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Ha llegado la era nuclear

Desde el final de la Guerra Fría, todos los presidente de Estados Unidos han trabajado para reducir el peligroso arsenal que el país mostró al mundo entero en las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki. El sueño de un mundo desnuclearizado tendrá que ocurrir «mágicamente» en el futuro, pero no bajo el mandato de Trump.

 

En contraste con el comportamiento beligerante y temerario de las potencias, 120 países han negociado un tratado que prohíbe este tipo de armas. -

ERIC TSCHAEN -

Agencias
11/02/2018

Desde el final de la Guerra Fría todos los presidentes, desde Reagan hasta Obama, han trabajado para reducir el peligroso arsenal nuclear que en Hiroshima y Nagasaki mostró al mundo su escalofriante poder destructivo. Con Donald Trump, sin embargo, el reloj Doomsday, que desde 1953 mide simbólicamente lo cerca que estamos de ese apocalipsis, se ha acercado treinta segundos más a la medianoche. Faltan apenas dos minutos. El sueño de un mundo desnuclearizado tendrá que ocurrir «mágicamente» en el futuro, pero no bajo su mandato, advirtió Trump la semana pasada en su primer discurso sobre el estado de la Unión.

En ninguna parte mencionaba la amenaza rusa, que, sin embargo, sirvió hace unas semanas para que el secretario de Defensa, James Mattis, anunciase el fortalecimiento del arsenal atómico estadounidense. Tres días después, entró en vigor el acuerdo negociado por el Gobierno de Obama para mantener las armas nucleares de largo alcance al nivel más bajo desde la Guerra Fría. El límite de estas cabezas desplegables queda fijado en 1.500 y regirá hasta 2021, sin que de momento se vea en el Pentágono apetito para renovarlo.

El estado bipolar que rige las ansias armamentísticas del presidente y su admiración por Vladímir Putin se ha preservado con la decisión de que la «recapitalización» de armas nucleares no afecte al número de misiles de largo alcance. El Gobierno de Trump, tan dado a incumplir tratados comerciales o de desnuclearización, dejó muy claro que no pretende romper los pactos con Rusia. Su plan es modernizar las armas existentes en la llamada triada nuclear -submarinos nucleares, misiles balísticos y bombarderos estratégicos- e incorporar otras más pequeñas y más ágiles que puedan ser usadas en mayor variedad de escenarios.

«El Pentágono concibe una nueva era en la que las armas nucleares vuelvan a lo grande», publicó hace unos días The New YorkTimes’. Mattis argumenta que «el mundo ha cambiado» y con ello las necesidades de seguridad. Para mantener el efecto disuasorio que se atribuye al arsenal nuclear los militares creen que necesitan de más flexibilidad.

El riesgo

Se refieren a cabezas de misil de menor tamaño conocidas como «de bajo rendimiento», que no se encuentran reconocidas en los actuales tratados en vigor. Los halcones creen que el menor tamaño ofrece la posibilidad de lanzar un ataque limitado sin desatar la catástrofe. Una política «realmente peligrosa», advirtió ayer en una entrevista de radio la directora ejecutiva de la Campaña Internacional para Abolir Armas Nucleares, Beatrice Fihn, que acaba de ganar el Premio Nobel de la Paz. «Escala las tensiones, incentiva el rearme y nos pone en riesgo de una guerra nuclear», señaló.

En lo que coincide con el Pentágono es en acusar al resto de las potencias nucleares como Rusia, China y Francia de haberse lanzado también a esa «modernización» del arsenal nuclear que abre nuevos escenarios para utilizar ese tipo de armas de destrucción masiva. Atentar contra la infraestructura vital de Estados Unidos sería ahora una de las posibilidades contempladas para responder con armas atómicas «de bajo rendimiento», que pueden ser lanzadas desde un submarino.

En contraste con el comportamiento beligerante y temerario de las potencias, 120 países han negociado un tratado que prohíbe este tipo de armas, acercándose así a ese momento «mágico» que Trump solo concibe en un futuro lejano. «Esto no son instrumentos geopolíticos», sermoneó Fihn. «Si mantenemos las armas nucleares, al final volverán a usarse, intencionalmente o accidentalmente».

La opinión pública

Los problemas que suscita la energía nuclear entre la opinión pública se basan en algunos hechos fundamentales, como son los posibles usos bélicos en su desarrollo y el riesgo de accidentes. Todavía están muy presentes las trágicas consecuencias que tuvo el accidente de la central de Chernóbil (Ucrania), en 1986.

Países como India o China con un vertiginoso aumento de su población son los que más se han opuesto a la limitación de producción de gases de efecto invernadero, debido al alto coste que supondría para la economía de estos países el uso de energías renovables. El desarrollo de la energía nuclear eliminaría muchos de estos problemas. Pero se plantea la duda razonable de si estos países serían capaces de crear los sistemas de seguridad suficientes.

A pesar de los intentos por desarrollar sistemas de producción de energía alternativos, los países desarrollados han vuelto a poner sus ojos en la centrales nucleares que un día tuvieron que cerrar ante una opinión pública que no estaba dispuesta a sufrir los mismos desastres de Chernóbil.

Otro de los países que no está al margen de la energía nuclear es Irán. Su presidente, Hasan Rohaní,ha insistido en que no va a aceptar una negociación de sus programas defensivos armamentísticos, incluido el de misiles balísticos, como exige Estados Unidos. «Nuestro compromiso ante el mundo es no desarrollar armas de destrucción masiva y no las buscaremos, (...) pero sobre las armas convencionales no negociaremos con nadie», dijo Rohaní en una rueda de prensa en Teherán.

El mandatario iraní reiteró asimismo que los misiles de Irán «no son para atacar a otros países sino que tienen un carácter defensivo» y tampoco están diseñados para portar cabezas nucleares. En la misma línea y también en respuesta a la demanda de Washington, Rohaní subrayó que el acuerdo nuclear «no puede ser negociado o redactado de nuevo». El presidente recordó que ese pacto —firmado en 2015 entre Irán y seis grandes potencias, entre ellas EE UU— fue aprobado por Naciones Unidas, por lo que tiene carácter «internacional». Preguntado por si la postura del presidente estadounidense, Donald Trump, hacia Irán impide un diálogo bilateral, Rohaní apostilló que «nunca» hubo esa oportunidad.

El debate nuclear, nunca exento de polémica, está servido.