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Arte sin fronteras

Guayasamín deja su huella en León

Su nombre es Cosme Paredes y su legado todo lo que aprendió del escultor ecuatoriano Guayasamín, que ahora desarrolla en León a través de su propia obra

Ana Gil
04/05/2014

 

Aprendió todo lo que sabe de uno de los artistas sudamericanos más importantes de las últimas décadas. Cosme Paredes fue uno de los más fieles discípulos de Oswaldo Guyasamín, pintor, escultor, dibujante, grafista y muralista ecuatoriano que dejó un importante legado artístico —sobre todo pictórico— y uno de los más destacados del siglo XX en América.

Su muerte, en 1999, dejó a Cosme Paredes un poco ‘huérfano’ y el que fuese su aprendiz durante más de treinta años se vio obligado a buscarse la vida. «Tuve que empezar de cero», reconoce Paredes. Fue entonces cuando comenzó su viaje hacia lo que es hoy su casa; León.

Ahora comparte espacio de trabajo con el escultor leonés Amancio González, que le abrió las puertas de su casa tras conocerse casi por casualidad hace tres años. Los dos, junto a otros artistas, desarrollan su trabajo en una nave en Lorenzana, donde se acumula obra y herramientas de trabajo y donde queda patente que lo que se hace allí se hace con pasión y muchas horas de trabajo.

Paredes reconoce estar agradecido y aprovechar esta nueva oportunidad para desarrollar su pasión, la escultura, que realiza en chapa después de cuidar cada detalle en un minucioso proceso que comienza con el barro.

«La escultura es un trabajo complicado de hacer en casa y aquí compartimos trabajo, ideas y nos ayudamos unos a otros en todo lo que podemos», explica Amancio González. Sus paredes dan cobijo a piezas de Guayasamín que Cosme Paredes conserva orgulloso como muestra de su aprendizaje, las cabezas de gran formato de una familia de siete miembros realizada en chapa de latón dorada y desarrollada en una técnica que es ahora la de Paredes y que destaca por la simplificación y el repujado sobre chapa.

Cosme Paredes conoce bien cada uno de los detalles, pues él fue el encargado de dar forma a la obra escultórica de Guayasamín durante las tres décadas que estuvo con él. «Él me daba un boceto y yo realizaba las esculturas en varios tamaños», narra Paredes.

Empezaron juntos cuando este último tenía 21 años, mientras compaginaba el aprendizaje práctico con clases de arte. De allí, viajó a Chile para licenciarse en Arte pero las revueltas estudiantiles durante el mandato de Salvador Allende truncaron su sueño de seguir aprendiendo en el año 73.

«Me dieron un plazo de 72 horas para abandonar el país y tuve que volver a Ecuador a trabajar con Guayasamín —con quien aprendió a modelar la chapa con la que ahora elabora sus propias esculturas—, hasta su muerte», cuenta Paredes. Esa soledad laboral en la que le sumió la desaparición de su maestro hizo que este artista ecuatoriano se desplazase a Madrid en 2003 en busca de trabajo. Y de ahí, a León, donde Susana, su mujer, encontró un empleo. Aquí se establecieron hace ya once años, un tiempo durante el que ha ido indagando un poco más en los secretos de la escultura.

Amancio González también ha puesto de su parte en este proceso de aprendizaje. Con él he aprendido a modelar en barro, que es el comienzo del proceso para desarrollar piezas grandes».

Ahora Paredes concentra todos sus esfuerzos en preparar su primera exposición, que tendrá lugar en la Sala Estilo partir del próximo 12 de junio. Allí expondrá su obra de caballos y toros en la que refleja su pasión por el mundo de la tauromaquia, «sobre todo la obra de Picasso en este ámbito». Para la ocasión, mostrará varias piezas de pequeño tamaño valoradas en 3.500 euros cada una aproximadamente.

Para Guayasamín, sólo tiene palabras de agradecimiento: «Como persona era muy grande y como artista, uno de los mejores del mundo, concretamente, entre los diez mejores», apunta.

Cosme Paredes fue una de las 75 personas (entre carpinteros, albañiles y otros profesionales) que trabajaban mano a mano con el artista ecuatoriano. «Él quería que yo le firmase un papel en el que me comprometía a trabajar para él hasta su muerte, pero no nos dio tiempo porque ella se nos adelantó». Un acontecimiento que le trajo a León y que le ha obligado a empezar de cero. Aquí está la huella de Guayasamín.

 

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