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Astorga cambia de marqueses

Pilar-Paloma de Casanova Barón y Francisco López Becerra de Solé recuperan por la vía judicial uno de los títulos más ilustres y antiguos de la nobleza española. Así viven los marqueses del siglo XXI.

 

Francisco López de Becerra y Solé y Pilar-Paloma de Casanova Barón posan en la sala principal de su residencia madrileña, decorada con tapices únicos y cuadros de Murillo, Goya o Rafael Mengs similares a los que hay en los grandes museos del mundo. - raquel p. vieco

Marco Romero
17/03/2013

Entrar en el salón principal produce una sensación extraña, como si hubiera una presencia observando todos los movimientos del invitado, vigilado a pesar de ser un lugar sin personas ni cámaras. Durante la espera mientras la marquesa recibe, uno se da cuenta de que esa percepción está producida por la mirada misericordiosa de una extraordinaria Virgen del Rosario de Murillo, iluminada por un foco que modera la tempestuosa mañana madrileña. Hay cuatro lienzos más de este tipo. Uno está en el Prado, otro en el Museo Goya de Castres, uno más en el Palacio Pitti de Florencia y el último es propiedad de un coleccionista de Texas. Lo cierto es que esa sensación de ser espiado a cada paso puede proceder de decenas de retratos colgados en las paredes y estanterías de esta lujosa vivienda que es más bien un gigantesco álbum familiar inmortalizado por Goya, Rafael Mengs y algunas de las figuras más representativas del arte desde la Edad Media hasta nuestros tiempos. Excepto unas mil obras expoliadas a la familia en tiempos de Napoleón —óleos de Leonardo Da Vinci incluidos— que hoy siguen perteneciendo a Francia.

Son 548 años de historia familiar desde que Enrique IV concediera a Álvaro Pérez Osorio el primer título de marqués de Astorga (16 de julio de 1465), actualmente, y tras una sentencia judicial dictada el pasado mes de diciembre, en manos de Pilar-Paloma de Casanova y Barón. Ella y su esposo, Francisco López Becerra de Solé, ostentan uno de los títulos con mayor solera de España, según consta en la Guía Oficial del Ministerio de Justicia. Sólo unos pocos marquesados como el de Villena, Santillana o el de Aguilar de Campoo son más importantes y antiguos que el de Astorga. Pero ostentarlo y poseer los honores y preeminencias no ha sido fácil. El despacho de abogados que dirige López Becerra de Solé, especializado entre otras disciplinas en derecho nobiliario, inició un proceso judicial antes de que se aprobara la nueva ley de sucesión para reclamar el marquesado a Gonzalo Barón Gavito, primo de su esposa afincado en México.

La Audiencia Provincial de Madrid notificaba recientemente la decisión de los magistrados en favor de Paloma-Pilar, nieta primogénita de la última marquesa de Astorga, la poliédrica María del Perpetuo Socorro Osorio de Moscoso y Reynoso, quien, tras enviudar, terminó sus días recluida en el convento de la Encarnación en Ávila. «Siempre nos decía: ‘En la vida he sido de todo: soltera, casada, viuda y monja, y me quedo con lo último», recuerda Pilar-Paloma durante el encuentro que ella y su esposo mantuvieron en exclusiva con REVISTA en su lujosa residencia de Madrid, donde pasan la mitad del año. La otra mitad están en su finca de Sevilla, excepto los quince días que reservan para reencontrarse con su pasado en el torreón medieval que han restaurado en Turienzo de los Caballeros.

