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la creación de la legio VII

LARGO VIAJE DE LEÓN a ROMA

En Abril del Año 68, Galba, gobernador de Hispania, es aclamado Emperador y crea una legión, la VII, un episodio clave para entender nuestro pasado

acacio rodríguez/ josé maría de francisco
27/04/2014

 

Corrían los años sesenta de nuestra era: la legión X acababa de abandonar Astorga hacia el Danubio, San Pablo estaba encarcelado en Roma y un noble militar romano de 62 años llamado Servio Sulpicio Galba, antiguo cónsul y gobernador en Germania y África, viene como Gobernador a Tarraco, la capital de la parte Norte y Este de Hispania. Diversas revueltas habían preocupado tanto a Nerón como para enviar a una persona, anciano en la época, pero de familia noble bien vista por el Senado. Su objetivo era mantener el orden y asegurar el envío a Roma de suministros de trigo y oro de las Médulas y otras explotaciones.

La primera fase de Nerón fue liberal en términos económicos, bajando impuestos y evitando abusos de recaudadores. Pero en el año 64 se produjo el famoso incendio de Roma, y aunque estaba fuera de la ciudad, los detractores de Nerón le acusaron de delirio y de «tocar la lira mientras observaba el fuego». El gasto en reconstrucción y fomento de la economía fue enorme. El déficit era tal que a pesar de la subida de impuestos, varias provincias estaban arruinadas y había dificultad en pagar las pensiones a los legionarios. Crisis, con escasez de alimentos e importante devaluación de la moneda que tuvo lugar por vez primera en el Imperio, con menor ley de oro y plata en cada moneda para aumentar el número de monedas en circulación.

Los excesos y excentricidades del emperador Nerón eran exacerbados por su despotismo creciente, su obsesión con la popularidad y los gastos en obras faraónicas. Con las arcas vacías, la deflación afectaba a la pérdida de valor de propiedades. La desazón y las intrigas dieron lugar a varias guerras civiles en el 68 y 69, el llamado «año de los cuatro emperadores». El ambiente de discordia fue creciendo hasta que el 68 supuso el culmen de la tensión. Los gobernadores de la Galia, Germania, Hispania, África y Egipto se cruzaban mensajes y calculaban sus fuerzas para un golpe con la aquiescencia de parte del Senado. Las legiones, nerviosas, controlaban correos y compraban voluntades. Hispania, con la Legio VI Victrix en León, estaba controlada por Galba y sus fieles, y Otón, el gobernador de Lusitania (la parte central de Portugal y Extremadura), apoyaba cualquier golpe contra Nerón, no en vano le había despojado de su mujer Poppea y le había apartado al extremo del Imperio, por lo que buscaba venganza. En mayo del 68, un intento de rebelión de Vindex en la Galia fue reprimido por la legiones fieles de Germania.

Galba crea la Legio VII

Inicialmente poco activo, Galba pasó a la sublevación y, temeroso de la flota de Nerón, buscó protección alejado de la costa de Tarragona. Se desplaza a Clunia (ciudad ibero-romana en el sur de Burgos y cabeza de provincia), no demasiado lejos para hacer el viaje a Roma, a la toma del poder. Sus fieles están reclutando una nueva legión, la VII hispana o Galbiana, compuesta por alas de la Legio VI de León y soldados astures, cántabros, vascones, arévacos, etc.

Nerón recela de Galba por sus raíces con las principales familias de Roma y por su potencial económico. Años atrás, había recibido de Livia, mujer de Augusto, una herencia de 50 millones de sextercios (equivalente a 3,5 toneladas de oro). Pero el emperador Tiberio le había aplicado un ilegal impuesto de sucesiones y le incautó un 90% con la excusa de que la cifra del testamento estaba en números y no en letras, y que, pudiendo haber error en un dígito, el grueso le pertenecía al Estado. Percibiendo el levantamiento, Nerón le declara enemigo del pueblo y expropia todas las propiedades de Galba en Italia, y éste, envalentonado, hace lo mismo con las de Nerón en Hispania.

aclamado Emperador

En junio del 68 recibe de sus amigos en Roma la noticia de que el Senado ha depuesto a Nerón, que éste se ha suicidado y que se le nombra emperador. Decide moverse con prudencia aceptando ser solo César hasta ver cómo reaccionan otros gobernadores y si recibe la adhesión de las legiones. El acto de arenga a los soldados se aprecia en una imagen de medalla recreada por Cavino, del siglo XVI, que muestra a Galba en un estrado dirigiéndose a los soldados de la Legio VII. Con el suicidio de Nerón, Galba ya tiene libre el camino hacia Roma; aun así, marcha receloso porque no todas las ciudades ni las legiones están de su lado.

