinación en busca de trabajos: peón de obras, integrante de un grupo artístico por Santander y Asturias, Burdeos, San Sebastián... Cuando estaba trabajando en Guipúzcoa, en una nueva fábrica de espejos, se enteró de que le buscan por el proceso de Sestao y volvió a Francia con nueva identidad: Ismael Nadal, alcoyano. Acabaría en Sette, en la costa mediterránea, de alparagatero. Allí conocería a su eterna compañera. De Francia, pasó a Argel, donde se inició en un nuevo oficio: relojero. Entones empezó a colaborar en revistas de la CNT, antes de volver a Barcelona, en los días de inicio de la Primera Guerra Mundial, con la identidad de Ángel P. Núñez. Ángel Pestaña vivió el auge de la CNT de forma directa, desde su llegada a Barcelona en 1914, donde se unió al anarquismo, y colaboró activamente en publicaciones obreras. Pestaña adquirió prestigio en toda Cataluña, por su rigor ético y su idealismo. Desde un primer momento se le identificó más con los anarquistas puros que con los sindicalistas revolucionarios de Seguí. Participante en la Conferencia Internacional contra la guerra celebrada en El Ferrol (1915), fue director de Solidaridad Obrera, de Barcelona (1917-1919), e impulsó el diálogo entre anarquismo y UGT, en un periodo en que ambos sindicatos llegaron a convocar conjuntamente la Huelga General de 1917. Participó decisivamente en el Congreso de Sans, de 1918, encuentro regional que tuvo gran trascendencia para toda la CNT, pues fortaleció la estructura interna catalana e inició un periodo de gran crecimiento del anarquismo. En el II Congreso de la CNT, en Madrid, propuso la fusión de CNT y UGT, con objeto de crear ya las bases de un ambicioso sindicalismo moderno. Enfermo, Pestaña no pudo defender su propuesta y ésta se alteró sustancialmente en el debate hasta transformarse en una inútil oferta a la UGT para que aceptasen la absorción. Fue delegado por la CNT en el II Congreso de la Internacional Comunista celebrado en Moscú en 1920. A su vuelta de la Unión Soviética, escribió su Informe de su estancia en la URSS (marzo de 1922), que provocó que la CNT en junio de 1922 rompiese su acuerdo de 1919 favorable a la III Internacional. Pestaña se sintió decepcionado ante la experiencia rusa y el ambiente de confabulación y autoritarismo. Desde el año de 1918, impulsados por el Congreso de Sans y la crisis de la industria catalana, miles de obreros fueron afiliándose a la organización. La CNT se transformó en una potentísima masa obrera, pero con un cáncer: una interpretación extrema de la «acción directa» condujo a la violencia, y surgió un pistolerismo de tres bandas: obrero, patronal y gubernativo. Es interesante repasar en este aspecto algunos escritos de Pestaña. El sindicalista narra en su libro Lo que aprendí en mi vida cómo dos compañeros jóvenes le plantearon un día la cuestión: «Estamos dispuestos a atentar contra el patrono o dirección de fábrica que la organización nos encargue que debe suprimirse. A cambio sólo pedimos que la organización nos pague los gastos que tengamos y los jornales perdidos». Pestaña se mostró siempre en contra de este proceder. «Comprendo el atentado personal cuando es un gesto del hombre que en un momento dado de la historia quiere suprimir la vida de un tirano, de un liberticida, de un sojuzgador de pueblos. Lo comprendo y me lo explico, aunque no lo justifique ni vea en él tanta eficacia como otros han querido ver (¿) Pero de eso, a lo que vosotros proponéis, o sea, organizar metódicamente el atentado personal media un abismo». Pero los grupos terroristas se organizaron, amparados por la organización, y sembraron una dinámica que acabó dañando al anarquismo. Al terrorismo de la clase obrera también se enfrentó el de la patronal, que pagó salarios elevados por «pieza cobrada». En 1920 se ofrecieron 23.000 pesetas por la cabeza de Pestaña, y su salida precipitada a Francia evitó la «caza». Y hubo un tercer terrorismo institucional, fomentado por el gobernador