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Una expedición leonesa a la cuna del mejor montañismo

Media docena de escaladores comprobaron la majestuosidad de uno de los rincones más bellos del Planeta en su ruta por varios puntos de los más emblemáticos de los Alpes

 

La majestuosidad y atractivo de nuestro planeta no se puede concebir sin las grandes cordilleras que vigilan sus continentes. La palabra alpinismo cobra sentido al adentrarse en sus valles y ascender sus cumbres, como si de atalayas del olimpo se tratara,La majestuosidad y atractivo de nuestro planeta no se puede concebir sin las grandes cordilleras que vigilan sus continentes. La palabra alpinismo cobra sentido al adentrarse en sus valles y ascender sus cumbres, como si de atalayas del olimpo se tratara, 01/02/2009

Fue en 1786 cuando se asciende la cúspide alpina y nace el concepto universalizado del «alpinismo».Con 61 cimas de más de cuatro mil metros conquistadas la mayoría en el siglo XIX, son todo un patrimonio en los logros de exploración de nuestro planeta, coincidiendo con agitados periodos políticos y con una revolución industrias de trascendentales consecuencias para la humanidad.

Nuestros protagonistas, un grupo de hombres y mujeres inquietos desde intelectuales, pastores, sacerdotes, hombres de negocios, incluso un futuro Papa, son los que se batieron en un medio tan hostil y austero como el mundo de las cimas heladas, no había oro ni dinero en estas, tan sólo el reto de lo desconocido y el placer de un deporte sin aditivos, ni prensa, ni competición, bastaba el afán y la satisfacción de hollar esos lugares que nunca piso el ser humano.

A pesar de que las primeras rutas de ascensión de los pioneros del alpinismo son en la actualidad las consideradas normales, no debemos infravalorarlas, pues un factor como el mal tiempo puede trasformarlas en auténticos retos para los montañeros más experimentados.

A diferencia de otros deportes donde un movimiento rápido decide la partida o se cruza una línea de meta que marca el final para después ir a un vestuario calentito con ducha, en la montaña llegamos a la cima y nos queda la mitad del recorrido, siendo el descenso más expuesto que la ascensión.

En pleno corazón de Europa con una extensión equivalente a la mitad de la península Ibérica describen un arco de más de 1.000 kilómetros desde los Alpes de Provenza, el valle de Aosta, los Ecrins, el Valé, Alpes Berneses, Albula, el Tirol, las Dolomitas, Alpes Julianos. Acudimos a ellos cuando buscamos una nueva dimensión de la naturaleza continental.

Sin lugar a dudas los Alpes han sido la cuna de los mejores escaladores del mundo, en sus paredes se forjaron Herzog, Terray Bonatti, Cassin, Messner, Herman bull. La riqueza lingüística, histórica y deportiva marca la época del alpinismo romántico y constituye un legado cultural vital para la compresión de la historia del viejo continente.

Siendo el verano del 2008 una expedición leonesa-palentina con miembros del Yordas y del Fuentes Carrionas nos adentramos en el cantón del Valé perteneciente a los Alpes suizos, somos Gloria, Mª Eugenia, Mariano, Javier, José y Oscar. Aterrizamos en Malpensa -”cerca de Milán-” cruzando por el túnel del Simplón, donde los vehículos son embarcados en un convoy ferroviario recorriendo 20 km por las entrañas alpinas, al poco alcanzamos la localidad de Saas-Grund donde acampamos.

La Confederación Helvética guarda celosamente sus 49 cuatro miles, buena prueba de ello son las esmeradas y férreas medidas para la conservación de su medio ambiente, como los vehículos eléctricos en determinadas localidades.

Con el sello característico suizo, sus casitas de madera oscuras engalanadas con geranios rojos, sus calles estrechas y acogedoras hacen que pasemos las horas muertas, aquí no hay prisas y la naturaleza marca el sosiego y esparcimiento.

Nuestro primer objetivo es el pico Weissmies de 4.027 metros. Fue en 1.855 por la vía del Triftgrat cuando Peter Zurbriggen y Chistian Haüsser se convierten en los primeros ascensionistas. A pesar de estar considerado como uno de los cuatro miles más modestos hay que tener en cuanta que los glaciares se sitúan por encima de los 3.500 metros. A primeras horas de la mañana montando en la telecabina nos afianzamos hasta el primer tramo a 2.720 metros -”ciertamente podemos proseguir hasta los 3.200 por medios mecánicos-” pero aclimatamos mejor siguiendo a pie el resto del día, salvando 700 metros de desnivel con la consiguiente puesta a punto para nuestra singladura alpina.

Al día siguiente desde el refugio de Hohsaas atacamos la cima antes del amanecer, tímidamente va esclareciendo y el espectáculo no tiene parangón, después de superar una rampa de 60º nos encaminamos a la arista cimera y sin gran dificultad hacemos cima, la primera cima. El soberbio panorama es nuestra mejor recompensa. Abajo en el valle cerveza esperando.

Dentro de nuestros apretados 10 días no es descartable el mal tiempo, de hecho la experiencia de otros años hace que nuestro jefe de expedición, el Chamo, tenga su correspondiente previsión, es el momento para visitar Kandested y mas tarde Interlaken, muy cerca de la mítica muralla que conforman el Eiger, el Mönch y la Jungfrau, al parecer los vientos del norte soplan encoradamente sobre esta pared de piedra y cuando ascienden descargan las precipitaciones, la localidad da testimonio vivo de que en Suiza disponemos de 5.000 kilómetros de líneas férreas y 600 teleféricos.

