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Los ataques de Almanzor al Reino de León

Almanzor fue sin duda el mayor azote musulmán en las espaldas de todos los reinos cristianos peninsulares de la Edad Media. Ni siquiera Abderramán III (912-961 d.C.), el fundador del califato hispano, fue capaz de amenazarlos de muerte de la ma

RICARDO CHAO PRIETO | textoRICARDO CHAO PRIETO | texto
02/11/2008

 
«Almanzor» en realidad es la forma españolizada de «Al Mansur», que significa «El Victorioso». Su verdadero nombre era Mohamed Ibn Abdalá Ibn Abu Amir, es decir, «Mohamed (o Muhamad) hijo de Abdalá hijo de Abu Amir». Esto quiere decir que el sobrenombre por el que le conocemos es un apodo que recibió por sus múltiples victorias, aunque sus correligionarios le llamaban simplemente Ibn Abu Amir. En cualquier caso sabemos que nació en torno al año 938 d.C., poco antes de que los ejércitos del leonés Ramiro II vencieran a Abderramán III en la decisiva batalla de Simancas. Con el tiempo obtuvo el cargo de cadí , y el año 977 comenzó la que sería una larga serie de campañas contra los reinos cristianos peninsulares. Ese mismo año fue nombrado hayib (primer ministro), lo que le convirtió en el máximo lugarteniente del califa Hisham II, a quien manejó a su antojo. Y es que, tras resultar vencedor en las luchas intestinas por el poder, a partir del año 981 se convirtió en el auténtico señor del Califato. Almanzor llevó a cabo nada menos que 56 campañas entre los años 977 y 1002. Los cronistas musulmanes afirman que todas fueron victoriosas, pero como veremos esto no es del todo cierto, ya que en muchas de ellas no alcanzó los objetivos previstos. De todas estas campañas, sabemos que al menos 14 tuvieron como objetivo territorios y ciudades de la región leonesa. El resto de acciones las repartió por Castilla, Cataluña, Aragón, Galicia y Portugal. Aunque en realidad en esta época tanto Castilla como Portugal y Galicia eran parte del Reino de León, en el presente artículo me ceñiré a los ataques que sufrieron las actuales provincias de Salamanca, Zamora y León. Por otra parte, uno de los problemas que existen a la hora de conocer con seguridad los lugares arrasados por Almanzor es que muchas de estas campañas tan sólo las conocemos gracias a las crónicas musulmanas, que utilizan su propia forma de nombrar a los lugares. -Eso es lo que nos ocurre, por ejemplo, con su primera campaña (meses de febrero a abril del año 977), cuyo objetivo fue el castillo de Al Hamma, que podría ser identificado tanto como Baños de Ledesma (Salamanca), como Baños de Montemayor (Cáceres). Los andalusíes arrasaron toda la región alrededor de la fortaleza, pero según los historiadores de la época finalmente no pudieron tomarla. Como veremos, esta situación se repetirá varias veces en las primeras razzias de Almanzor, en las que comandaba los ejércitos conjuntamente con el general Galib, que llegaría a ser su suegro y su peor enemigo. -La tercera campaña de Almanzor y Galib (septiembre-octubre de 977) también tuvo como escenario a la región leonesa: en este caso su objetivo fue la ciudad de Salamanca. Tomaron varios castillos por el camino y asentaron su campamento en la orilla izquierda del Tormes, sometiéndola a un duro asedio. A pesar de haber devastado todos los alrededores, de haber reclutado forzosamente a cristianos de la zona, y de haber sometido la ciudad a los ataques de las máquinas de asedio, Salamanca resistió sus embates, y tuvieron que levantar el cerco. Después de esta campaña, Almanzor se casó con una hija de Galib. -La quinta campaña la dirigieron contra Ledesma de octubre a noviembre del 978, ya que esta ciudad defendía el camino a Zamora de posibles avances musulmanes. Sin embargo, el invierno arreció y su ejército tuvo que retirarse para no perecer de frío. -Almanzor y Galib no se rindieron y volvieron a atacar Ledesma en la siguiente primavera (sexta campaña). Esta vez la población no pudo resistir, y quedó casi deshabitada hasta tiempos de Fernando II de León (2ª mitad del siglo XII). Por esta época surgieron graves desavenencias entre el suegro y el yerno, que salieron a la luz cuando Galib intentó asesinar a traición a Almanzor en el transcurso de una cena. El anciano general fracasó en su intento y sólo logró herirle, lo que desembocó en una cruenta guerra civil. Los cronistas contabilizan las batallas de esta guerra como otras tantas campañas de Almanzor, ya que tras