de Barcelona, Martínez Anido, que buscó también acabar con la vida de Pestaña. Éste resultó gravemente herido en Manresa por pistoleros, el 25 de agosto de 1922. Una mujer de un prostíbulo cercano recogió al herido. Los propios pistoleros cercaron el hospital para rematar al anarquista, lo que provocó el revuelo del personal sanitario, una interpelación parlamentaria de Indalecio Prieto y la destitución del gobernador civil de Barcelona. Los periódicos de aquellos días dan detalles de la vida del berciano. Residía en Barcelona, en la calle de San Jerónimo, con María Espes, su compañera, aragonesa de origen, y tres hijos: Josefina, Eliseo y Susana. Carmen, de 18 años, la hija mayor, estaba casada en Madrid. Recordando aquel periodo, escribió Pestaña que el terrorismo obrero y el patronal, eran terrorismos de clase; el del Poder era terrorismo político. Unos y otros empobrecieron la voz obrera y acabaron favoreciendo la llegada de la dictadura de Primo de Rivera. La situación de la CNT era insostenible, ingobernable. Pestaña -dialogante, moderado y posibilista- siempre intentó en aquel periodo impedir que los sindicatos entrasen en la lucha terrorista. Tras el asesinato de Seguí, en marzo de 1923, Pestaña quedó como figura de referencia, pero progresivamente fue identificándose como reformista del anarquismo tradicional. En 1924 lanzó la idea de una alianza de izquierdas para hacer frente a las derechas golpistas, por lo que algunos vieron en él a un peligroso reformista sindicalista. Durante la Dictadura de Primo de Ribera la crisis de la CNT se agravó. A los problemas internos se añadió la represión. Pestaña volvió a la cárcel. El foso entre quienes practicaban el terrorismo y quienes mantenían una actitud posibilista siguió agrandándose. Con la llegada de la II República, el número de afiliados a la CNT alcanzó los 1.200.000 militantes. En 1931 se celebró el Congreso Extraordinario de Madrid, donde se organizaron las Federaciones nacionales de industria, se planteó la reforma agraria y se debatió la posición ante el parlamentarismo republicano. Pestaña tuvo un papel destacado. Los dirigentes más moderados, entre los que estaba el berciano, alegaron que las Cortes eran fruto de la acción revolucionaria del pueblo (y de la acción de la propia CNT); los contrarios calificaron la postura de colaboracionista y mantuvieron el conocido «apoliticismo». Ganaron los primeros, partidarios de avanzar hacia un sindicalismo moderno, pero la crisis interna de la CNT impidió el avance en la línea moderada. Los radicales plantearon en los meses siguientes una «gimnasia revolucionaria» que urgía la acción violenta. En multitud de lugares se realizaron insurrecciones. Los levantamientos siempre acababan con la derrota y regresión, mientras los líderes de la FAI estimulaban aquella rebelión atomizada e inútil en aras de un paraíso imposible e indefinido. Federica Montseny decía que aquella sangría no importaba. «También mata la gripe» «¡Adelante, por encima de las tumbas! Cuando las tierras, las almas, son estériles, la sangre, el abono humano, las hace fecundas». Enfrentado a la FAI (Federación Anarquista Ibérica), Pestaña se comprometió en el Manifiesto de los Treinta a limar los extremismos de la CNT. Los Treinta defendían que la revolución debía ser obra de un movimiento arrollador del pueblo, no de grupos descontrolados y radicalizados. La reacción contra este sector por parte de la FAI y los dirigentes más radicales (Federica Montseny, Buenaventura Durruti, García Oliver y otros) fue violenta: excluyeron a los firmantes de la dirección de la CNT. Pestaña acabó siendo expulsado en 1932. En 1933, Pestaña creó la Federación Sindicalista Libertaria y un año más tarde el Partido Sindicalista, para intentar conseguir que los cenetistas participaran políticamente en la República. Había descubierto -en su propia existencia- que las campañas abstencionistas habían fracasado; había descubierto que cada nueva