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Cabreados

 

Vanessa Carreño
04/03/2018

Decía Aristóteles que «enfadarse es fácil, lo hace todo el mundo. Pero hacerlo con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo y de la forma correcta, eso ya no es tan fácil».

Y estoy totalmente de acuerdo. Hay personas que se enfadan continuamente por todo. Cuando van conduciendo, cuando hacen cola en un sitio y, lo peor, con la gente que más quieren. En cambio, hay otros que no se enfadan nunca. ¿Qué cree que les diferencia? ¿Qué hace que unos pierdan el control por cualquier tontería y otros se lo callen todo hasta que un día explotan? Y, lo más importante, ¿cómo aprende uno a enfadarse de una forma sana?

Pues lo primero es escuchar el mensaje que le está trayendo ese enfado, porque siempre viene a decirle algo. Puede ser que su seguridad se está viendo amenazada, que alguien se ha saltado sus límites o que ha incumplido un compromiso.

Y lo segundo es que se dé cuenta de que su respuesta siempre la elige usted. Nadie puede hacer que se enfade si usted no quiere. Porque está bien que pongamos límites a los demás, pero muchas veces hacemos montañas de granos de arena. O, lo que es lo mismo, si sus límites son tan grandes que se pasa el día enfadado porque todo el mundo se los salta, dese cuenta de que sus límites los ha puesto usted. No venían de fábrica, así que puede reducirlos cuando quiera.

Y, si a pesar de esto decide enfadarse, aquí tiene tres claves para gestionarlo mejor:

—Respire y cuente hasta diez. Antes de llenar su cuerpo de cortisol, la hormona del estrés, asegúrese de que está siendo realmente objetivo con lo que ha pasado y de que eso por lo que va a enfadarse merece la pena.

—Explíquese. Comuníquele al otro qué es lo que le ha molestado, cómo se ha sentido y qué le gustaría que hubiera hecho diferente.

—Cambie su manera de enfadarse. A muchas personas nos han enseñado que enfadarse significa gritar y ponerse nervioso, pero no tiene por qué ser así. Uno también puede estar enfadado y hablar con calma, tranquilidad y sin dar voces.

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