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reto entre rocas

En las entrañas de la tierra

Picos de Europa es el paraíso para los amantes de la espeleología vertical. Allí, los leoneses del GEM han descubierto una de sus Grandes simas

 

En la imagen, un momento de la exploración al Pozo Madejuno, que fue marcado e iniciada la exploración por el GEM en el año 90. - gem

Ana Gil
12/01/2014

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El GEM, en las entrañas de la tierra.

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Para un espeleólogo el sueño es explorar y descubrir nuevos paisajes subterráneos antes inexplorados. Esto le motiva y le mueve a adentrarse cada vez más, en un medio tan hostil para el hombre como son las cuevas y las simas. Así empezó uno de los mayores retos del Grupo Espeleológico Matallana (GEM): incluir La Monda en el selecto club del centenar de simas mundiales que superan el kilómetro de profundidad. La hazaña fue en octubre, cuando este grupo de espeleólogos con cerca de 50 años de existencia durante los cuales han explorado muchas de las cavidades de la provincia, llevó la punta de exploración hasta la cota -1.020, lo que supone todo un hito.

«El descubrir y explorar una sima de más de 1.000 metros de profundidad era parte del sueño perseguido por el GEM desde hace décadas», aseguran desde la propia agrupación. Y es que, según explican ellos mismos, la especial situación geográfica leonesa, condicionada por los Picos de Europa —que dan cobijo a doce de las simas mundiales de más de mil metros— junto «a la tozudez propia del carácter leonés», han hecho que, mientras las campañas interclubs e internacionales sean la práctica habitual, el Grupo Espeleológico Matallana, con sus propios medios técnicos, haya llevado a cabo las exploraciones únicamente por miembros del grupo.

Unos 1.500 metros de cuerda, 300 mosquetones con placa, cordinas, pasamanos y diverso material para montar dos campamentos conforman los medios con los que el GEM ha colonizado La Monda, que aún se encuentra en exploración y que forma parte de Picos de Europa, considerado el paraíso de la espeleología vertical.

Pero para llegar hasta aquí han tenido que pasar 36 años de trabajo e ilusiones de varias generaciones de espeleólogos del grupo leonés desde que se descubriese la inicial L-6 —la sexta sima marcada en la zona— hasta el L-652 de La Monda. Esta nomenclatura señala el lugar en el que se encuentra (‘L’ corresponde a la zona, concretamente a la Vega de Liordes, y ‘652’ al número de la sima descubierta por el grupo) y con ella quedó bautizada a partir de entonces.

Todo comenzó en 1977 en Picos de Europa, cuando el Grupo Espeleológico Matallana decidió explorar la masa rocosa con la técnica del ‘sólo cuerda’. Hasta entonces, apenas habían hecho alguna exploración empleando la técnica de las escalas de acero de la época. «Se trataba de jugar en una liga superior», asegura Jorge Lera, uno de los miembros del grupo.

En aquel mismo año llegaron más retos y le tocó el turno a la sima de La Horcadina (L-6) que constituyó el sueño de alcanzar la primera cota que superara el kilómetro de desnivel. Unos años más tarde, de 1982 a 1985, otros retos «nos hicieron compartir sueños con otros grupos espeleológicos de León, es especial con nuestros compañeros del Grupo de Espeleología de La Robla (GER)», relatan.

Los inicios

El descubrimiento y exploración de La Redondina llegó en el año 83 que, con su primer pozo de casi cien metros y un desnivel de otros -381, supuso un gran avance en la metodología y técnica desarrollada para acometer grandes verticales. La técnica se iría afianzando y, mientras tanto, llegarían nuevos descubrimientos a lo largo y ancho de la provincia. El GEM fue añadiendo nuevas exploraciones a su lista de hazañas como la torca del Cabeza Llambrera, el Pozo Madejuno o Torca Magali cuya exploración fue «todo un ejercicio de fe y lucha llevado adelante por un grupo de espeléologos que atesoraba una gran experiencia». Pero también Torca Marino —descubierta gracias a Marino, un vecino de Caín en 2005—. Fue desde aquí desde donde se retomaron entonces las exploraciones a La Monda apoyados en el campamento espeleológico estable que lleva haciendo el GEM en la Vega de Liordes desde el inicio de las exploraciones en Picos de Europa. El objetivo desde 2005 era superar un meandro con muchas dificultades de progresión al que bautizaron como meandro gozoso y también avanzar un poco más, pero debido a la escasez de material técnico y sobre todo humano, la sima sufre un pequeño parón en su exploración en 2008. Sin embargo, «nunca la abandonamos y durante cuatro años hicimos entradas esporádicas de mantenimiento y revisión de la cueva e instalación», explican ahora desde el GEM.

En el 2012 le volvió a tocar el turno, Fue entonces cuando estos espeleólogos leoneses consiguieron superar el meandro gozoso después de varias entradas de hasta 15 horas de duración. «Los indicadores y las evidencias de que aquello continuaba profundizando nos motivó e ilusionó para continuar en el 2013», cuentan los espeleólogos del grupo. Fue así como en 2013 llegaron las entradas de hasta tres días de duración gracias a las cuales lograron descender hasta la cota de los -1.220 metros y tuvieron la certeza de que la sima continúa. «Añadimos así el nombre del Grupo Espeleológico Matallana y de León al codiciado listado de las simas del mundo con más de un kilómetro de profundidad, la tercera de nuestra provincia». Aún así, no se dan por vencidos, como buenos espeleólogos y entre sus retos está tocar fondo definitivamente en La Monda y entrar en las diez simas más profundas del Planeta.

Lo que les mueve a explorar tiene un punto de misterio. «El algo que te llama desde pequeño. Es la sensación de pisar donde nunca nadie ha pisado antes y que poca gente lo hará después», asegura Lera.

Y es que León cuenta con las condiciones óptimas para realizar este deporte, sobre todo en su modalidad vertical. Basta con recorrer 40 kilómetros para encontrar cuevas en las que adentrarse y descubrir la magia de la espeleología. Una disciplina mágica y arriesgada a partes iguales.

   
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