algunas derrotas, éste al final se impuso sobre su suegro y sobre sus aliados cristianos (castellanos y navarros, principalmente), y se convirtió en el único caudillo del califato. -Así, las tierras leonesas disfrutaron de un corto respiro hasta el ataque del verano del año 981. Esta campaña, conocida como la «Campaña de las Tres Naciones», fue la decimocuarta según la cuenta que hace el autor del libro Dikr bilad Al Andalus , o la decimotercera si nos atenemos al relato de su casi coetáneo historiador Ahmed Ibn Omar Ibn Anas, conocido como Al Udri. En esta ocasión, el hayib cordobés dirigió sus miras contra la aparentemente inexpugnable ciudad de Zamora, que era la principal fortaleza de la frontera del Duero. De la calidad de su estratégico emplazamiento da fe el hecho de que sus murallas habían sido capaces de resistir las embestidas de los ejércitos de Abderramán III. Almanzor la sometió a un estrecho cerco en septiembre, con máquinas de asedio. Entre los defensores hubo deserciones como la del conde gallego Rodrigo Velázquez, quien se pasó al enemigo, aunque la mayoría se quedó a luchar. Cuando la situación se estaba volviendo desesperada, los leoneses, dirigidos por Rodrigo González, trataron de hacer una salida por la noche, pero fueron rechazados y tuvieron que regresar a la ciudad. Al comprobar la resistencia de sus habitantes, Almanzor optó por realizar una maniobra de diversión: dejó al cargo del cerco a un subalterno, y se dirigió con parte del ejército hacia León. La trampa funcionó, y algunos de los defensores abandonaron Zamora para reforzar el ejército de su rey, Ramiro III (966-984). Pero Almanzor dio la vuelta y regresó al cerco, pensando que ahora sería más fácil tomar la ciudad. Sin embargo, no fue así, a pesar de los continuos ataques. El hayib arrasó por completo toda la región, pero los infatigables defensores no cesaron de acosarle con continuas salidas, por lo que finalmente tuvo que regresar a Córdoba en septiembre sin haber cumplido su objetivo. -La siguiente campaña en la región leonesa fue la decimoséptima según el cómputo del autor del Dikr bilad , o la decimoquinta y la decimosexta según Al Udri. En cualquier caso fue una campaña extremadamente larga, y cubrió buena parte del verano y del otoño del año 982. Almanzor atacó las ciudades de Toro y León: tras arrasar la primera, entabló una batalla campal con Ramiro III. Al principio fueron ganando los leoneses, pero cambiaron las tornas y al final huyeron de vuelta a la capital del reino. Los musulmanes les persiguieron, aunque una repentina tormenta de nieve y granizo los hizo retirarse no sin antes saquear los arrabales de la ciudad. Tras esta campaña, los ejércitos de Al Ándalus vencieron a una coalición de leoneses, castellanos y navarros en Rueda y en Simancas, en el interior del condado de Castilla. -La decimonovena campaña según Dikr bilad , o decimoctava según Al Udri (septiembre del 983) tuvo el mismo objetivo que la tercera: Salamanca, la mayor fortaleza del sur del Reino de León. Almanzor comprendió que esta plaza era la clave para avanzar sobre Zamora, por lo que arreció en sus ataques contra la ciudad, aunque tampoco pudo tomarla en esta ocasión. -Como hemos visto, hasta este momento las principales ciudades del reino, mal que bien, habían conseguido mantener el tipo frente a Almanzor. Sin embargo, el sempiterno cainismo leonés cambió esta tendencia. Y es que en la vigesimosegunda ( Dikr bilad ) o vigésima (Al Udri) campaña (febrero-marzo del 984) el hayib cordobés avanzó nuevamente sobre Zamora, aunque en esta ocasión se vio ayudado por las luchas intestinas que surgieron en el seno del reino. Ramiro III estaba en guerra con su primo Bermudo II (hijo de Ordoño III), por lo que tuvo que pactar una tregua momentánea con Almanzor, entregándole la ciudad del Duero. Finalmente el que venció en esta guerra civil fue Bermudo (984-999), quien había contado con el apoyo de gallegos y asturianos. Pero el reino había quedado tan desgastado y asolado que el vencedor también tuvo que pactar con el líder musulmán, pagando tributos y permitiendo guarniciones cordobesas dentro de algunas ciudades leonesas, si bien a cambio Almanzor le concedió a cambio un ejército musulmán en el verano del 985 para sofocar las rebeliones de los nobles. Esta situación se mantuvo algunos años, y supuso en la práctica una especie de protectorado de Córdoba sobre el Reino de León. Almanzor devolvió el