La vivienda, un señorial chalé situado en una de esas urbanizaciones con microclima y parroquia propia, está rodeada por unos inmensos jardines con piezas de terraza art déco y un parque infantil individual para los nietos. Los árboles son inmensos y anuncian una cercana primavera. Una perra samoyedo, Tacha, acompaña al servicio para recibir la visita. En el porche espera el marqués. Fernando López Becerra de Solé tiene porte de señor andaluz, por cierto, uno de los títulos que también ostenta, en este caso por herencia paterna. Que el marqués esté en casa es un lujo añadido porque no hay guía mejor ni más entusiasta para repasar y explicar el legado familiar, casi todo declarado bien de interés cultural. El acceso principal es majestuoso, con dos gigantescos óleos que retratan a los propietarios de la casa. De ahí se accede a un segundo recibidor con estanterías kilométricas cargadas de viejos libros, obras pictóricas, miniatuas, esculturas, medallas, fotografías familiares, etcétera. Y el tercer impacto está en el salón principal, que es como si cerraran una sala del Museo del Prado y la convirtiesen en parte de una vivienda, con un patrimonio indescriptible en cualquier formato que no sea un inventario. «Este es el Gran Capitán y ese es un retrato de Concepción de Guzmán; mira, este tapiz es de la misma colección que el que tiene la sala de recepciones de La Zarzuela», comenta el marqués. En ese momento llega la 25ª marquesa de Astorga, que saluda educadamente, como se espera del aristócrata. Pilar-Paloma es una mujer menuda y con gesto piadoso. Tiene 66 años y, para empezar a eliminar tópicos, no porta diademas ni diamantes, más bien lleva una vida extremadamente sencilla y rutinaria. El matrimonio ha acomodado parte de la vivienda como apartamento y allí hacen la vida cotidiana. A mediodía, Pilar-Paloma acude diariamente a misa en una iglesia cercana. Después da un paseo de una hora y vuelve a casa. Sus compromisos no son otros que la familia. Si no está en Madrid lo más probable es encontrarla con su esposo en Sevilla, en la finca que la familia tiene en el entorno de Doñana y en donde hay otras muchas obras de arte que algún día serán heredadas por los tres hijos del matrimonio: Soledad, Álvaro Francisco —candidato a mantener el marquesado de Astorga—y Mencía.

«Es un título al que siempre he tenido muchísimo cariño y que me recuerda a mi abuela; además, teniendo la torre de Turienzo...». Son las primeras palabras de Pilar-Paloma cuando es preguntada por el resultado del procedimiento judicial que le ha enfrentado con su primo. «Él tenía el título como uno más y el que utilizaba era el de conde de Altamira, además que estaba en México y nosotros queríamos traerlo para España», confiesa. Pese a una sentencia en primera instancia que desestimó las pretensiones del matrimonio López Becerra y de Casanova, la Audiencia Provincial de Madrid aceptó el recurso de apelación. La decisión ya es firme. Así que la Historia debe ser ahora corregida porque el título nobiliario en conflicto (marqués de Astorga con Grandeza de España) era poseído por María del Perpetuo Socorro Osorio de Moscoso y Reynoso, quien contrajo matrimonio con Leopoldo Barón y Torres en 1917. La primera hija, madre de Pilar-Paloma, fue María Dolores Barón y Osorio de Moscoso, en quien tendría que haber recaído el marquesado conforme a las actuales leyes. El matrimonio tuvo un segundo hijo, Leopoldo Barón y Osorio de Moscoso, cuyo primogénito, Gonzalo Barón Gavito, primo de Pilar-Paloma, era el actual marqués de Astorga. La igualdad entre hombres y mujeres introducida por ley en el año 2006 ha cambiado la sucesión de esta saga, hecho que se suma a nuevas casualidades.

Se da la circunstancia de que el matrimonio López de Becerra y de Casanova es propietario de la torre medieval de Turienzo de los Caballeros, situado en territorio del marquesado, desde el año 1990. Lo compraron por pura coincidencia y por el impacto que tuvieron cuando visitaron por primera vez León. «Fue un día maravilloso. La torre estaba prácticamente destruida. Ese día nevaba y estaba todo cubierto de blanco. Nos maravilló y pudimos comprarlo casualmente. Desde que está restaurado, todos los veranos pasamos quince días de descanso allí. Es fantástico porque reponemos fuerzas», explica Pilar-Paloma. No hay más que ver una de las fotografías que exhiben en su casa, donde el matrimonio posa junto al torreón con una saludable cesta de manzanas.

