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ASuntos sociales

El barrio con cien puertas

Mea Shearim es uno de los rincones más herméticos de Jerusalén, que reproduce en pleno siglo XXI la vida de los judíos del este de Europa en el XVIII

 

Un judío ultraortodoxo, por las calles de Mea Shearim; al lado un hombre realiza un ritual. - C. V. M.

Una de las calles de Mea Shearim, un barrio de Jerusalén donde la comunidad judía ultraortodoxa está más cerrada. - Cristina Villota Marroquín

Cristina Villota Marroquín
03/12/2017

La comunidad judía ultraortodoxa de Mea Shearim es una sociedad religiosa más cerrada que otras muchas. Está luchando constantemente contra la revolución digital porque creen que eso los alejará de la religión», asegura Ofir Barak, fotógrafo que ha dedicado dos años a retratar sus calles

«Mientras estuve en Mea Shearim, de día o de noche, solo vestía ropa negra y hasta me dejé crecer una larga barba», asegura Barak quien realizó este gesto “para integrarse en la zona”, donde los varones llevan traje negro y sombrero de ala o peculiares vestimentas con batines y medias de hace dos siglos.

Las mujeres deben llevar falda o vestido y cubrir todo su cuerpo, excepto las manos, el cuello y la cara. Algunas tapan el cabello con un tocado y otras lo hacen con pelucas que ocultan el pelo original.

Barak fue testigo día a día de un año difícil en el barrio: 2015, cuando se firmó el primer borrador de ley que obligaba a las comunidades haredíes (literalmente, temerosas de Dios) a cumplir con el servicio militar, obligatorio para hombres y mujeres en todo Israel, y al que estas se oponen férreamente. La norma, motivó decenas de manifestaciones violentas en las que estos mostraban su rechazo.

Los varones ultraortodoxos dedican su día a día al estudio de la Torá (Pentateuco), muy pocos trabajan y viven en buena medida de las subvenciones que reciben por número de hijos, lo que genera malestar entre la población laica, que exige que contribuyan y aporten a la sociedad.

«A pesar de que históricamente la fundación de Mea Shearim en el siglo XIX, fue askenazí, hay una mezcla de orígenes», explica a Efe Tamar El Or, profesora de Antropología de la Universidad Hebrea de Jerusalén.

En sus calles se habla mayoritariamente yidish, el dialecto vernáculo originado en centroeuropa en el siglo IX, y no hebreo, la lengua de la erudición o semítica, que recuperó Israel tras su fundación en 1948.

El Or asegura que, aunque «todos comparten las mismas raíces y la mayoría de sus residentes son hasídicos, una corriente dentro de los haredí, existen muchas diferencias. Cada uno tiene su propia comunidad. Vienen de Hungría, Rusia, Polonia y Rumanía, entre otros lugares».

Benjamin Brown, Profesor y experto en Ortodoxia Judía en la misma universidad, asegura que la corriente que impera en Mea Shearim sigue la rama hasídica, cuyo padre fundador y primer líder fue el rabino ucraniano Israel Baal Shem Tov (1700-1760), aunque la fecha de su nacimiento, e incluso su misma existencia, son un misterio en algunos círculos religiosos.

Se le conoció como el «Amo del Buen Nombre» y quiso introducir modelos de vida nuevos para revitalizar la comunidad judía en Europa Oriental. Además, fue un curandero que «alivió a los enfermos a través de la Torá», según coinciden los que escribieron sobre él.

En uno de esos textos, se dice que las últimas palabras que pronunció, y que su hijo pudo escuchar, fueron: «no temáis a nadie más que a Dios», de donde los haredíes recibieron el nombre de temerosos de Dios.

«Después de él, tomó el relevo su hijo y así hasta nuestros días, en que muchos de los rabinos descienden de él», explica la joven Maty Shlomo, pálida y de ojos azules por su origen húngaro y eslovaco, que trabaja en una tienda de libros bíblicos del barrio ultraortodoxo.

Como reniegan de todo avance tecnológico, usan pasquines para informarse: carteles colgados en las paredes de las calles y renovados a diario que hacen la función de periódicos. En algunos, denuncian al estado de Israel y lo tachan de sionista y colonizador. «Los judíos no son sionistas», se lee sobre una bandera palestina, «Israel ocupa la Tierra Santa», objeta otro, colgado por los grupos antisionistas, minoritarios entre los ultraortodoxos pero muy llamativos.

Sentada cerca de Shlomo está su compañera Faigui Avraham, que cubre su pelo con una peluca desde que se casó: «Cuando ves en las noticias las protestas de los haredíes en Jerusalén, la gente piensa que eso somos todos, pero no se dan cuenta que dentro de ese gran grupo hay muchísimos más y no todos pensamos igual», asegura Avraham.