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montaña

Cuando Los Alpes son Dolomitas

UN MIEMBRO DE LA SECCIÓN DE MONTAÑA DE LA CASA DE ASTURIAS NARRA SU VIAJE A UNo DE LoS macizos MÁS SINGULARES

 

Precipios de la dolomía. - Óscar Díez Higuera

01/05/2011

Siempre que oímos la palabra Alpes en la comunidad de montañeros, se activa en nuestra imaginación un encandilamiento mágico, que va desde los característicos y hermosos bosques que custodian los macizos de gigantescas dimensiones hasta los antaño, bucólicos pueblecitos de montaña convertidos hoy en centros de turismo internacional, como Chamonix. También nos viene a la mente una cordillera de colosales magnitudes, siendo la superficie de ésta equivalente a media península Ibérica.

Seis montañeros inquietos tuvimos la oportunidad de desarrollar una expedición con diversos objetivos. Los protagonistas somos tres leoneses Javier Valladares, Santiago Carrizo y Javier Fernández, y tres palentinos (Mariano Fernández del Fuentes Carrionas junto con Néctor Pérez y Óscar Díez del Nevada).

Ansiosos por completar la experiencia alpina de otros años, emprendemos la singladura con 2.000 kilómetros en furgoneta rumbo a los Alpes italianos. Nuestro objetivo preferente es la llamada vía Bochette, ubicada en Dolomitas, macizo de Brenta, cerca de Trento. Poco antes de alcanzar Madonna de Campiglio, principal localidad del macizo, la Naturaleza nos brinda un anticipo gratuito cuando nuestros ojos contemplan los bosques, los lagos, y las moles pétreas que, a modo de atalayas del Olimpo, nos vigilan con elegante majestuosidad, como queriendo constatar el poderío en sus dominios.

La vía Bochette es una vía ferrata -"nombre alusivo a elementos de hierro con los que están equipadas, tales como escaleras y sirgas-". Su nacimiento comienza a primeros del siglo XX, por necesidades de la milicia para mantener las rutas de aprovisionamiento de las tropas de montaña. La travesía conlleva tres días de duración, guardando cierta similitud con la garganta del Cares en algunos tramos, aunque no comparable en duración y extensión.

Iniciamos la marcha con el sendero A. Benini, debidamente equipados para el menester. Las horas transcurren muertas cuando la dolomía, que es muy parecida a la caliza, nos brinda sus laberínticos caminos disfrutando de un panorama único en su género. El sendero es a veces más ancho o más estrecho pero el deleite del alpinista está garantizado, hay precipicios sin fin bajo nuestros pies. Al mosquetonear la sirga, en ocasiones se desvanece la sensación de seguridad y cuando transitamos por las escaleras encajadas en la piedra quedamos a merced del viento, como seres diminutos avanzando lentamente por un océano de dolomía, que bien puede ser el espejo del Edén. Finalizamos una dura jornada pasando por alto el refugio de Tuckett y nos disponemos a pernoctar en el de Alimonta.

La noche palpita enigmática en los Alpes, cuando poco antes de introducirnos en los sacos observamos un cielo nítido como ninguno y Oscar, gran experto en Astronomía, va escudriñando cada constelación con la precisión que le caracteriza y nos explica meticulosamente la forma y la utilidad de las mismas.

Al día siguiente, apenas despunta el alba, reemprendemos la marcha con el presagio de que será un día grande, promisorio como el anterior. La Bochette central continúa sorprendiéndonos a cada paso que marcamos, jamás habíamos visto semejante conjunción de la Naturaleza, verdaderas joyas naturales las del país trasalpino, que tan desapercibido pasaba para nosotros cuando oíamos hablar de las Dolomitas.

El momento álgido de la travesía se presenta al sortear el Campanile Basso: se puede definir como un espárrago de inconmensurables dimensiones, salvando un desnivel de 500 metros, el cual antes de emerger de las entrañas de la Tierra, adquirió el compromiso tácito de no desentonar en el entorno dolomítico, contribuyendo con su uniformidad y sintonía. Tras un breve ágape en el refugio de Pedroti proseguimos con el sendero de Brentari, con la mala fortuna de encontrarnos en las garras de las tinieblas (léase niebla) sin posibilidad de apreciar sus maravillas. Finalizamos cuando avistamos el refugio de Agostini.

Sólo nos queda el regreso al punto de partida en Madonna de Campiglio, exhaustos pero triunfantes. La experiencia permanecerá en nuestra memoria mucho tiempo porque, sin duda, aquel verano marcó pauta en nuestras vidas.

En esta ocasión son Mariano Fernández, junto con los palentinos Óscar, Emilio y Néctor, los protagonistas de la nueva incursión Alpina en las Dolomitas de Cortina d-™Ampezzo, situados entre Italia y Austria. Esta zona es de las más clásicas para realizar vías ferrata puesto que en estas montañas se situó el frente de la Primera Guerra Mundial. Aquí los ejércitos austriaco e italiano en 1915 llenaron estas gigantescas moles de dolomía de innumerables escaleras, túneles, pasadizos... para comunicarse entre las posiciones. Hoy día estas instalaciones se han conservado pasando del uso de la milicia al puramente deportivo, el cual hace que esta zona de los Alpes, pese a su menor altura, sea una delicia para el montañero.