tentativa revolucionaria parecía tener menos fuerza; que la acción violenta era cada vez más inútil. Por ello abandonó la profesión de fe anarquista del antiparlamentarismo. De 1935, es la descripción de Pestaña hecha por Ángel María de Lera, que le conoció en un encuentro cenetista en Cádiz. «Ví a un hombre de unos cincuenta años, de buena estatura, huesudo y membrilargo y como hundido por el peso de una carga invisible. Tenía la cabeza pequeña, con el pelo aplastado y peinado hacia atrás, y un rostro agudo y descolorido. Sólo sus ojos penetrantes, oscuros y más bien pequeños, revelaban un espíritu inquisitivo, inteligente y dueño de sí (¿) Además, vestía con decoro de menestral en domingo». Aquel día, Pestaña aguantó inmóvil los ataques de un grupo de la FAI que intentaba boicotear la reunión. Luego habló durante hora y media, ante el gozo de los asistentes. Y Lera escribió: «Dijo todo lo que quiso sin una vacilación, sin repeticiones y argumentando con un rigor lógico verdaderamente magistral e irrebatible. Nada de demagogia fácil(¿) Seco, martilleante, contundente, persuasivo. Estilo enjuto y diáfano, dicción clara con un ligero deje catalán(¿) una inteligencia clarividente, un espíritu superior, una voluntad diamantina y un valor estoico a toda prueba». En febrero de 1936, fue elegido diputado por Cádiz con el Frente Popular. Intervino en Barcelona en la lucha contra la rebelión de julio de 1936. En octubre fue nombrado subcomisario general de Guerra, defendió durante la Guerra Civil la organización interna y la defensa de un ejército fuerte y disciplinado. En septiembre de 1937 fue readmitido por la CNT. El 11 de diciembre de aquel año, descansó de una vida especialmente dura. Como su padre, cayó víctima de un problema bronquial. No tenía aún 52 años y estaba sumamente envejecido, rugoso¿ como si la realidad trágica que vivía hubiera acortado su vida. Dejó de herencia 6.000 pesetas de deudas de facturas médicas y medicinas. Su entierro fue una masiva cita a la que faltó sólo el Partido Comunista. Preocupado por los temas sindicales y sociales, Pestaña tuvo una pluma muy activa. Es autor de reconocidos libros y de artículos sindicalistas, de una comedia, La ciudad , y hasta una novelita titulada Inocentes . Pestaña y el Bierzo Raras veces volvió Ángel Pestaña por el Bierzo, aunque siempre mantuvo contactos con sus familiares e incluso realizó gestiones a favor de su tierra. Miguel José García, en un libro sobre temática berciana informa cómo Ángel Pestaña conocía algunos asuntos de la tierra por la correspondencia de su primo Demetrio Pestaña, natural de Posada, quien le pidió ayuda para impulsar el canal del Bierzo. El 26 de noviembre de 1932 Pestaña escribió un extenso artículo en el diario La Libertad, defendiendo esa obra hidráulica. En él se refiere a su tierra: «Es el Bierzo, por naturaleza, una comarca casi privilegiada. Tiene ricos cotos mineros, pero no se explotan. Las dificultades de transporte, por un lado y las combinaciones bursátiles, bancarias y financieras de las comarcas que se adelantaron, por otro, impiden que el Bierzo explote sus riquezas, dando de comer a los naturales del país». «...tiene posibilidades en sus montañas para una intensa recría de ganados. Tiene¿ hoy miseria, emigración y lobos. Lobos que en los inviernos crudos se acercan a las aldeas enclavadas en las vertientes de aquellas montañas agrestes y devoran los ganados. Mientras, los habitantes del país, dominados por una abulia que paraliza sus actividades, producto de la miseria secular que vienen padeciendo(...) y van pasando los días, los meses y los años sin hacer nada o muy poca cosa si no es hundirse cada día mas¿» Más adelante llama la atención a las autoridades públicas del Estado, en demanda del Canal, como elemento de mejora del territorio, y finalmente exhorta a los propios bercianos a luchar también sin fiarse de lo que hagan los caciques.

   
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