baja los impuestos

Como gesto populista, Galba reduce el impuesto de transacciones de mercancías, que había subido Nerón al 2,5%, y lo baja al 2%, que era su valor tradicional. Esta tasa, que recuerda a los fielatos de antaño, aunque parezca una mínima reducción, tenía su importancia (una especie de IVA, cuya retención, muchas veces, se le sisaba al Estado). Esta rebaja se refleja muy bien en la moneda acuñada Quadragens remissae; es decir, «bajada del cuadragésimo». Para escenificar de paso su poder político, representa la detención de los tres procuradores que siguieron fieles a Nerón.

En Tarragona, en el verano del 68, se acuña moneda del nuevo emperador, denarios y aureos con la imagen de Hispania: una diosa con dos lanzas, escudo y ramo de espigas, visión unitaria e histórica de un solo territorio que hace reflexionar hoy en día frente a las veleidades separatistas de algunos. Y aunque Galba tenía fama de rico y avaro, la realidad es que para la acuñación acelerada de moneda había poco oro y plata disponible, e hizo emplear hasta su propia vajilla para convertirla en moneda.

Con muchas pausas, Galba llega con la Legio VII a Roma el 15 de octubre. El hecho se celebra con diversos actos y con un extraordinario sextercio de noviembre del 68 que muestra los símbolos de las águilas de la legión, incluyendo las tradicionales proas de galeras. A pesar de su deseo de cambio político, austeridad y regeneración (por ejemplo, reclama que se devuelva al Estado los excesivos regalos de Nerón a sus amigos), comete muchos errores tácticos. Niega pagos del donativo a la guardia imperial como era costumbre por nombramiento de emperadores y realiza una serie de nombramientos de inexpertos que desagradan en diversos ámbitos. Como resultado de la desafección, muere y gobernadores de otras provincias y sus legiones se amotinan de nuevo.

La nueva Legio VII, ya en Roma, no sabía las fatales sorpresas que el futuro les deparaba. Tres meses después, el 15 de enero del año 69, Galba cae asesinado y Otón, su compañero de viaje, toma el poder; pero Vitelio, gobernador de Germania con las legiones de élite, le depone en otros tres meses.

la batalla final

Vitelio, como emperador, continua con el derroche y la política de terror, y de nuevo las legiones seguidoras de Vespasiano, comandante del ejército en Judea, le derrotan en la famosa batalla de Cremona, cerca de Milán. Meses después, Vespasiano se convierte en cuarto emperador en un año. Y se enfrentan como enemigos, en guerra civil, las mejores legiones del imperio: la Legio VII ocupó una posición central de batalla. En lucha nocturna fratricida, Marco Antonio Primo, su comandante, pasó a la historia. Cuenta Tácito la tragedia de un joven soldado hispano de la VII, reclutado por Galba, que se lamenta por haber dado muerte a su propio padre en bando contrario, Julio Mansueto, de la legión XXI (Cremona y León, de tamaños similares, merecen acercarse, como los acercó la historia). Los restos de la legión VII que llegaron en octubre del 68 y fueron enviados al Rin volvieron a Roma en el 69 y ganaron la batalla crucial; pero tardaron aún cuatro años más en volver a casa. Es cuando Vespasiano les une a otros restos de ejército y en el 74 forma la Legio VII Gemina y la sitúa definitivamente en León. Este viaje de seis años, con más de la mitad de los efectivos perdidos, el nombre de Hispania visible en el Imperio y con fenómenos económicos que nos son muy familiares hoy en día tuvo gran trascendencia. Del mismo se derivó estabilidad en el Imperio, y el emplazamiento de la ciudad de León.

Aunque Galba, en aquella ocasión, salió de Clunia, no cabe duda de que estuvo otras veces en León, en el campamento de la Legio VI, y probablemente en Astorga; condecorado por su meticulosidad y disciplina militar, seguro que estaba al tanto de los mínimos detalles de su día a día.

Aunque muy sintetizada, he aquí la historia de este ‘largo viaje a Roma’ de la legión que diera origen, con el tiempo, a la capital leonesa.

 

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