señorío de Zamora a Bermudo II, pero mantuvo un grupo de sus soldados en el interior. Almanzor, aprovechando que tenía las manos libres por el lado leonés, atacó sin tregua a los condados de Castilla y Cataluña, llegando a tomar Barcelona en el año 985. Poco después, en el 986, Bermudo II se cansó del dominio musulmán, y expulsó a las guarniciones cordobesas de sus ciudades. Esto provocó la reanudación de las hostilidades. -La vigesimoquinta campaña(según Dikr bilad , que será la fuente utilizada de aquí en adelante) o vigesimotercera según Al Udri se hizo famosa como la «Campaña de las Ciudades» (junio-agosto del 986) ya que se dedicó por completo a castigar la espina dorsal del Reino, atacando a las ciudades de Zamora, Salamanca y León. Muchos nobles enemigos de Bermudo y ex-partidarios de Ramiro III se pasaron al bando de Almanzor, lo que le facilitó las cosas. Realizó un rápido ataque sobre Zamora, que tuvo que capitular. Al entrar en la población y descubrir que los nobles que la defendían habían huido, Almanzor se enfureció y ordenó saquear y destruir la ciudad. En pocos días cayeron Zamora, Salamanca, Alba de Tormes y León, aunque no es seguro que pudiera entrar en la capital del reino cristiano. De cualquier manera, a juzgar por la documentación de la época, la ciudad de León no sufrió daños de importancia. -En posteriores campañas se dedicó a atacar territorio portugués, pero la trigésima (abril-agosto del 988) regresó a Zamora y Toro, prácticamente indefensas, y volvió a arrasarlas. -La trigesimoprimera campaña (agosto del 988) la dirigió contra el corazón del reino leonés: primero atacó y destruyó Astorga y varios castillos cercanos, aunque no se sabe a ciencia cierta si atacó y tomó León. En esta campaña también destruyó el monasterio de Eslonza y el de Sahagún. -La trigesimotercera campaña (año 989) fue una expedición contra Toro para castigar a Bermudo II por haber dado asilo al rebelde gobernador moro de Toledo. Almanzor capturó la plaza sin demasiadas dificultades, produciendo una gran matanza y capturando a muchos cristianos para ser vendidos como esclavos. Pasaron casi cinco años hasta que Almanzor volvió a atacar territorio leonés. Entre tanto, dirigió sus campañas contra Castilla, Portugal y Navarra. -En la cuadragesimosegunda campaña (segunda mitad del 994), el caudillo cordobés volvió a centrar sus miras en las ciudades de Astorga y León. Antes de iniciarse las hostilidades, Bermudo II expulsó del reino a los condes traidores a su causa, quienes se pasaron al bando musulmán sin dudarlo. Bermudo II y sus súbditos, sabiendo que no podían ofrecer una buena resistencia, abandonaron la capital llevándose a Oviedo las principales reliquias de santos, y los cuerpos de los reyes anteriores. Pero León no quedó completamente desguarnecida, ya que quedaron en ella los nobles hermanos gallegos Rodrigo y Guillén González, junto con varios valerosos soldados leoneses que se dedicaron a reforzar las dañadas defensas. Almanzor rodeó la ciudad y la atacó con máquinas de asedio, pero la guarnición cristiana resistió estos ataques iniciales e incluso hicieron varias salidas, por lo que los combates continuaron incluso por la noche. Los musulmanes y sus aliados forzaron la puerta occidental de la muralla, y penetraron en León, aunque los defensores los repelieron y volvieron a asegurar esa entrada. Cuatro días después, cayó la puerta del Sur y los invasores abrieron brechas en varios puntos. Rodrigo y Guillén resistieron heroicamente los embates del enemigo, pero el segundo murió en los combates, y el primero fue hecho prisionero. Almanzor arrasó la ciudad, y posteriormente hizo lo propio con Astorga, Coyanza (Valencia de Don Juan), y Sahagún. Intentó pasar al Bierzo y a Asturias, pero le detuvieron los castillos de las montañas (Luna, Gordón...). Según las crónicas, en León sólo dejó una torre en pie para que las generaciones venideras pudieran contemplar la anterior grandiosidad de la capital. Después de este desastre, Bermudo II ya nunca regresó a León. En sus siguientes campañas Almanzor atacó Navarra y Castilla y, según las crónicas, casi todo el ejército de este condado fue aniquilado. Durante los años 995 y 996 hubo un protectorado cordobés de facto sobre los reinos cristianos, lo que no impidió a Almanzor atacar nuevamente a Castilla y Portugal. -En la cuadragesimoséptima campaña (año 995), el objetivo fue Astorga, ya que esta ciudad se había convertido