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cooperación

uN IMPULSO A LA NECESIDAD

Las transferencias condicionadas de dinero a los más pobres se utilizan cada vez más como una herramienta de transformación social

 

bELÉN dELGADO
14/01/2018

A Popi Bishwash la vida no le ha sonreído muchas veces. Más bien todo lo contrario. Porque aún recuerda nítidamente los días en que se iba a cavar zanjas con su marido a cambio de un mísero jornal. Hace poco más de un año de aquello y cuando se le pregunta cómo ha cambiado su vida en este tiempo, solo acierta a decir: «mucho».

Ella es una de las beneficiarias de un programa piloto de asistencia de las Naciones Unidas en Bangladesh. Fue elegida entre unas 6.000 personas que vivían sin suficientes recursos o, como en su caso, en la extrema pobreza. Una situación agravada, además, por las inundaciones que experimentan —de seis a ocho meses al año— en la zona de Satkhira, ubicada en el sur del país, en la frontera con la India.

El proyecto pretendía enseñar a esas personas durante tres meses a lidiar con ese entorno hostil adoptando nuevas tecnologías y ampliando sus conocimientos en agricultura, ganadería, acuicultura y nutrición. Al final se les otorgó una cantidad de dinero: unos 120 dólares a los pobres y 175 a los más necesitados.

Antes de asistir al curso, Bishwash reconoce que no sabía cómo hacer para mantener a flote su pequeño huerto. Ahora muestra orgullosa las calabazas que cuelgan del jardín, esquivando la subida cíclica del agua. Su gran esperanza, no obstante, la ha puesto en el cultivo de peces. Junto a las tres mujeres de sus hermanos se ha aliado para arrendar una charca vecina y ya hace cálculos sobre lo que ganarán con la inversión. «El año que viene estará listo el pescado para venderlo y nos repartiremos los beneficios entre las socias», augura.

La joven bangladesí ha querido así hacer uso de la transferencia condicionada de dinero en efectivo. Esa ayuda está sujeta a ciertos requisitos. A veces las personas deben llevar a los hijos a la escuela o al centro médico. En esa ocasión, se les pidió aplicar al menos una de las tecnologías que hubieran aprendido.

Las expectativas

Aunque en Satkhira solo se ha evaluado por el momento a una décima parte de los beneficiarios, el 90% de ellos ha cumplido con las expectativas, sostiene el coordinador de esa iniciativa de la Organización de la ONU para la Alimentación y la Agricultura (FAO), Kaiser Khan.

Khan resalta la importancia de darles todo el dinero de manera clara en las oficinas de correos. «Están contentos porque de otra forma no podrían recogerlo, así lo toman todo y lo usan para sus propósitos», afirma.

Hay quien ha invertido ese capital en grupo con el fin de elevar el suelo de su aldea, evitando que quede bajo el agua. O ha hecho, como Sabura Begum, que plantó hortalizas y juntó ese fondo con varios préstamos para comprarse una vaca. «Espero engordarla, venderla a mayor precio y, con los beneficios, comprarme otra para hacer lo mismo», comenta. Después, dice que dedicará los ahorros a los gastos de la casa y la educación de sus hijos.

Tanto Bishwash como Begum agradecen las lecciones e insisten en que necesitan más formación. Según la primera, si con un curso ha cambiado su vida, con más de uno será «todavía mejor». Lo mismo opina Nazma Begum, quien aspira a una mayor transformación con su nuevo trabajo. Aprovechando la capacitación en ganadería, aprendió a vacunar animales. Actualmente recoge las vacunas en la oficina gubernamental de Satkhira, compra agua y jeringuillas, mantiene las vacunas en frío y, al día siguiente, sale a ofrecer sus servicios en función de las necesidades de los productores. Así protege a las cabras y los pollos de ciertas enfermedades. Y en un libro de registro lo va apuntando todo para avisar a los productores cuando haya que poner más vacunas.

La historia de estas mujeres se une a la de los otros millones de personas que, poco a poco, van saliendo (o por lo menos lo intentan) del círculo de la pobreza en Bangladesh. «Es un proceso, entre otras cosas, mental», apunta el responsable del gobierno local para la agricultura de Satkhira, Amjad Husain.

   
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