Comenzamos en el macizo de Sella para realizar la ferrata del Piz da Lech de Boè. Tras establecernos en Corvara, por medio del teleférico de Boé nos situamos ya en altura. Es conveniente usar remontes, puesto que hay muchos al ser estaciones de esquí y nos acercan a las vías a realizar en poco tiempo.

Aquí subimos el pico de Lech de 2.914 metros por su cara fácil, para descender todo el monolito por la ferrata de su cara este. Una gran cantidad de escaleras verticales nos conectan con una sirga de interminables desniveles, la gran verticalidad del recorrido desaconseja realizar este trayecto si no se domina bien el vértigo. En poco tiempo descendemos 500 metros casi verticales, llegando a un plató que nos conduce de nuevo al teleférico de origen. Aquí el mal tiempo nos obliga a aparcar las ferratas, aprovechando para conocer algunas localidades vecinas del Tirol y Baviera.

Nuevamente, al remitir el temporal, pertrechados con nuestras disipadoras volvemos al grupo de Sella-Alta Badia para atacar la famosa vía de la Brigatta Tridentina, 400 metros de pared que se sortean a la derecha de un espectacular torrente, remontando la cara este de la Torre Exner, para llegar al final de una pasarela que nos comunica con el lago y el refugio del Pisciadu. La vuelta la realizamos por la ruta normal hasta el paso de Alta-Badía, famoso puerto del Giro de Italia.

Cambiamos de zona y nos dirigimos a la localidad de Cortina d-™Ampezzo, capital de esta región y hermosa villa de esquiadores, donde ya se celebraron unos Juegos Olímpicos de invierno. Su ambiente y construcciones nos recuerdan a Chamonix, Zermatt o Grindelwald.

Tras dejar la autocaravana en el paso D-™Ospitale, a unos 5 kilómetros de Cortina, tomamos una pista forestal para alcanzar la estación intermedia del teleférico de Lorenzi, en el Macizo del Cristallo disfrutando de espectaculares parajes. Una vez en la estación superior dejamos nuestros petates en el impresionante refugio mencionado, a 3.000 metros con el panorama de la Civetta, las Torres del Lavaredo, la Toffana, los grupos Misurina y Sorapis etc...

A media tarde emprendemos la ferrata Mario Bianchi, más corta pero con pasos más difíciles que los anteriores recorridos. El itinerario discurre por una arista rocosa con grandes vacíos a ambos lados, alguna escalera y espectaculares vistas de los demás macizos, para llegar al final a la cima del Cristallo di Mezzo, con 3.153 metris de altitud. La vuelta es por el mismo itinerario, para pernoctar en el refugio de Lorenzi, bonito lugar enclavado en uno de los parajes más idílicos de los Alpes... el servicio es perfecto, comida, habitaciones, mobiliario etc...

Madrugamos al día siguiente para realizar la bajada por la D-™Ibona que es una de las ferratas clásicas, punto clave en la Primera Guerra Mundial, con gran cantidad de huellas bélicas, búnkeres, pasadizos, polvorines, puestos de vigilancia...

El recorrido comienza con un espectacular puente, túneles y grandes escaleras que nos alejan del refugio. Tras ganar algo de altura alcanzamos la divisoria de aguas y por una hilera de montañas descendente nos sumergimos en el ambiente guerrillero de la Gran Guerra. Tan sólo las sirgas y en general todo el itinerario del recorrido está bien conservado, con fines deportivos, los restos de la contienda se van perdiendo con el paso de los años y únicamente algún puesto de vigilancia que se utiliza como refugio muestra restauración.

Finalmente dejamos el roquedo cimero y nos adentramos en los pastizales alpinos para bajar al bosque de abetos, una serie de pistas forestales nos dejan en el paso D-™Ospitale desde donde regresamos a Cortina.

Nos quedan pocos días y aprovechamos para hacer un clásico de la zona, el Gruppo di Sesto, no sin antes disfrutar del recorrido pasando por el impresionante lago de Misurina, lugar de descanso y veraneo desde principios de siglo, engalanado por multitud de hoteles y enfocado a los deportes náuticos.

Llegamos al refugio de Auronzo situado a 2.320 metros y desde aquí emprendemos a pie el camino para hacer la ferrata Innerkofler al monte Paterno, espectacular recorrido, trazado durante la guerra, que transita por las entrañas de esta montaña. Tan sólo vemos la luz de las aspilleras que dejaron para posicionar ametralladoras y por supuesto es imprescindible llevar la frontal durante todo el itinerario.

Tras ver la luz de nuevo acabamos en el refugio de Locatelli, a los pies de la torre Toblín, un impresionante monolito utilizado como puesto de vigilancia. Posteriormente variamos el trazado de vuelta para realizar el rodeo a las tres torres del Lavaredo, pasando por sus caras norte que constituyen algunas de las grandes vías clásicas de escalada de los Alpes. Finalmente enlazamos con nuestro punto de partida, el refugio de Auronzo, donde retornamos a casa.

Los Dolomitas están compuestos por 13 macizos de roca sedimentaria similar a la caliza de la Cordillera Cantábrica, sus alturas no son muy destacadas como en Alpes centrales, pero su belleza paisajística, la verticalidad de sus paredes, la singularidad de sus cimas, así como la accesibilidad a las vías ferratas, las hacen únicas en su género.

Una vez más, explorar nos da alas, al igual que dormir, nos da sueños.