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Guerra de egos en la ue

 

El presidente francés, Emmanuelle Macron, y la canciller alemana, Angela Merkel. -

AMEER ALHALBI/AFP -

Colpisa
04/03/2018

Quizá el mayor problema de la Unión Europea es su enorme complejidad. Y no sólo de puertas adentro, especialmente de cara a sus ciudadanos, que la ven muy distante, demasiado lejana pese a la enorme relevancia que Bruselas posee en sus vidas. Leyes, normativas… Y dinero, ese maná europeo que España conoce a la perfección. Pero no, la UE sigue perdiendo la batalla del relato, como pudo comprobarse en la cumbre de jefes de Estado y de Gobierno de los Veintisiete (todos menos Reino Unido), que se reunieron hace unos días de forma informal para hablar de organización, de dinero y de legitimidad, de quién manda dentro del club. Hay una lucha de egos entre el Parlamento, la Comisión y el Consejo (los países) que está erosionando la imagen de una UE que se había propuesto reconquistar a la sociedad.

La polémica gira en torno al ser o no ser del ‘Spitzenkandidat’, una palabra alemana que significa cabeza de lista y que supuestamente debería dilucidar quién será el futuro presidente de la Comisión cuando Jean-Claude Juncker, que inauguró en 2014 este formato, abandone el cargo el 31 de octubre de 2019. Se trata de algo tan sencillo como que las grandes familias políticas europeas nombren a sus cabezas de cartel y que estos grupos decidan a posteriori quién debe ser presidente en función del tradicional juego de mayorías dentro de la Eurocámara. Vamos, como ocurre en el Congreso, en las comunidades autónomas o los ayuntamientos.

¿Cuál es el problema? Que el Consejo Europeo ha advertido de que «no habrá automatismos» y que «no garantizará» que sea presidente no ya el propio ganador de los comicios, sino cualquiera de los otros candidatos. Y aunque suene contradictorio, lo cierto es que tienen su parte de razón. En esta guerra de egos y choque de legitimidades, todos tienen razón. Es la magia de los Tratados, que siempre se pueden interpretar en función de los intereses de cada cual.

La Eurocámara, como recordó hace unos días su presidente, Antonio Tajani, acaba de aprobar por rotunda mayoría que no aceptarán ninguna otra fórmula. «Es una mera cuestión de respeto a la democracia», insisten. Juncker, por su parte, también ha defendido este formato, pero el Consejo no está dispuesto a plegarse así como así.

«Los Tratados están de nuestro lado», aseguran fuentes diplomáticas. «Lo que dicen es que el Consejo ‘debe tener en cuenta’ los resultados de las elecciones, nada más, pero la potestad de proponer al candidato es exclusivamente del Consejo. ¿Es que a los jefes de Estado y de Gobierno no les ha votado la gente», ironiza.

Paradójicamente, el líder que más está empujando por echar abajo la figura del ‘Spitzenkandidat’ es el europeísta Emmanuel Macron. El motivo es que no pertenece a ninguna de las tres grandes familias europeas (PP, socialistas y liberales) y su capacidad de influencia será nula. uchos líderes le arropan pero Merkel, no.

La lucha de egos no sólo tiene carácter interinstitucional. Las capitales evidenciaron también que alcanzar un acuerdo en torno al nuevo marco financiero plurianual para el periodo 2021-2027 será el más difícil todavía.

Lo que deja el ‘brexit’

Al socavón que generará la marcha de Reino Unido y que está cifrada en un mínimo de 10.000 millones al año, se suma la necesidad de afrontar nuevas necesidades de gasto en materias como la seguridad, el control de fronteras o la defensa. La solución lógica es que los países pusieran más dinero, pero los países que son contribuyentes netos han dicho basta. En el grupo de los duros destaca Holanda y Austria. Y si ellos dicen no, hay poco que hacer ya que el nuevo presupuesto debe contar con la unanimidad de los 27.

Uno de los países que más se juega en esta negociación es España. Por dos razones. Primero, porque pasará a ser contribuyente neto por primera vez. Y segundo, porque las dos grandes áreas de las que siempre se ha beneficiado (agrícola y cohesión) podrían sufrir un tajo considerable. «Son políticas esenciales para nosotros y estamos dispuestos a aportar más dinero al presupuesto para que puedan mantenerse», dijo Mariano Rajoy.

En lo que sí pareció haber sintonía es en la distribución de los escaños del Parlamento en la era pos-brexit. Los líderes están conformas con la propuesta ya aprobada por la Eurocámara que reduce de 751 a 705 la cifra de asientos. Reino Unido tiene ahora 73. De estos, 46 pasarán a la reserva y 27 se redistribuirán entre los países ‘discriminados’. El más favorecido será España, que de confirmarse esta distribución, ganará cinco y pasará de 54 a 59.

   
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