La vida de la marquesa se centra en sus casas y sus nueve nietos. Siempre ha tenido fuertes convicciones religiosas y familiares. Se casó en el castillo de la Rápita (Lérida) con los condes de Barcelona como padrinos. Antes de convertirse en marquesa de Astorga ya ostentaba los títulos de duquesa de Maqueda, condesa de Cabra, marquesa de Ayamonte y de la Villa de San Román, Baronesa de Liñola y Tres Veces Grande de España, entre los más importantes.

La vida del marqués todavía está vinculada a la abogacía. Francisco López Becerra de Solé tiene el despacho de casa tomado por papeles. Parecen desordenados, pero no. Las paredes son otro pequeño museo de manuscritos y escudos y, junto a él, el archivo histórico de la casa, los documentos de mayor valor desde todas las perspectivas.

El matrimonio, tras repasar largamente los vértices de la nueva sentencia judicial y la historia de la familia entra en asuntos de plena actualidad, de los que opina como lo harían en un salón de té junto a otros aristócratas, con medida sinceridad.

—¿Les interesa la actualidad?

Pilar-Paloma. —Claro que sí. Estamos pendientes y tristes por lo que pasa.

—¿De qué manera se vive la crisis en su casa¿

Francisco. —La economía se ha resentido y nos hemos apretado el cinturón. Hay que pensar que nosotros hemos invertido mucho en restauración de bienes. El único beneficio es que al tener bienes de interés cultural, como estamos obligados a mantenerlos y a mostrarlos, nos eximen de pagar el IBI.

—Tienen muchísimo patrimonio en Francia que no han reclamado. ¿Han hecho gestiones?

Francisco. —No, todavía no. Son obras que están localizadas, algunas de ellas en el Museo del Louvre. La familía tenía dos Leonardo Da Vinci, con que nos devolvieran uno... [El tono con el que el marqués cierra la respuesta es más bien jocoso].

—¿Qué opinan de lo que está pasando con el Rey?

Francisco. —El Rey lo ha hecho fenomenal. Nos salvó de una dictadura. Ahora, meternos en sus cuestiones personales y juzgar... Desde luego el Rey ha sido el mejor embajador de España y el país tiene categoría por eso. La monarquía es un bien cultural y hay que mantenerlo. Y tenemos una gran señora, con una labor complicada, eso sí. El Príncipe es la gran esperanza.

—Pero la situación de la monarquía, francamente...

Francisco —Si hoy estuviera Sabino no pasaría lo que ha pasado con Urdangarín. Han tenido muy mala suerte con este señor.

—¿Sigue siendo la aristocracia tan endogámica?

Francisco. —Es mucho menos de lo que era, pero en cierta forma sigue relacionándose, sobre todo la titulada.

—¿Y qué pasa con el resto del país?

Pilar-Paloma. —A mí lo que más me importa es España, que no renuncie a su historia. Yo nací en Madrid, me crié en Barcelona y me casé con un sevillano. Y me considero española. Me horrorizan estas barbaridades que hacen ahora. No podrán deshacer España, el orgullo de ser españoles.

Sólo los Reyes de España y los marqueses de Astorga tienen Canonía y Silla en la Santa Catedral de León. La familia quiso enterrar a la última marquesa en el panteón de los marqueses en la Catedral de Astorga, pero fue inhumada de manera sencilla en el convento que pereció. El título es muy probable que pase al hijo varón de este matrimonio. Una de las razones es la cercanía del territorio a su casamiento con la abogada asturiana Ana María Pancorbo y de Rato, con la que tiene tres hijos. Álvaro es su primogénito.

Llegan las doce de mediodía. La marquesa se tiene que ir. Es hora de iniciar la rutina diaria: la misa y el paseo que hoy impedirá la lluvia. La intensidad de la conversación no ha dejado tiempo ni para un café. Se retoma el asunto de la reciente sentencia. «Esto ha sido la abuela, que nos lo ha mandado desde el cielo», elucubra el marqués. Ella le responde: «La abuela se alegraría, le gustaría que el título estuviese en España y no en México. Ha sido carambola, así es la Historia. Lo que no esperas te llega y lo que quieres no llega jamás».

   
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