+
Accede a tu cuenta

 

O accede con tus datos de Usuario Diario de León:

Recordarme

Puedes recuperar tu contraseña o registrarte

 
 

Cadena de maravillas

Un recorrido por la fascinante Canadá de camino a una expedición por las Montañas Rocosas

 

Javier Fernández LópezJavier Fernández López 20/12/2009

Julio del 2009, Óscar del Palencia y Javier de León regresan a Norteamérica en busca de un destino mítico donde los halla. En un país con casi 10.000 kilómetros cuadrados y una densidad de siete habitantes por cada uno, encontramos una bandera con la hoja de arce, sin lugar a dudas estamos en Canadá.

Ubicado en el estado de Alberta tomamos tierra en Calgary y muy pronto te percatas del avanzado desarrollo que se respira en el país, sus edificios, su cuidado urbanismo, sus fluidos medios de transporte, el aire cosmopolita que enseñorea el ambiente.

Dio la coincidencia que en estos días se celebra la Stampede Calgary que está considerada «El mayor espectáculo del mundo al aire libre» y el rodeo más importante de América. Durante diez días, la ciudad adquiere un ambiente vaquero como si estuviéramos sumergidos en un western . Lo inaugura un desfile por todo lo alto, con un recorrido de cuatro kilómetros y medio por el centro de Calgary. Los espectadores rondan los 350.000 y se retransmite por todas las cadenas. En el año 2006 se bate el récord de visitas con 1.260.000.

Por fin vemos a la policía montada de Canadá, tan famosa en las películas. Hay degustaciones de tortillas, exhibiciones de todo tipo, conciertos y un espectacular Rodeo como actividad estrella, dotado de 1.800.000 dólares canadienses para el ganador.

Ni su encanto ni su fascinación detienen nuestra marcha y al día siguiente ponemos rumbo a las Montañas Rocosas, verdadero objetivo de la expedición. Son más de 600 kilómetros a caballo entre la Columbia británica y Alberta. Durante el trayecto apreciamos la antítesis de la inmensidad de las verdes praderas y la Taiga Boreal.

El Parque Nacional de Jasper es el más septentrional y el mayor con 10.800 kilómetros cuadrados, los primeros pasos de exploración son por los barrancos del río Maligne el cual ha esculpido minuciosamente las paredes que lo rodean durante siglos propiciando el espectáculo actual. La belleza del lugar es predecesor del lago que lleva su mismo nombre y cuyas fotografías han dado la vuelta al mundo.

No tenemos buen tiempo -”una de las razones para encontrar una naturaleza tan desbordante es la acentuada pluviosidad-” sus aguas azuladas son el tributo de los glaciares que lo nutren y decidimos ascender el Bab-Hills para apreciar las vistas del lago, pero justo antes de hacer cima un aguacero nos empapa y el panorama desaparece. Emprendemos el descenso con más pena que gloria.

Por la tarde visitamos el pico Edith Cabel con su lago, fue dedicado en honor de una enfermera que fue fusilada en la Primera Guerra Mundial. Las piceas, abetos y alerces crecen por doquier igual les da el terreno horizontal o vertical, tierra fértil o pedregal.

Curiosidades

Desde la carretera las señales son de lo más variopinto y curiosas de verdad. Peligro osos sueltos, caída de árboles, cuidado con los chorizos. No tenemos que buscar fauna, desde la carretera nos adentramos en un safari improvisado, apenas diez metros de la calzada aparece un caribú pastando, luego un oso negro cruza la carretera con pasmosa tranquilidad, sabe que tiene preferencia, metemos un frenazo y salimos corriendo del coche con la cámara, por cierto, está prohibido. Las ardillas existen por centenares.

Las imágenes de las Rocosas perduran en la retina para siempre, la combinación de naturaleza en este lugar del planeta alcanza su cenit, ríos, lagos, soberbios bosques de coníferas y altivas montañas, adquieren sintonía mimética con el horizonte mostrando ese cielo de rojo escarlata en la puesta de sol y el azul cobalto en el orto.