Con la mejora del tiempo es el momento de desplazarnos a Saas Fee, por fin Saas Fee. Pensar que a principios de 1.900 no era más que un bucólico pueblecito de montaña y hoy cada familia es dueña de un hotel. Los vehículos convencionales quedan aparcados al principio del pueblo, el acceso está restringido a vehículos eléctricos, su sosegado ambiente, la pulcritud de sus calles, su cuidado urbanismo, lo trasforman en un centro de turismo internacional para el montañero.

La Ruta de las Capillas sirve de acceso por un frondoso valle y un serpenteante camino accediendo con facilidad desde Saas Fee a Saas-Grund, al final de dicho trazado encontramos unas tirolinas. Bastante menos masificado que el valle de Zermatt, no por ello pierde su atractivo, custodiado por cuatro miles el disfrute y deleite del alpinista está garantizado.

Curiosamente en el aparcamiento, aprovechando la pared pétrea del mismo, se realizan competiciones de drai tuling.

El pico Alphubel de 4.206 metros asemeja una cúpula glaciar totalmente llana, la aproximación desde Saas Fee se puede considerar como la ruta normal por su vertiente Este. En 1.889 se realiza la primera ascensión por el reverendo George Broke, con Adolf y Xavier Andenmatten por la afilada arista Oeste, no se repetiría hasta 50 años después.

El trampolín para el Alphubel es el refugio de Längfluh generoso en cuanto al espacio y con la comodidad de los refugios suizos, cenamos a la 6 de la tarde y madrugón, tal vez lo más difícil en los picos de estas características. Son las 4 y nos adentramos en el glaciar con la indumentaria para el menester, tenemos que salvar 1.300 metros hasta la cima, la puesta de sol eleva tenuemente la temperatura y las rampas son suaves pero muy mantenidas, abundan las amenazadoras grietas. A las 2 horas somos presa de la niebla la cual eclipsa las vistas pero lo peor es cuando se pone a nevar y si lo hace de forma copiosa se corre el riesgo de perder la huella. Finalmente la ansiada cima y las fotos de rigor.

Nos espera un descenso no menos incierto que la subida, justo en la encrucijada con el Alalinhord la huella es difusa por la nieve caída y la situación puede ser comprometida. Sin darnos cuenta perdemos el camino de retorno, a los 10 minutos nos percatamos del error, retrocediendo volvemos a la ruta original.

El siguiente día es jornada de relax por los vericuetos del valle de Saas Fee, con sus saltos de agua y el embalse de Misttmark.

La pirámide del Alalinhord es muy llamativa para los alpinistas. Derivado del latín el término «Allalin» significa -”águila pequeña-” encabezando el Valle de Saastal este grupo aglutina tres moles de hielo, el Staquerhorn, Rinfishorn y el Alalinhorn. La elegante arista nordeste es una ruta atrayente para nosotros.

Con un nutrido grupo de esquiadores partimos en las primeras cabinas. Un tren cremallera subterráneo nos deposita en la base del mismo donde hay un famoso restaurante circular en el que se rodó en su día algunas escenas de una película del Agente 007. Transitando las pistas al principio y posteriormente, ya en la huella, encontramos pendientes un poco pronunciadas. De repente una visión que nos paraliza, un balcón cósmico, el Matterhord, un imponente peñasco, verdadero icono de los Alpes del Valé. Superamos las últimas rampas con algún tramo mixto y nuestros crampones se plantan a los pies de la enorme cruz que corona este pico.

Aún nos quedan días y el valle del Matertal es muy tentador para nuestras botas, rodamos hacia Randa, con su acogedor camping, nos esperan unos días de sosiego celebrando la gesta alpina.

A la localidad de Zermatt sólo se puede subir mediante el tren cremallera o los taxis autorizados, su vigía pétreo, el Matterhord, es un poderoso imán para los montañeros de todos los continentes y para turistas. Nos sorprende la gran cantidad de orientales que encontramos.

Nuestro treking sosegado es de aproximación al refugio de Hörli-Huite, desde el cual se aprecia la cresta del imponente peñasco. Sus estilizadas líneas se convierten en una abrupta y escarpada arista de ásperas geometrías. Por labor de los guías no existe señalización alguna en la ruta para alcanzar la cumbre, basta el más mínimo descuido subiendo o bajando y la posibilidad de perderse es muy acentuada. Con todo ello el Matterhord está considerada la tercera montaña mas bella del planeta. El teleférico Klin Matterhord (pequeño Matterhord) nos sitúa a tiro de piedra para atacar el Breihord con sus 4.164 metros son apenas 400 metros de desnivel que nos brindan, con sus inmejorables vistas, todo el Matertal, el Monte Rosa, el Pólux, el Castor, el Dente Blan, el Finas Rojol, el Vaishord, etc...

Finaliza nuestro periplo alpino satisfechos con los objetivos conseguidos y los buenos ratos cosechados en nuestra corta estancia, la meteorología fue favorable y sin ningún contratiempo regresamos a León y Palencia con la idea en mente de que esta expedición da visado a otras superiores. Pero eso, es otra historia.