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El incendio de oriente medio

 

ABED AL HASHLAMOUN -

LAURA FERNÁNDEZ PALOMO
20/05/2018

Israel acaba de celebrar los 70 años de su nacimiento consolidado como Estado, pero considerado por muchos un factor desestabilizador en Oriente Medio, y enfrentado a la enemistad de la mayoría de sus vecinos.

«La gestación y nacimiento de Israel, incrustado en medio del mundo árabe y, no sólo eso, sino también partiéndolo por la mitad, es algo que los árabes no pudieron administrar», afirma a Efe Benny Morris, historiador israelí de la Universidad de Ben Gurión.

El 14 de mayo de 1948 fue declarado el Estado de Israel en un museo de Tel Aviv por quien sería su primer ministro, David Ben Gurión, y menos de veinticuatro horas después sus vecinos «forzosos» —opuestos al Plan de Partición de la ONU (1947) que dividió Palestina para dar espacio a un Estado judío— le declararon la guerra.

La sensación de amenaza a su existencia se mantiene setenta años después, lo que ha marcado su desarrollo como potencia militar y ha apuntalado al Ejército como columna vertebral de su sociedad, respetado y admirado, donde los ciudadanos deben cumplir servicio obligatorio.

Solo dos países árabes, Egipto en 1979 y Jordania en 1994, han aceptado hasta ahora reconocerlo y firmar la paz, aunque en el último lustro Israel ha desarrollado, entre bastidores, las relaciones con las naciones del Golfo, especialmente Arabia Saudí, en su alianza contra Irán.

Menos de un año después de su creación, Israel celebró sus primeras elecciones el 25 de enero de 1949 y, el 11 de mayo, pasó a ser el miembro 59 de Naciones Unidas, mientras recibía apoyo exterior, sobre todo de Estados Unidos, para impulsar una débil economía lastrada por la guerra

«Estamos acostumbrados a un Israel tecnológico y moderno, pero no venimos de ahí», asume el que fuera jefe de Estado entre 2006 y 2009, Ehud Olmert, sobre la imagen de innovación y alta tecnología que hoy tiene Israel en el mundo, como referente de empresas emergentes.

«El pueblo judío, marginal y pobre, de pronto le ganó terreno al mundo árabe musulmán, y eso también se les hizo insoportable», opina Morris sobre un país creado para acoger, con derecho de ciudadanía, a toda la diáspora judía, una migración que durante los primeros años era en buena parte superviviente del Holocausto.

Morris incide en este factor psicológico para explicar las reticencias de Oriente Medio a aceptar a Israel como vecino y a que no reconozca «los vínculos del pueblo judío» con esa tierra, por lo que ha sido considerado un «invasor» y visto como «europeo».

«Los judíos no actuaron para eliminar la etnia, sino para quedarse con la tierra, no hubo asesinatos masivos, ni violaciones, quiero decir, no era la política a seguir», indica Morris sobre el exilio de más de 700.000 palestinos y la destrucción de villas árabes.

En 1967, las hostilidades saltaron de nuevo y la Guerra de los Seis Días con Egipto, Jordania y Siria volvió a cambiar el mapa de Oriente Medio. Con una fulminante victoria, Israel se hizo con parte del Sinaí egipcio y de los Altos del Golán sirios, además de Gaza, Cisjordania y la zona este de Jerusalén.

Y esa ocupación militar incipiente, condenada por la comunidad internacional hasta hoy, volvió a reforzar su imagen de factor desestabilizador, para en 1973 estallar otra guerra, en este caso la de Yom Kipur, tras la que Israel devolvería el territorio del Sinaí.

En las décadas de los 80 y los 90, una primera Intifada, que levantó a los palestinos contra la ocupación militar, los Acuerdos de Paz de Oslo de 1994 y una segunda Intifada volvieron a arrojar luces y sombras al encaje de Israel en el mapa de Oriente Medio.

«Durante los años 90 pensé que los palestinos se acercarían a las negociaciones de paz, era optimista. Después ya no lo fui. Rechazaron a (los presidentes estadounidenses Bill) Clinton, Barack (Obama), Oslo, y ahora creo que nunca van a aceptar la existencia de un país judío», añade Morris.

El Estado entró en el siglo XXI con una creciente denuncia ante la ocupación y tres operaciones militares masivas en la Franja de Gaza contra el movimiento islamista Hamás, que costaron cientos de víctimas civiles, todo lo cual desató la crítica internacional y generó cierto aislamiento, del que está saliendo con la llegada de Donald Trump a la Presidencia de Estados Unidos.

La enemistad con Irán también lo ha aproximado a los países del Golfo, que, si bien siguen sin reconocer su existencia, parecen estar dispuestos a avanzar en el acercamiento, en detrimento de las desavenencias que les distanciaban por la aún incumplida creación del Estado palestino.

Israel celebra su setenta aniversario con una población de más de ocho millones de habitantes, de los 713.000 que había en 1948, y en la que cada vez más ciudadanos han nacido en el país.

«Si bien Israel se gestó de una manera injusta para los palestinos y necesaria para los judíos, he nacido aquí, he crecido aquí. Querríamos que el país fuera diferente, pero obviamente es nuestra casa y un sinsentido plantearse que nos tengamos que ir por las injusticias del pasado», considera la profesora israelí, Lior Mor, hija de inmigrantes turcos sobre el futuro de Israel.

«Volveré en cuando pueda caminar»

Complicado dar un paso. Hay que esperar en pasillos y escaleras. Familiares, médicos, enfermeras, periodistas, personal de organismos humanitarios. Y heridos, heridos por todas partes. El hospital Al-Shifa de Gaza, principal centro de referencia de la Franja, está colapsado. Ibrahim Said está roto de dolor en la cama. Los calmantes ya no le alivian, pero los quirófanos están ocupados y no tiene más remedio que esperar. «No aguanto más, la verdad es que no aguanto más, pero ¿qué puedo hacer? Hay gente más grave que yo y a la que deben atender antes», exclama este joven de 30 años herido de bala en las dos piernas. La sangre ha empapado el vendaje y cubre parte del colchón. Su madre le sonríe, «es fuerte, come mucho, se pondrá bien pronto», asegura. Su padre entona eslóganes de la Primera Intifada y se consuela diciendo en voz alta que «ya tenemos intifadas para todas las generaciones, esta es la que le toca a mi hijo». Era la primera protesta de Said, pero los francotiradores de Israel apenas le dieron tiempo de dar unos pasos tras dejar el autobús y le dispararon en una zona próxima a Shojaie, el barrio que quedó arrasado en la guerra del verano de 2014. Los gazatíes que se acercan a los hospitales de la Franja reviven las imágenes de aquella contienda. La del pasado lunes, 14 de mayo, fue la jornada más sangrienta desde el final de aquellos 40 días de ofensiva israelí que acabaron con 2.500 muertos, la mayoría civiles, según la ONU. La apertura de la Embajada de EE UU en Jerusalén exacerbó las protestas de las que Gaza era testigo desde el 30 de marzo en el marco de la Marcha del Retorno y más de 40.000 personas se acabaron sumando a las manifestaciones. Hubo sesenta muertos, entre ellos la bebé Laila al-Gandor, que falleció asfixiada a causa de los gases lacrimógenos lanzados por el Ejército, y miles de heridos. La situación es extrema para los servicios sanitarios de la Franja, azotados por una década de bloqueo y que llevan en estado de emergencia desde que comenzó la Marcha del Retorno.