Ya en el Parque Provincial del monte Robson por casualidad topamos con un español afincado en Canadá hace muchos años. Casualmente nació en Palencia y su familia vive en León (que grande y que pequeño es el planeta). Amablemente se presta de interprete cuando pedimos información al Ranger, con pesadumbre nos dice que el Robson se asciende en las dos últimas semanas de agosto y que es necesario contratar un helicóptero, bastante caro. Aun así nos quedan muchas cimas y el Atabasca es nuestro siguiente objetivo.

El glaciar del Atabasca es visitado por turistas en autocares especiales. La ascensión comienza en la madrugada con un pedrero de difícil tránsito, no optamos por la vía normal, la cara Oeste nos es más convincente, el amanecer nos anima al tiempo que la cellisca aumenta su velocidad por rachas. Sorteando una cascada de hielo trazamos una ruta sin huella alguna que nos sitúa en una elegante arista y sin gran dificultad hacemos cima a 3421 metros. El panorama es de pegada, varios glaciares lo circundan. Ese día solamente lo intentaron ascender una austriaca con su guía que finalmente desistieron. La soledad de estos parajes y la sensación de paz es indescriptible.

Regresamos a Jasper a las 5 de la tarde, cansados pero contentos. Al día siguiente nos desplazamos al P.N. de Banff, durante el trayecto nos llama la atención unos curiosos puentes, en realidad se llaman «ecoductos», salvan la carretera y son usados por los animales evitando así el aislamiento de las especies.

En la localidad de Canmore encontramos el Club Alpino Canadiense con una sede que más bien parece una mansión, dispone incluso de sauna.

En Banff la historia comienza, como en muchas otras poblaciones, con el ferrocarril, los trabajadores de la Canadian Pacific Raitroad descubren por casualidad unas grutas con aguas termales y a los pocos años se transforma en la citada localidad.

Los guías de montaña suizos son los primeros en adentrarse en este paraíso y comienzan su negocio con una modesta cabaña para seis clientes. Con el tiempo se irá ampliando sucesivamente hasta nuestros días donde ya nada queda de las primeras instalaciones.

Algunos senderos te advierten de la presencia de osos y te recomiendan ir acompañado, son típicos los cascabeles-antiosos y los sprays para ahuyentarlos. Nos sorprende en una tienda un esqueleto que parece de un oso, está valorado en 30.000 dólares y se trata de un úrsido Arctodus.

No muy lejos aparece el lago Esmeralda, otro paisaje de ensueño, cualquier rincón de las Rocosas no tiene desperdicio, el color uniforme de sus tranquilas aguas y su textura nos recuerda la piedra preciosa. Es un marco incomparable para el bosque de piceas que le rodea, creando de esa forma un entorno silencioso pero que habla por sí sólo.

En el P.N. de Yoho se ubica la Takakkaw Falls que despliega un salto de agua con 380 metros. Se puede ir hasta la base de la columna de acuífera y con el estruendo que produce te percatas de que la naturaleza es la reina del lugar.

En las proximidades del lago O´Hara nos está esperando el siguiente objetivo, el pico Lefroy, con sus 3.423 metrosen . Primeramente se accede en autocares amarillos, como si fuéramos colegiales. Empezamos a circunvalarlo y sus casitas de madera a sus orillas a parte de no desentonar le dan un ambiente de fábula al paisaje, a medida que ganamos altura aparecen otros lagos y continuando nuestro camino, cada paso que damos se convierte en un episodio sensorial, ahora nos sorprende una marmota que, la verdad, poco le importa nuestra presencia.

Atravesando los primeros neveros atacamos un pedregal que requiere largas horas de peleona ascensión, finalmente logramos el refugio de Abbot´s a 2.900 metros, sin guarda pero con lo necesario, recurrimos a fundir nieve para obtener el líquido elemento.