en la capital del Reino tras la destrucción de León. Los anteriores ataques la habían dejado muy debilitada, por lo que fue rápidamente conquistada y arrasada. -La cuadragesimooctava campaña (julio-octubre de 997) es posiblemente la más conocida de todas las que llevó a cabo, ya que tuvo como destino la destrucción de Santiago de Compostela. Como ya era costumbre, a los musulmanes les apoyaron los nobles cristianos que eran rebeldes a la autoridad de Bermudo II. Al enorme ejército reunido por Almanzor se sumó la flota califal, que avanzó al mismo tiempo por las costas portuguesas. Las dos fuerzas fueron saqueando las poblaciones que se encontraban a su paso, llegando a Santiago el 10 de agosto. La ciudad, alertada y aterrorizada por la fama que precedía al hayib, estaba desierta. Los invasores saquearon y destruyeron la población, aunque, inexplicablemente, Almanzor ordenó respetar la tumba de Santiago: hoy en día resultan inimaginables las consecuencias si la decisión del caudillo hubiera sido otra. En cualquier caso, como símbolo de su victoria sobre la capital religiosa del Reino de León, los cordobeses se llevaron a la mezquita de su ciudad las puertas y las campanas de la Catedral, estas últimas para ser usadas como enormes lámparas. En el camino de vuelta, sus tropas arrasaron el Bierzo, aunque la peste se cebó en ellas, y además sufrieron el acoso de Bermudo II en su retaguardia. Algunos de los nobles cristianos que estaban en el bando musulmán, horrorizados tal vez por el alcance de la campaña, planearon traicionar a Almanzor, pero fueron descubiertos y ejecutados. Posteriores expediciones le mantuvieron atareado en el Norte de África y Algeciras, pero a partir del año 1000 atacó Castilla, Navarra y Portugal. Fue en esta época cuando, según la Crónica Najerense, Alfonso V (999-1028), hijo de Bermudo II, le entregó su hermana Teresa a un líder musulmán como esposa a la muerte de su padre, lo que dio lugar a una curiosa leyenda: «Su hermano Alfonso se la entregó en matrimonio a un rey pagano de Toledo a cambio de la paz. Pero ella, como era cristiana, le dijo al rey pagano: «No me toques, porque eres un pagano. Como me toques, el ángel del señor te matará». Entonces el rey se rió de ella y se acostó con ella una vez, y al instante, como ella le había predicho, fue golpeado por el ángel del señor. Cuando sintió que la muerte ya estaba cerca, llamó a sus asistentes y consejeros y les ordenó que cargaran camellos con oro y plata, con piedras y vestidos preciosos, y que la llevaran a León con todos aquellos regalos» Sea o no verdad, ninguna otra expedición suya tuvo como víctima la actual región leonesa. Durante la última, la quincuagesimosexta (mayo de 1002), se cebó en Castilla, destruyendo e incendiando el Monasterio de San Millán de la Cogolla sin encontrar resistencia. Ya había salido enfermo de Córdoba, pero al empeorar su estado de salud decidió regresar a Medinaceli, aunque murió por el camino. Los historiadores actuales descartan la leyenda según la cual castellanos, navarros y leoneses, comandados vencieron a Almanzor en Calatañazor. Abd al Malik, el primogénito del caudillo, se hizo con el poder a su muerte, y también fue reconocido como hayib por el débil califa Hisham II. Su primera razzia fue contra Portugal y León, aunque en esta última se encontró mucha resistencia, y tuvo que retirarse tras pactar una paz con los cristianos. Su cuarta campaña también fue contra Yilliquiya (el Reino de León), en el invierno del año 1004 al 1005: saqueó Zamora y el norte de León, sin encontrar apenas resistencia. Murió el 22 de octubre de 1008. Le sucedió su hermano Abd al Rahman «Sanchuelo», quien quiso atacar a Alfonso V de León apoyado por traidores castellanos, pero tuvo que retirarse cuando se enteró de que se estaba desarrollando una rebelión contra él en Córdoba. Fue ejecutado en el camino de vuelta junto a García Gómez, conde de Carrión. Con él terminó la línea de caudillos cordobeses descendientes de Almanzor. Éste último dejó una impronta indeleble en la historia de Hispania, de tal modo, que hasta las crónicas cristianas lo recuerdan con una mezcla de respeto y odio. La Crónica Silense, más cercana a los hechos, narra su muerte de la siguiente manera: «Almanzor fue muerto en la gran ciudad de Medinaceli, y el demonio que había habitado dentro de él en vida se lo llevó a los infiernos».

 

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