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El juego de la vida

 

Vanessa Carreño
10/06/2018

Sabe usted que no se juega igual al tute, que al mus o a la brisca? Pues en la vida pasa lo mismo. Que una de las claves para saber vivir es adaptarnos a cada situación y elegir cómo queremos ser en cada momento. Es decir, saber cambiar las reglas cuando cambia el juego. Porque no se juega igual en la pareja que en el trabajo, la familia o con alguien a quien acabamos de conocer. Así que, porque usted tenga una forma de ser, no significa que tenga que ser así a todas horas.

Por ejemplo, puede que se considere una persona responsable. Pero, ¿eso implica que tiene que serlo siempre y en cualquier entorno? Pues no.

O puede que presuma de ser una persona que va siempre con la verdad por delante. Estupendo. Pero, ¿eso significa que nunca puede decir una mentira? Pues tampoco.

El problema es que a veces somos demasiado rígidos e inflexibles con nosotros mismos. Es como que, si yo soy así, tengo que ser así siempre. Y no, la vida no está hecha de tanta rigidez y tantas normas inquebrantables, más que las que nosotros mismos nos ponemos.

En realidad, la vida está hecha para que seamos flexibles y aprendamos a hacer excepciones. Y esto tiene mucho que ver con saber que, si el juego cambia, también cambian las reglas. Y que puede jugar sus cartas adaptándose a esas nuevas reglas, y no por ello va a dejar de ser usted mismo. Por ejemplo, sabiendo que el hecho de que un día con alguien decida que no quiere mantener las formas, no significa que la educación ya no sea un valor para usted. Simplemente que ahí las reglas han cambiado.

Y ahora recuerdo a una clienta que quería ser honesta y buena, incluso con una persona que le había engañado y tratado fatal. Como si el hecho de no serlo fuera una traición a sí misma o la convirtiera en una mala pécora.

Gran error, porque en la vida no hay normas que tengan que serlo siempre. En cada momento podemos elegir qué es lo que queremos y lo que nos conviene, guiándonos por cómo eso nos hace sentir, que para eso tenemos una guía mágica que son nuestras emociones.