Son las 4:00 de la madrugada. Con la oscuridad de la noche avanzamos a paso sonámbulo, un inglés y dos canadienses nos preceden, a las dos horas las lenguas anaranjadas del sol empiezan a lamer las dorsales de las Rocosas. Por desconocido que suene, el parque de yoho no tiene que envidiar nada de los más popularizados. En la ante-cima acometemos las últimas rampas, son de 50% consiguiendo la segunda cima.

Para celebrar la gesta montañera decidimos darnos un pequeño festín a la vista visitando el lago Morate, seguramente uno de los más fotografiados del mundo. Con gran afluencia de turismo y un espectacular hotel. No muy lejos comienzan algunas rutas de senderismo descritas por el trazado del antiguo ferrocarril, hay puentes en ruinas y rampas ya sin vías.

En la actualidad, para atravesar las Rocosas inventaron un ingenioso sistema que salva los desniveles, el llamado paso en espiral (spiral tunnels Viewpoint) los convoyes en ocasiones sobrepasan el kilómetro de longitud con 140 vagones. En Skilax el albergue es un tren acondicionado por dentro. Recordamos el desayuno con cierto recelo, era sirope en unas cazuelas completamente negras con una mugre de varios años.

Como toda área montañosa no puede faltar el recuerdo de los pioneros de las Rocosas en este caso, dignos de todo elogio, abriendo rutas y hollando las cimas con sus precarios medios. El club Alpino Canadiense ha cumplido su centenario en 1906

Otra de las modalidades deportivas dentro de nuestra federación es el descenso de ríos o Rafting. En Canadá hay gran afición y en el río Adams acapara nuestra atención invirtiendo todo un día en el descenso de un tramo. Tenemos una representación internacional, alemanes, franceses, ingleses y españoles nos embarcamos en unos botes neumáticos, en algunos trechos la navegación es tranquila, en otros alcanzamos el grado 3. La emoción esta servida. Remontamos el curso de otro río en busca castores.

Es imposible estar en Norteamérica y no sentirse subyugado por aquella época denominada -”la conquista viejo oeste-” y sin buscarlo demasiado tenemos la oportunidad de visitar un rancho conservado tal y como era hace un más de un siglo. Disponemos de una diligencia, el salón, la herrería y unos tipis con algunas nativas, toda la serie de utensilios y aperos empleados en las labores de ganaderas y agrícolas de la época. En definitiva, una puesta en escena para rodar Bonanza o El Virgiliano, más tarde y antes de que se nos olvide degustación obligatoria del helado de Meipo, el extracto de la famosa hoja de arce.

Intrigados por esa misteriosa isla llamada Vancouver levamos anclas y navegamos rumbo a Manamo. La vegetación de la isla es exuberante, el gran monarca es el Cedro rojo y la pícea sitka de gran envergadura que predomina en la costa. Sin ir más lejos, fue aquí donde nació la famosa organización ecologista Greenpeace, en principio para defender sus bosques. La comunidad kwakiutl tiene como tradición predilecta la conservación de los Tótem, todo un icono de la cultura nativa.

Se nos acaban los días y como clausura visitamos fugazmente la ciudad de Vancouver. Se debate entre la cultura anglosajona y la yanqui. Poco a poco, la influencia española disminuyó y la británica fue aumentando. Lo que es hoy la Columbia Británica se adhirió a la Confederación canadiense en 1871. Durante las últimas décadas tuvo que adsorber ingentes cantidades de emigrantes chinos que fueron mano de obra barata para la expansión del ferrocarril y posteriormente se instalaron en un voluminoso barrio con sus típicos negocios. El reloj de vapor, su gobierno son otras de las curiosidades de la urbe.

El mes se nos hace corto y en Canadá se detiene el tiempo cuando lo visitas. Se necesitan más días para saborear estos parajes donde, más que en ninguna otra parte, el hombre no sabemos aún si es un invitado o un intruso. Al menos, así lo vimos dos exploradores.